La Licenciada en Nutrición Sol Mac Mullen, especialista en alimentación consciente, conversó con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por Facebook, YouTube y FM 91.7 de Ciudadano.News) y ofreció una perspectiva detallada sobre la distinción entre el hambre emocional y el hambre fisiológico. Mac Mullen explicó cómo el tipo de alimento que deseamos consumir puede revelar si estamos respondiendo a una necesidad fisiológica o emocional.
Hambre fisiológico vs. hambre emocional
Según Mac Mullen, el hambre fisiológico responde a las verdaderas necesidades nutricionales del cuerpo. "Cuando tenemos hambre de alimentos que tengan una buena calidad nutricional, es porque necesitamos esa proteína y grasa que nos brinda saciedad duradera", indicó. En cambio, el deseo de alimentos ultraprocesados, azucarados o ricos en carbohidratos refinados, como medialunas o golosinas, suele asociarse con el hambre emocional, que no busca satisfacer una necesidad biológica, sino una respuesta emocional.
La experta también señaló la influencia de la dopamina, un neurotransmisor clave en el sistema de recompensas del cerebro. "Los alimentos con alto contenido de azúcar y harinas refinadas son los que más estimulan la liberación de dopamina", afirmó. "Esto activa rápidamente el circuito de recompensa, lo que genera una sensación inmediata de placer, pero sin saciedad duradera".
Una de las inquietudes más comunes que Mac Mullen recibe en consulta es, cómo distinguir entre estos dos tipos de hambre. "Para reconocer el hambre real, es importante dar lugar a que el estómago se vacíe y a que surja esa necesidad de alimentos", sugirió. Además, enfatizó que la práctica de "picotear" constantemente interfiere en este proceso, ya que no permite que el cuerpo experimente el hambre genuino. "Si comemos cada dos horas, como se recomendaba antes, nos desconectamos de la sensación de hambre real", advirtió.
Alternativas para el sistema de recompensas
Mac Mullen propone otras formas de satisfacer el sistema de recompensas sin recurrir a la comida, como la meditación, el mindfulness, escuchar música o realizar actividades placenteras. Aunque reconoce que comer algo sabroso es una forma rápida y fácil de obtener placer, alienta a trabajar en otras vías para que el cerebro se acostumbre a estas opciones saludables.
Tomar conciencia y adoptar nuevos hábitos
Por último, la especialista aconseja ordenar las comidas diarias y tomarse el tiempo para comer con conciencia. "Si hacemos cuatro comidas bien balanceadas al día, con una buena calidad nutricional, es más probable que evitemos esos deseos de picotear", concluyó. "Al prestar atención a nuestras conductas y ordenar nuestras comidas, podemos empezar a tomar decisiones más conscientes y satisfactorias a nivel nutricional y emocional".
Repasá la entrevista completa:

