Historia

El 12 de octubre: el simbolismo perdido de la transición presidencial en Argentina

El 12 de octubre, entre 1862 hasta 1973, fue la fecha habitual para la asunción del mando presidencial en Argentina, aunque hubo notables excepciones.

Carlos Campana

Por Carlos Campana

14 Octubre de 2024 - 08:10

Juan Perón cuando asumió su tercera presidencia, en 1973. Fue el último mandatario en asumir un 12 de octubre.
Juan Perón cuando asumió su tercera presidencia, en 1973. Fue el último mandatario en asumir un 12 de octubre. Web

14 Octubre de 2024 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista

Desde 1862 hasta 1973, el 12 de octubre fue la fecha habitual para la asunción del mando presidencial en Argentina. Sin embargo, hubo excepciones en los años 1932, 1938, 1946 y 1952. En los dos últimos casos, las ceremonias de toma de posesión se realizaron el 4 de junio, en conmemoración del golpe militar que derrocó al presidente Ramón S. Castillo, quien había asumido tras la renuncia de Roberto Ortiz por razones de salud. Ortiz había asumido el cargo el 20 de febrero de 1938. Anteriormente, en 1932, el general Agustín P. Justo también rompió con la tradición, eligiendo el 20 de febrero para su asunción. El último presidente que asumió en esa fecha fue Juan D. Perón en 1973. Con el regreso de la democracia, diez años después, el gobierno electo de Raúl Alfonsín inició el 10 de diciembre como fecha para el traspaso presidencial.

La historia detrás del 12 de octubre como fecha de asunción presidencial en Argentina está íntimamente ligada a la consolidación de la estructura institucional del país y a los ideales de civilización y progreso que guiaron a los primeros gobiernos nacionales. No es casual que esa fecha, cargada de simbolismo, haya sido elegida como el día en que el poder cambiaba de manos.

Un símbolo de progreso y modernidad 

El 12 de octubre, que rememora la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, se percibía como un hito del encuentro de civilizaciones, de la apertura de nuevas fronteras para el mundo occidental. Es posible que, para las élites políticas e intelectuales argentinas de la segunda mitad del siglo XIX, esa fecha representaba algo más que un acontecimiento histórico: era un reflejo de la promesa de un futuro próspero para un país que aspiraba a ser parte del orden internacional moderno.

Al situar el traspaso del mando presidencial en esa fecha, los líderes de la joven nación argentina buscaban subrayar el rumbo que habían delineado desde 1862. La llegada de inmigrantes europeos, las inversiones extranjeras y la expansión del sistema educativo y de transportes estaban concebidas como pasos esenciales para conformar un país sólido y progresista.

Como Mitre, Sarmiento, Avellaneda, fue Julio Argentino Roca, quien asumió el 12 de octubre de 1880, fue uno de los máximos exponentes de esa visión: su presidencia marcaría el inicio de la política que buscaba integrar más territorios bajo el control del Estado nacional y asegurar las bases económicas y sociales de la nación.

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Julio Argentino Roca.

Esta fecha también subrayaba el compromiso con la continuidad institucional. Tras años de guerras civiles y de inestabilidad política, los líderes nacionales entendieron que una transición pacífica y ordenada del poder era fundamental para afianzar la democracia y el respeto por las instituciones republicanas. Elegir una fecha fija y cargada de significado cultural, como el 12 de octubre, también ofrecía a los ciudadanos una referencia clara de la regularidad del ciclo político, infundiendo confianza en el sistema.

Así, mientras Argentina se iba transformando en una nación agroexportadora pujante y su clase dirigente consolidaba su influencia, el 12 de octubre representaba más que un simple cambio de autoridades. Era un recordatorio anual de que el país seguía el camino trazado por aquellos que buscaban integrar a la Argentina en el escenario mundial, impulsando un proyecto político y económico de envergadura. La fecha se erigía como un símbolo de estabilidad, continuidad y alineación con un modelo de desarrollo que, en muchos sentidos, todavía se debatía entre la tradición colonial y las nuevas ideas de modernidad.

De este modo, la elección del 12 de octubre como el día de la transmisión del mando presidencial no solo respondía a cuestiones de calendario, sino que reflejaba un mensaje más profundo sobre la identidad nacional que los primeros gobiernos buscaban construir: una nación unida, moderna y con vocación internacional, lista para proyectarse hacia el futuro en el marco de un orden institucional sólido.

El triunfo de Mitre y Paz: La construcción de un Estado centralizado

En 1862, con la asunción de Bartolomé Mitre como presidente, comenzó una etapa clave para la centralización del poder en Argentina. Uno de los primeros desafíos fue la cuestión de la residencia del gobierno nacional, ya que aún no se había establecido una capital definitiva. A través de la Ley de Compromiso, se permitió que las autoridades nacionales residieran temporalmente en Buenos Aires, lo que dio al gobierno tiempo para consolidar su poder mientras se resolvía este asunto.

Mitre buscó fortalecer el control del Estado central sobre las provincias, un proceso que implicó la centralización de funciones clave como la recaudación de impuestos, la emisión de moneda y la organización del sistema educativo. Para ello, encargó a Dalmacio Vélez Sarsfield la redacción del Código Civil, uno de los pilares del sistema legal argentino, y adaptó el Código de Comercio para aplicarlo a nivel nacional. Estas reformas legales fueron fundamentales para unificar el marco jurídico y fomentar el desarrollo económico en todo el país.

