Opinión

Juan José Romero, el arquitecto del progreso económico argentino

Se trata de unos de los hombres clave que acompañó al presidente Julio Argentino Roca. Con un perfil bajo, pero a fuerza de mucho trabajo e inteligencia, construyó las bases del desarrollo argentino a finales del siglo XIX.

Por Carlos Campana

Juan José Romero fue ministro de Julio Argentino Roca. — Canva - Web - Ciudadano.News

El sábado 19 de octubre se cumplió el 110° aniversario del fallecimiento del expresidente Julio Argentino Roca. A pesar de las controversias de algunos historiadores que lo juzgan injustamente como genocida y oligarca, Roca es considerado uno de los mandatarios más importantes de la historia constitucional argentina, habiendo tenido dos períodos de gobierno. Sin embargo, podemos afirmar que el primero fue el más destacado por su organización política y económica. En este contexto, nos referiremos a uno de los ministros más sobresalientes de su gestión, un hombre que la historia ha dejado en el total anonimato. Ese hombre, que dio el puntapié inicial a una Argentina próspera y progresista, se llamaba Juan José Romero.

El hombre que puso de pie a la economía

En la Argentina de finales del siglo XIX, un período crucial de consolidación política y económica, nombres como Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini ocupan un lugar destacado en los libros de historia. Sin embargo, tras bambalinas, otro hombre jugó un papel decisivo en la modernización del país: Juan José Romero, un abogado y político que, desde el ministerio de Hacienda, ayudó a definir el destino económico de la nación.

Romero, nacido en Buenos Aires en 1842, no fue una figura de discursos grandilocuentes ni de gestos dramáticos, pero su obra se desplegó con la solidez y paciencia de quien entiende que el progreso no es cuestión de un solo acto, sino de una serie de movimientos estratégicos. Ocupó importantes cargos a lo largo de su vida: fue consejero de la Municipalidad de Buenos Aires, vocal de la Comisión Clasificadora del Archivo General, director del Banco Hipotecario y del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Además, se desempeñó como convencional constituyente, diputado y senador provincial.

Juan José Romero.

Pero sin lugar a dudas, su mayor contribución se dio durante el primer gobierno de Julio Argentino Roca (1880-1886), cuando asumió el cargo de ministro de Hacienda, hoy conocido como Ministerio de Economía. Era una Argentina que comenzaba a emerger de sus conflictos internos y buscaba definirse como una potencia agroexportadora. En este contexto, la figura de Romero fue clave para sentar las bases de una economía sólida, respaldada por inversiones extranjeras y una política de modernización que aún resuena en la actualidad.

El desafío de una nación en construcción

Al asumir el ministerio de Hacienda en 1880, Juan José Romero se encontró frente a un país que apenas había logrado unificar su territorio tras la derrota de Buenos Aires en la batalla de Cepeda, y la reciente federalización de la ciudad como capital de la República. Era un momento delicado: la consolidación política debía ir acompañada de una estrategia económica que permitiese a Argentina encontrar su lugar en el mundo.

En ese contexto, Romero y el gobierno de Roca apostaron por la modernización a través de dos grandes líneas de acción: la atracción de inversiones extranjeras, especialmente británicas, y el desarrollo de la infraestructura necesaria para que la riqueza del interior pudiera llegar a los puertos. En este sentido, los ferrocarriles fueron la herramienta fundamental para conectar las vastas llanuras productivas con los centros de consumo y exportación, impulsando un ciclo virtuoso de producción agrícola que terminaría posicionando al país como uno de los principales proveedores de granos y carnes del mundo.

Ministerio de Hacienda.

Romero impulsó esta expansión ferroviaria con una visión de futuro que muchos de sus contemporáneos no lograban ver con claridad. Entendió que, sin una infraestructura adecuada, el país no podría aprovechar todo su potencial. No se trataba solo de trazar rutas sobre el mapa, sino de garantizar que los caminos hacia la prosperidad estuvieran abiertos para todos, desde las provincias ganaderas hasta los pequeños productores agrícolas.

La consolidación de la deuda externa y el modelo agroexportador

Otro de los grandes desafíos que el ministro de Hacienda debió enfrentar fue el de la deuda externa, un tema que ha marcado la historia económica de Argentina desde sus primeros días desde los primeros años de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En un momento en que el país buscaba atraer inversiones para financiar su expansión económica, era esencial demostrar a los acreedores internacionales que era un destino seguro para sus capitales.

