Creo que todos recordamos la icónica foto de los tres principales líderes aliados: Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt, cada uno ataviado a su peculiar estilo de vestir, en el antiguo Palacio Imperial de Livadia, en Yalta, Península de Crimea, Rusia.
Concretamente, se trató de la conferencia de Yalta, reunión que mantuvo el trío de marras, entre el 4 al 11 de febrero de 1945 y antes de terminar la 2da GM, como los jefes de Gobierno de la Unión Soviética, del Reino Unido y de Estados Unidos respectivamente.
La misma fue la continuación de la serie de encuentros que empezaron con la conferencia de Moscú de agosto de 1942, que tuvo lugar en el Kremlin, y continuaron con la conferencia de Casablanca, del 14 al 24 de enero de 1943; la conferencia de El Cairo, del 22 al 26 de noviembre de 1943, y la conferencia de Teherán, entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943, que tuvo lugar en la embajada de la URSS, en Irán.
Yalta: acuerdos polémicos
Los acuerdos de Yalta fueron polémicos incluso antes del encuentro final en Potsdam. Tras la muerte de Roosevelt, Churchill y Stalin fueron acusados de no haber aceptado un control internacional sobre los países liberados por la URSS. Más aún, ningún otro gobierno fue consultado o le fueron notificadas las decisiones tomadas allí.
Por ejemplo, el polémico líder francés general Charles de Gaulle no fue invitado a la conferencia de Yalta ni a la de Potsdam. Para algunos, un desaire diplomático que fue el origen de un profundo y duradero resentimiento del general galo contra sus socios.
Más allá del anecdotario, la Conferencia de Yalta tuvo profundas y duraderas consecuencias. A saber:
- La división de Alemania: Se acordó dividir Alemania en cuatro zonas de ocupación controladas por los EE.UU., el Reino Unido, Francia y la URSS.
- Marcó el inicio de la Guerra Fría: Las tensiones entre los aliados occidentales y la URSS se hicieron evidentes, especialmente por la ocupación soviética de Polonia.
- Se reconfiguró la Europa del Este, lo que permitió a la URSS mantener control sobre los territorios liberados de la ocupación nazi del este europeo.
- Se crearon las Naciones Unidas como un organismo destinado a mantener la paz mundial.
- Se hicieron concesiones territoriales a la URSS, como el reconocimiento de Polonia, de partes de Manchuria y de las islas Kuriles y del sur de Sajalín en la costa de Japón.
- El debilitamiento de la posición británica, que vio limitada su influencia frente a los EE.UU. y a la URSS, reflejando el declive del Reino Unido como potencia global.
¿Se viene otra Yalta?
En pocas palabras y a largo plazo, Yalta simbolizó tanto la victoria aliada como el germen de un mundo dividido. Las decisiones tomadas, aunque pragmáticas para el momento, alimentaron desconfianzas que definieron el Siglo XX.
Haya sido como haya sido la citada famosa conferencia, no son pocos los analistas que vuelven a rememorarla, por estos días, en ocasión de lo que consideran pueda ser su sucesora, a la que no tienen problema en llamar la Nueva Conferencia, la Yalta 2.0. Veamos.
Para empezar, hay que recordar que por estos días se encuentra en desarrollo una conferencia bilateral entre los respectivos ministros de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos y de la Federación Rusa en Riad, la capital de Arabia Saudita, con la finalidad expresada por ambos presidentes de ponerle fin al enfrentamiento en las llanuras ucranianas y que llevan tres años de sangrientos combates.
Lo que ofrece Estados Unidos
Hasta donde sabemos, estas conversaciones de paz entre Rusia y los EE.UU. están avanzando en base a una hoja de ruta de tres etapas, a saber:
- Un cese al fuego,
- elecciones libres en Ucrania y
- la continuación de las negociaciones de paz.
Al respecto el exembajador de los Estados Unidos en Rusia entre 2012 y 2014, Michael McFaul, nos aclara que: "El equipo de Trump supuestamente le ofreció a Putin (1) territorio ucraniano, (2) la renuncia de Ucrania a la membresía de la OTAN, (3) la ausencia de soldados estadounidenses en Ucrania, (4) la retirada de los soldados estadounidenses de Europa, incluidos los estados de primera línea, y (5) el levantamiento de las sanciones.
¿Rusia aceptará?
Respecto de la respuesta rusa no tenemos información, pero todo indicaría que se inclinaría a aceptarla, ya que:
- Rusia se consolida como potencia regional con influencia global.
- Ucrania no tiene más remedio que enfrentar la partición de su territorio.
- La UE queda sumida en una profunda crisis de identidad y económica.
- Los EE.UU. incrementan su señorío sobre Europa, a la par que reconoce a Rusia como interlocutor estratégico.
No podemos pasar por alto que en esta Yalta 2.0 no hay presencia de ningún representante de la UE. Al respecto, tanto el presidente de Francia como el primer ministro del Reino Unido han elevado sus amargas críticas al respecto, las que no han sido escuchadas por Donald Trump y mucho menos por Vladimir Putin.
Seguramente, por aquello ya establecido por el griego Tucídides hace 25 siglos atrás: "Los melios creen que tendrán la ayuda de los dioses porque su posición es moralmente justa. Los atenienses contrarrestan que los dioses no intervendrán porque es el orden natural de las cosas el que los fuertes dominen a los débiles".
Una vez más, ha quedado demostrado que la realidad está antes que la idea. Y los intereses nacionales antes que las amistades y/o las enemistades circunstanciales.