Uno de los mecanismos más utilizados por Mitre para mantener el control fue la intervención federal, una herramienta constitucional que permitía al gobierno central reemplazar gobernadores provinciales cuando se consideraba necesario para garantizar la forma republicana. Estas intervenciones fueron clave para imponer la autoridad nacional en momentos de tensión con las provincias.

Además, Mitre organizó la Corte Suprema de Justicia y tribunales inferiores, consolidando una estructura judicial que respaldara la centralización del poder. En el ámbito educativo, promovió la creación de 14 colegios nacionales en cada provincia, con el objetivo de unificar la educación y formar a las futuras generaciones bajo un mismo marco ideológico.

A nivel económico, Mitre también se propuso solucionar el caos fiscal y la anarquía monetaria, estableciendo un control central sobre estos aspectos, lo que permitió sentar las bases para un Estado más cohesionado y eficiente.

Progreso y modernización en la presidencia de Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento asumió la presidencia el 12 de octubre de 1868, tras ser electo en agosto. Defensor de la educación como motor de progreso, tuvo como opositor a Bartolomé Mitre. Sarmiento buscó desarrollar la minería. Aunque promovió una política de libre importación que perjudicó a las provincias del interior, también impulsó proyectos ferroviarios como el trasandino y la línea Córdoba-Tucumán para integrar áreas desatendidas por las empresas del Reino Unido.

Su gobierno fue notable en diversas áreas, destacándose la fundación del Observatorio Astronómico de Córdoba y la Facultad de Ciencias Exactas, así como la extensión de líneas telegráficas y de ferrocarril que unificaron al país. Instaló oficinas meteorológicas, apoyó la industria vitivinícola y de carnes congeladas, y fomentó la construcción de escuelas y bibliotecas en el interior, creando las primeras escuelas normales en Corrientes, Concepción del Uruguay y Paraná. También fundó el Colegio Militar en 1869 y la Escuela Naval en 1872.

Domingo Faustino Sarmiento.
Domingo Faustino Sarmiento.

Durante su gestión, se promovió la explotación de los ríos Negro, Neuquén y Limay, se realizó el primer censo nacional en 1869 y se establecieron cátedras de Mineralogía en los Colegios Nacionales de Catamarca y San Juan. Sarmiento impulsó la inmigración en la región del Litoral, y para prevenir epidemias, creó un nuevo cementerio en la Chacarita. Además, aprobó el Código Civil elaborado por su ministro Dalmacio Vélez Sarsfield, sentando las bases del derecho argentino. Sus iniciativas dejaron una huella perdurable en la educación, infraestructura y modernización del país.

La presidencia de Nicolás Avellaneda: centralización y expansión territorial

Al concluir la presidencia de Domingo F. Sarmiento, Nicolás Avellaneda asumió el cargo el 14 de abril de 1874, tras una elección rodeada de acusaciones de fraude y la rebelión de Bartolomé Mitre. Con el objetivo de fortalecer la organización nacional, Avellaneda impulsó una fuerte centralización política y económica, siendo la integración territorial su mayor desafío. Se propuso ocupar la Patagonia, un territorio clave para la explotación agraria y la colonización mediante la inmigración.

Inicialmente, apoyó la construcción de una zanja propuesta por Adolfo Alsina para frenar los ataques indígenas, pero al fallecer Alsina en 1877, Avellaneda se alineó con la "Conquista del Desierto," liderada por el General Julio A. Roca. Entre 1878 y 1879, se realizaron 26 operaciones militares que resultaron en la ocupación de 20,000 leguas de tierras indígenas.

Nicolás Avellaneda.
Nicolás Avellaneda.

Además, Avellaneda promovió la inmigración europea mediante la Ley Avellaneda de 1876, que facilitó el asentamiento de nuevos pobladores. El 20 de septiembre de 1880, se sancionó la Ley de Capitalización de Buenos Aires, transformando la ciudad en la Capital de la Nación y separando la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, su presidencia también enfrentó serios problemas económicos debido a la crisis mundial de 1873, lo que llevó a despidos y restricciones en las importaciones. Así, la presidencia de Avellaneda se consolidó como un período decisivo en la historia argentina, caracterizado por la centralización del poder y la expansión territorial.

El último 12 de octubre: Perón entre la esperanza y el caos

La última asunción presidencial que se realizó un 12 de octubre en Argentina fue durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, tras su regreso del exilio. Este momento decisivo en la historia reciente del país marcó el retorno de Perón al poder después de 18 años de ausencia, en un escenario político profundamente dividido. Su victoria electoral del 25 de septiembre de 1973 intentó reconciliar diversas facciones del peronismo, desde sectores juveniles y revolucionarios, como los Montoneros, hasta sindicatos tradicionales y conservadores. Sin embargo, estas diferencias ideológicas pronto se volvieron irreconciliables.

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Juan Perón.

El país atravesaba una creciente ola de violencia política, con atentados, enfrentamientos armados y tensiones que se extendían por todo el territorio. A la par, la crisis económica, con alta inflación y una creciente conflictividad social, complicaba la gestión. Perón, envejecido y debilitado, intentó con su carisma y autoridad calmar las aguas, pero no logró contener las disputas internas.

La situación se agravó con su muerte el 1 de julio de 1974, dejando al país en manos de su esposa y vicepresidenta, Isabel Perón. Su gobierno enfrentaría enormes desafíos, en medio de un contexto inestable, que terminaría por desembocar en el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

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