Bajo su gestión, se renegociaron acuerdos financieros clave, especialmente con acreedores europeos, logrando una mayor estabilidad y confianza. Los inversionistas británicos, quienes veían en los argentinos un mercado emergente lleno de promesas, encontraron en la gestión de Romero un aliado para sus intereses. Las inversiones en infraestructura no solo potenciaron la economía interna, sino que también sentaron las bases de un modelo agroexportador que haría de este país una de las economías más prometedoras del hemisferio sur.

Campo argentino en el siglo XIX.

Sin embargo, la apuesta por este modelo no estuvo exenta de riesgos. La dependencia de los mercados extranjeros para financiar el crecimiento exponía al país a la volatilidad global. Pero Romero, con su estilo pragmático y meticuloso, logró navegar estas aguas con habilidad. Su capacidad para equilibrar las demandas internas con las expectativas de los acreedores internacionales fue una de las claves de su éxito.

La estabilización monetaria, un sueño no alcanzado

Entre los muchos logros de Juan José Romero, uno de los más ambiciosos -y quizás uno de los que más frustración le generó- fue su intento de estabilizar la moneda argentina. En esa época, el valor de la moneda fluctuaba de manera alarmante, lo que afectaba tanto al comercio interno como a la inversión extranjera. Romero entendió que, sin una moneda estable, todos los esfuerzos de modernización económica podrían quedar en la nada.

Su plan, aunque bien concebido, se encontró con múltiples obstáculos. Las presiones internas y las fluctuaciones de los mercados internacionales hicieron que su sueño de una moneda fuerte y estable no se concretó del todo durante su gestión, pero se consolidó en una sola moneda creando durante su función la Moneda Nacional que duró hasta 1970 cuando se pasó al peso Ley 18.888. Además, eliminó las distintas cuasi monedas que rondaban por todo el territorio. Con estos cambios, sentó las bases para que futuras reformas económicas avanzaran en este terreno, demostrando una vez más su capacidad para ver más allá de los problemas inmediatos y pensar en el largo plazo.

Estación de Retiro a finales del siglo XIX.

La intervención en Buenos Aires y su legado político

Además de su gestión económica, Romero también desempeñó un papel crucial en la vida política de la provincia de Buenos Aires. Tras la renuncia del gobernador Carlos Tejedor en 1880, fue nombrado Interventor Federal de la provincia, un cargo que ocupó hasta mayo de 1881, cuando asumió el nuevo gobernador, Dardo Rocha. Durante su breve, pero significativa intervención, Romero mostró su capacidad para gestionar no solo la economía, sino también los delicados equilibrios políticos de la época.

A lo largo de su vida, Romero ocuparía nuevamente el ministerio de Hacienda, tanto durante la presidencia de Luis Sáenz Peña (1892-1895) como en la de José Evaristo Uriburu (1895-1898), consolidándose como una figura de referencia en la política económica de la Argentina.

Silencioso pero perdurable

Juan José Romero falleció en 1915, dejando tras de sí una obra que, si bien no siempre ha sido reconocida en su justa medida, fue fundamental para el desarrollo del país. Su capacidad para gestionar la economía en un momento crítico de la historia argentina, su apuesta por la modernización y su habilidad para negociar en el siempre difícil terreno de las finanzas internacionales lo convierten en una figura clave de la historia económica del país.

Hoy, su nombre puede no ser tan conocido como el de otros contemporáneos suyos, pero su legado perdura en cada tramo de vía férrea que cruza la Pampa, en cada campo agrícola que exporta al mundo, y en cada inversión extranjera que sigue viendo en Argentina una tierra de oportunidades. Romero fue, en muchos sentidos, el arquitecto sigiloso del progreso argentino, y su obra, aunque discreta, ha sido vital para construir el país que por muchos años fue uno de los cinco más importantes del mundo y fue tierra de muchos europeos que vieron con la idea de trabajar y progresar en una tierra próspera y fértil. 

Su vida y su trabajo nos recuerdan que, detrás de cada gran hito histórico, hay figuras menos visibles, pero igual de esenciales. Romero fue una de esas figuras, un hombre que, desde su lugar en el ministerio de Hacienda, ayudó a forjar el futuro de una nación que aún hoy sigue enfrentando desafíos, pero que cuenta con las bases que él ayudó a construir.