Antiguo pero eficaz

Ni de mercurio ni digitales: ¿cómo se usaba antes el vino para medir la fiebre corporal?

Aunque nos parezca una fábula, en épocas remotas se usaba el vino para detectar la fiebre corporal. Cuáles eran los fundamentos y como lo utilizaban los médicos.

Por Ciudadano.News

Los termómetros modernos aportan precisión. (Foto: archivo web)

Hoy no se tiene mucho problema para tomar la temperatura de los cuerpos, pero para llegar a este punto desde la antigüedad hubo varios intentos. Por ejemplo, aunque nos parezca curioso, en la antigüedad se usaba el vino, nuestra bebida nacional, para, de manera primitiva, medir la temperatura corporal.

Ya muchos siglos antes de la invención de los termómetros modernos, se utilizaban métodos innovadores y a veces sorprendentes para medirla. Pero sólo con el desarrollo de los primeros termómetros en los siglos XVI y XVII empezó una nueva era de la ciencia y la tecnología.

Uno de los termómetros precursores de los ultramodernos. (Foto: archivo web)

Los médicos de épocas remotas observaban los síntomas del paciente -como la sudoración, el rubor facial y la frecuencia cardíaca- para determinar si tenía fiebre, y también utilizaban la medición del pulso, porque un pulso rápido se consideraba un indicio de fiebre.

Cómo usaban el vino para medir la fiebre

Como vemos, la humanidad ha buscado formas innovadoras de abordar problemas de salud a lo largo de la historia. 

Pero uno de estos sistemas más raros era el uso del vino, y los científicos respaldaban este enfoque con argumentos que en la actualidad no tendrían sustento, pero en esos tiempos eran irrebatibles.

El principio se basa en la relación entre la temperatura y la velocidad de evaporación de un líquido. A medida que aumenta la temperatura, la velocidad de evaporación también aumenta.

De esta manera los médicos y curanderos de la época observaban cómo esta bebida se comportaba cuando se aplicaba a la piel de un paciente febril.

Método de uso

El método implicaba aplicar una pequeña cantidad de vino a la piel del paciente, generalmente en la frente o el brazo, y luego, se observaba la velocidad a la que se evaporaba el vino. 

Si lo hacía rápidamente, se consideraba que el paciente tenía fiebre alta, y si era lentamente, decían que la fiebre era baja o inexistente.

Aunque el uso del vino para medir la fiebre tenía algunas limitaciones, como la falta de precisión y la subjetividad en la observación, también tenía ventajas.

Era un método accesible y económico, especialmente en épocas en las que los termómetros eran inexistentes.

Un poco más acá en el tiempo, en el siglo XVII, se inventaron los termoscopios, que eran dispositivos que medían la temperatura utilizando la expansión y contracción de líquidos o gases.

Aunque algunos de estos métodos pueden parecer rudimentarios en comparación con los termómetros modernos, sentaron las bases para el desarrollo de métodos más precisos y sofisticados y siguen siendo un testimonio de la creatividad y la observación cuidadosa de nuestros antepasados.

Métodos más precisos para medir la fiebre

El primero del que se sabe que intentó construir algo que midiera la temperatura fue Galileo Galilei, quien calentaba un bulbo con un tubo con la temperatura del cuerpo y al colocar un extremo de este en agua, esta ascendía por el tubo según la variación de la temperatura.

Imagen: web

Pero su método era muy poco preciso, por lo que en 1612 le siguió Santorio Santorio, el primero que integró una escala de medición en tubo de vidrio sellado,con el cual ya se podía medir la temperatura del cuerpo, aunque todavía faltaba precisión.

Sin embargo, estaba claro que el camino era por los líquidos y la expansión y retracción de los materiales según la temperatura.

Con esa idea en su mente, el Gran Duque de Toscana lo intentó con alcohol en 1641, con un modelo que sentó las bases de los que en la actualidad se usan.

Después, la lista de inventores de termómetros más precisos fue creciendo. Entre ellos, Daniel Gabriel Fahrenheit, quien pudo establecer por fin una escala para medir el frío y el calor, y Thomas Allbutt, que en 1867 hizo el modelo de termómetro más portátil y rápido

Finalmente, en tiempos de guerra Theodore Hannes logró avances para el termómetro de oído y en 1984 llegó el de oído infrarrojo gracias a David Philips.

Desde los sistemas usados en tiempos remotos hasta los termómetros de resistencia de platino (SPRT) estándar de alta precisión de nuestro tiempo, ha pasado mucha agua bajo el puente.

Pero sin esos aportes hoy en día sería impensable una medición fiable de la temperatura.