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Olegario V. Andrade, defensor de la pluma y la libertad

No solo se destacó por su prosa y poesía, sino también por su profundo compromiso con las causas políticas que marcaron su época.

Carlos Campana

Por Carlos Campana

3 Octubre de 2024 - 11:05

Imagen: archivo web
Imagen: archivo web

3 Octubre de 2024 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista

El 6 de marzo de 1839, en tierras disputadas por la historia, nacía Olegario Víctor Andrade, una figura que años más tarde se destacaría no solo por su talento literario, sino también por su pasión política y su comprometida defensa del federalismo. 

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La vida y obra del político y poeta fue relevante. (Imagen: web)

Aunque las circunstancias de su nacimiento han generado controversias -pues algunos ubican su origen en Alegrete, Río Grande del Sur, Brasil- lo que no admite discusión es la relevancia de su vida y obra para la Argentina del siglo XIX.

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Alegrete, lugar en donde habría nacido Olegario V. Andrade en 1839. (Foto: archivo web)

Hijo de Mariano de Andrade, santafecino y juez de paz, y de Marta Burgos, una entrerriana, Olegario llegó al mundo en el seno de una familia en el exilio, como muchas otras que no pensaban igual que el gobierno que en ese momento regía los destinos de la incipiente y convulsionada nación argentina. 

Su familia debió abandonar la Argentina debido a conflictos políticos, instalándose en Brasil. Sin embargo, poco después de su nacimiento, regresaron a Gualeguay, donde Olegario Víctor vivió una infancia marcada por la tragedia y el desafío. 

A la edad de ocho años, la muerte de sus padres lo dejó huérfano, con la responsabilidad de cuidar a sus dos hermanos menores, Wenceslao y Úrsula. A pesar de estas adversidades, demostró un inquebrantable compromiso con su educación y, sobre todo, con su pasión por la literatura, una cualidad que lo llevaría a destacarse en el Colegio del Uruguay, en Concepción del Uruguay.

Desarrollo académico y político

Fue en este prestigioso colegio donde su habilidad para las letras llamó la atención del coronel Rosendo María Fraga, delegado del caudillo Justo José de Urquiza, quien se encargó de recomendar al joven poeta ante el gobernador. 

Esta recomendación le permitió continuar sus estudios bajo la tutela del gobierno de la Confederación. En aquellos años, compartió aulas con futuras personalidades políticas como Julio Argentino Roca, Victorino de la Plaza y Eduardo Wilde, un entorno que lo preparó para los tiempos convulsos que le tocaría enfrentar. 

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Retrato del entonces presidente Julio Argentino Roca, un gran amigo de Andrade. (Imagen: web)

Esta formación no solo le brindó un sólido conocimiento académico, sino que también le permitió establecer relaciones con figuras influyentes que marcarían su carrera.

Olegario no solo se destacó por su prosa y poesía, sino también por su profundo compromiso con las causas políticas que marcaron su época. 

En 1852, cuando apenas tenía trece años, denunció en su poema Once de septiembre el golpe que separó a Buenos Aires de la Confederación Argentina. Esa convicción federal lo acompañaría durante toda su vida, llevándolo a escribir sobre las injusticias y desigualdades que sufrían las provincias en relación con la centralización del poder en Buenos Aires.

La faceta pública de Andrade iba mucho más allá del periodismo y la poesía. Su vinculación con la masonería, un aspecto menos conocido de su vida, también dejó una huella en su carrera. 

En 1862, fue iniciado en la Logia San Juan de la Fe, en Paraná, donde ocupó diferentes cargos, lo que representó un paso clave en su crecimiento personal y su compromiso con los ideales de libertad e igualdad. 

Más tarde, fue nombrado miembro honorario de la Logia Unión y Filantropía N° 56 de Gualeguaychú, demostrando su adhesión a los valores masónicos que en ese entonces inspiraban a muchos de los grandes pensadores y líderes del continente. 

Cabe destacar que, como otros grandes prohombres de esa época, tuvo una importante participación en esa institución, trabajando para la promoción de la educación y el bienestar social.

Trayectoria periodística y legado

A lo largo de su vida, Olegario nunca abandonó su labor como periodista. Se casó en 1857 con María Eloísa González Quiñones, con quien tuvo cinco hijos, y rápidamente se incorporó al mundo de la prensa, colaborando en diarios como La Reforma Pacífica. Rechazó la posibilidad de viajar a Europa, una oferta que le hizo el propio Urquiza, prefiriendo quedarse en Argentina para luchar desde sus palabras. 

