¿De dónde viene el maní? Cómo se cultiva el snack que conquista tu mesa
Te contamos cómo se cultiva este alimento clave para Argentina, desde la siembra en primavera hasta la cosecha otoñal.
Por Ciudadano.News
12 Julio de 2025 - 15:41
12 Julio de 2025 - 15:41
12 Julio de 2025 / Ciudadano News / Sociedad
No crece en árboles ni enredaderas. Tampoco lo cosechan de ramas altas ni se recoge al vuelo. El maní, también conocido como cacahuate, nace bajo tierra, en una danza silenciosa que comienza cada primavera y culmina en los meses templados del otoño. Aunque muchos lo conocen como un snack clásico, pocos saben de su origen agrícola, su delicado proceso de cultivo y su profunda conexión con la tierra cordobesa, capital nacional de este fruto.
El maní pertenece a la familia de las leguminosas, pero se comporta de manera singular, florece sobre la superficie y sus frutos se desarrollan bajo tierra. Este fenómeno requiere suelos arenosos o franco-arenosos, bien drenados, ricos en calcio y con un pH entre 5 y 6.5.
La siembra se realiza entre octubre y noviembre, cuando la temperatura del suelo supera los 18°C. Las semillas se colocan a entre 5 y 10 centímetros de profundidad, con espaciamiento que favorezca el crecimiento de la planta y el desarrollo subterráneo de sus vainas.
Durante los siguientes meses, el maní necesita cuidados específicos, riego moderado, control de malezas, aporte de nutrientes orgánicos y una práctica clave llamada aporque, que consiste en amontonar tierra alrededor del tallo cuando los "clavos" comienzan a buscar el subsuelo para formar las vainas.

Luego de 120 a 150 días de desarrollo, libres de heladas, la planta comienza a amarillear, señal de que llegó el momento de la cosecha. El proceso se realiza con sumo cuidado: se extrae la planta entera, se sacude la tierra, y se deja secar al sol durante algunos días. Posteriormente, las vainas se desgranan para obtener el fruto.
Antes de su almacenamiento, el maní debe alcanzar un grado de humedad inferior al 18%, ya que el exceso de agua favorece la aparición de hongos. La etapa de secado puede hacerse al sol o mediante secadores industriales, según la escala de producción.
Argentina se ubica entre los principales exportadores de maní a nivel mundial, y el epicentro de esta producción está en Córdoba. Allí se cultiva más del 90% del maní del país, lo que convierte a la provincia en la verdadera capital nacional de este fruto que nace bajo tierra.

El maní puede disfrutarse de múltiples maneras: crudo, tostado, hervido, frito, molido o convertido en pasta. Incluso su piel, fina y de aspecto similar al papel, aporta beneficios nutricionales gracias a su alto contenido de antioxidantes y fitoquímicos.
Además de su consumo directo, el maní tiene múltiples usos. Se emplea en la alimentación humana y animal, en la industria farmacéutica y en la agricultura. Su semilla es rica en antioxidantes, proteínas, grasas saludables, carbohidratos, fibras, vitaminas y minerales, lo que lo convierte en un alimento clave para la nutrición, especialmente en países en desarrollo.