Acción y reacción

Te asombrará saber cómo se comporta tu cuerpo ante un peligro inminente

En esta nota te ayudamos a comprender cómo nos defendemos ante el miedo a cualquier amenaza, ya sea real o imaginaria, y qué consecuencias trae si se vuelve crónica.

Por Ciudadano.News

¿Somos parte de una sociedad con miedo? Según Francisco Sotres, investigador del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de México, este estado anímico es una espada de doble filo.

Sotres estudia los mecanismos cerebrales involucrados en esa emoción que nos alerta ante una amenaza, sea real o imaginaria, y en ese sentido explica que "es una respuesta de supervivencia". 

El cuerpo humano tiene una respuesta automática y compleja ante situaciones de peligro, diseñada para protegerse y preservar la vida. Esta respuesta se conoce como "respuesta de lucha o huida" (fight or flight), y el miedo ayuda a responder contra algo o alguien (un depredador) que puede ser peligroso.

Sin embargo, aunque esta respuesta de lucha o huida es esencial para la supervivencia humana, una activación crónica puede generar estrés, ansiedad y problemas de salud.

La repetición de situaciones de peligro podría llegar a configurar una situación muy complicada. (Fuente: web)

Al respecto, Sotres explica que cuando es una alarma que suena todo el tiempo y sin que haya peligro, o nos lleva mucho tiempo recuperarnos de un evento traumático, se empiezan a generar desórdenes psiquiátricos.

El organismo se defiende

En esta nota te explicamos cómo responde el cuerpo ante el peligro y en consecuencia estar alerta a las consecuencias físicas y psíquicas.

Primero debemos saber que hay una respuesta fisiológica, a través de la cual el sistema nervioso simpático se activa, liberando neurotransmisores como adrenalina (epinefrina) y noradrenalina. Estos químicos preparan el cuerpo para la acción.

También se registra un aumento del ritmo cardíaco para suministrar sangre y oxígeno a los músculos y la presión arterial aumenta para asegurar el flujo sanguíneo hacia los músculos y el cerebro.

Por otra parte, la respiración se incrementa para proporcionar más oxígeno y se libera glucosa almacenada en la sangre (glucógeno) para proporcionar rápidamente energía.

Además, hay cambios físicos, ya que los músculos se preparan para la acción, aumentando la tensión, las pupilas se dilatan para mejorar la visión en entornos de poca luz y aumentan la percepción de peligro, la sudoración ayuda a regular la temperatura corporal durante el esfuerzo físico y la digestión se ralentiza para priorizar la energía hacia los músculos y el cerebro.

En las respuestas hay una denominada conductual, cuando se mejora la concentración y la percepción del entorno, por el miedo o ansiedad se activan mecanismos de defensa, como el instinto de huir, y en algunos casos, también puede aumentar como mecanismo de defensa.

Después del peligro

Una vez pasado el peligro, el cuerpo necesita recuperarse, y en esa instancia el sistema nervioso parasimpático ayuda a reducir el ritmo cardíaco y la presión arterial, disminuir la respiración y reanudar la digestión normal.

Aunque Sotres reconoce que todavía se está lejos de que los resultados de ciencia básica que analiza el miedo sean aplicados en clínica, la meta de los estudios es determinar cómo estos circuitos cerebrales pueden ser más propensos a activarse para sobreponerse al temor y no para generar "más miedo".