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La obra literaria y periodística de Andrade fue relevante y quedó en la historia. (Foto: web)

Esta decisión refleja su profundo compromiso con la realidad social y política de su país.

Su trayectoria periodística fue intensa y combativa; su voz resonó con fuerza desde medios como El Pueblo Entrerriano, donde criticó la política porteña y la Guerra del Paraguay. En 1864 fundó su propio periódico, El Porvenir, desde el cual defendió con vehemencia los intereses del interior del país frente a las diferencias de los bonaerenses.

Andrade se convirtió en una voz fundamental para los sectores que sentían que sus necesidades e intereses eran ignorados por el gobierno central. En 1866, escribió algunos folletos políticos en los que planteaba la disputa por la renovación presidencial, y publicó Las Dos Políticas, un trabajo en el que trató de explicar los conflictos políticos por razones económicas, defendiendo expresamente a Urquiza y argumentando enérgicamente contra Buenos Aires.

A pesar de su dedicación y esfuerzo, su postura le valió también persecuciones. 

En 1867, Bartolomé Mitre ordenó la clausura de El Porvenir, lo que llevó a Andrade a mudarse a Buenos Aires, donde continuó su lucha en El Pueblo Argentino y otros medios. La represión que sufrió en sus años de actividad periodística fue una constante en su vida, y reflejó el ambiente político tenso y conflictivo de la Argentina de su tiempo. 

A pesar de las dificultades económicas que marcaron buena parte de su vida, Andrade nunca abandonó la causa federal. En 1872 aceptó un puesto en la Aduana de Concordia bajo la presidencia de Sarmiento, motivado por sus penurias económicas. 

Sin embargo, fue exonerado del cargo, y acusado falsamente de administración fraudulenta, pasó varios años apartado de la política. Pero después fue absuelto y regresó al ámbito público de la mano del Partido Autonomista, ya bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda.

La pluma de Andrade alcanzó su apogeo con la obra El nido de cóndores, un poema leído en el Teatro Colón que lo consagró como uno de los poetas más influyentes de su tiempo. Este poema, aclamado por su profundidad y su estilo, consolidó su reputación como un gran poeta de la época. 

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El viejo Teatro Colón, ubicado a metros de la Plaza de Mayo, donde Andrade presentó su obra El Nido de Cóndores. (Foto: archivo web).

Sin embargo, la tragedia personal volvería a tocar a su puerta en 1882, con la muerte de su hija Lelia, lo que terminó de quebrar su ánimo. Esta pérdida profunda afectó tanto su vida personal como su labor artística, llevándolo a una etapa de introspección y dolor. 

Meses después, el 30 de octubre de 1882, Olegario Víctor Andrade falleció en Buenos Aires, víctima de un ataque cerebral.

Su herencia a través del tiempo

Su legado literario y periodístico sigue vivo, tanto en sus obras como en la firme defensa de los valores republicanos y federales. Su entierro en el Cementerio de la Recoleta fue un acto solemne que contó con la presencia de las más altas personalidades del país, incluida la del entonces presidente Julio Argentino Roca, quien destacó su obra. 

Andrade fue, sin lugar a dudas, un hombre de palabras y acción, cuyas ideas y poesía perduran como testimonio de una vida comprometida con los más altos ideales de su tiempo.

escuela n° 7  en la ciudad de buenos aires que lleva el nombre del escritor, periodista y politico.
La escuela n° 7 en la Ciudad de Buenos Aires, que lleva el nombre del escritor, periodista y político. (Foto: web)

Hoy, Olegario V. Andrade resuena en escuelas como la N° 7, ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que recientemente cumplió 125 años, así como en calles de varias provincias y clubes que llevan su nombre. 

En tanto, sus obras siguen siendo leídas y estudiadas en diversas instituciones educativas y literarias. Desde su participación en la masonería hasta su papel como periodista y poeta, Andrade dejó una marca indeleble en la historia argentina, demostrando que la pluma puede ser tan poderosa como la espada.

Su vida y obra continúan siendo objeto de estudio y reflexión, recordándonos la importancia de la voz crítica y el compromiso con la justicia social en la construcción de una nación.

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