Además, los presidentes de los cuatro Estados miembros restantes del bloque (Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay) discutieron los detalles finales para destrabar la firma del acuerdo con la Unión Europea (UE).
El debate no fue fácil, pues el presidente del Brasil, Lula da Silva, es un ferviente impulsor del pacto con los europeos y quiere firmarlo antes de fin de año, mientras que nuestro Presidente quiere proponer la flexibilización del Mercosur para negociar tratados de libre comercio, especialmente, con los EE.UU.
El mandatario argentino ocupa la presidencia pro tempore del Mercosur. (Imagen: web)
Hasta donde sabemos, la van a tener difícil ambos. Pero, antes de dar nuestra opinión sobre este tema de fondo, veamos los antecedentes del mismo.
Vale decir, el Mercosur, en pocas palabras, ¿sirve o no sirve?
Como todos sabemos, se comenzó a gestar durante el gobierno de Raúl Alfonsín y tal como se nos dijo en su momento, nos abriría mercados con su consecuente prosperidad.
En realidad, se construyó una gran muralla arancelaria que hace imposible, para los ciudadanos de los países integrantes, importar nada del mundo exterior.
Con el tiempo, para sortear esa barrera, las grandes empresas multinacionales abandonaron nuestro suelo para mudarse al de Brasil, con el aliciente de que pudieron mantener cautivo a nuestro mercado interno.
A consecuencia de ello, progresivamente, la Argentina se fue desindustrializando, ya que nuestras fábricas de autos, de electrodomésticos, de barcos y hasta de aviones, que habían sido pioneras en la Región, para abaratar costos, cerraron y se fueron al Brasil.
Tal como nos lo explica la economista Iris Speroni, en su artículo "Ha llegado el momento de irnos del Mercosur", esto no fue una jugada inocente: "El Mercosur, claramente, fue la campana de largada para implementar un plan que se dio en simultáneo en varios países de Occidente. Fue premeditado, como supimos, al iniciarse las reuniones de Davos.
"El objeto era bajar la demanda de trabajo en los países altamente sindicalizados: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Argentina -para quebrarle la moral y el espinazo a los distintos sindicatos- y trasladar esas empresas a otros de baja o nula cultura sindical: Singapur, Bangladesh, Pakistán, India, China, México, Brasil".
El Presidente brasileño, Lula da Silva. (Foto: archivo web)
Como resultado de esta maniobra, hoy la Argentina no produce casi nada y debe importar casi todo. Para colmo de males, todo a un precio más caro y de mala calidad.
Un ejemplo de ello: nos obligan a comprar modelos viejos de autos como los VW, hechos en Brasil con autopartes argentinas, al doble de lo que le cuesta a un alemán, un modelo de última generación.
También nos cuenta Iris que en los otros países que sufrieron este "tratamiento" ya tuvieron sus respectivas rebeliones. Gran Bretaña, por ejemplo, que ya tuvo su Brexit; Italia y Francia, que van por caminos similares, y los EE.UU., que casi tiran su democracia por la borda en sus últimas elecciones presidenciales, por lo mismo.
Está claro que los países que entregan su industria manufacturera al extranjero se arriesgan a la rebelión de sus clases media y baja pauperizada por el proceso desindustrializador.
¿Qué hacer?
Para usar una metáfora de los juegos de cartas, acá se impone un "barajar y dar de nuevo". Con este mazo, que tiene todas sus cartas marcadas, no podremos ganar ninguna mano.
La pregunta del millón tiene dos y hasta tres respuestas. Empecemos por las de Lula y la de Milei.
El presidente de Brasil ha manifestado que desea terminar de concretar un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la UE. En esa dirección, en la última reunión plenaria del Mercosur y tras más de 20 años de negociaciones, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto a los presidentes del bloque regional anunciaron la firma del histórico acuerdo entre el Mercosur y la UE, pero que todavía genera tensiones en Europa.
Como se sabe, la firma del pacto ha generado fuertes tensiones dentro de la UE, donde Francia encabeza la oposición con sus preocupaciones ambientales y económicas, mientras otros países, como España y Alemania, lo consideran clave para fortalecer los lazos transatlánticos y abrir nuevos mercados, especialmente ante la amenaza de imposición de aranceles del futuro gobierno de Donald Trump en Estados Unidos.
No ha sido una casualidad que hace pocos días la conocida cadena francesa de supermercados Carrefour, por pedido de sus agricultores, decidió boicotear las compras de carnes provenientes del Mercosur.
No cabe duda que el pacto marca un hito en las relaciones comerciales y políticas entre nuestra región y Europa, pero todavía debe ser ratificado por el Consejo y el Parlamento Europeo y los congresos de los cuatro países miembros del Mercosur (la Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia) para su implementación definitiva.
Por su parte, la intención de Javier Milei de hacer un tratado de libre mercado con los EE.UU. tampoco se ve como muy accesible. Simplemente, porque el presidente electo, Donald Trump, que asume el próximo 20 de enero, le ha prometido, tanto a México como a Canadá, toda una creciente andanada de altos aranceles.
Entre otras cosas, si no se allanan a una muy restrictiva política inmigratoria, de una agresiva lucha contra las drogas que ingresan a los EE.UU. por sus fronteras, y a reducir drásticamente sus negocios con China.
A fuerza de ser honestos, no sabemos si nuestro Presidente se guarda un as bajo la manga para lograr este acuerdo que parece tan difícil con los EE.UU.
Lo que sí sabemos es que, más allá del éxito o del fracaso de esta gestión presidencial, es hora de tomar decisiones de fondo a la luz de que el Siglo XXI ya no será el del Atlántico sino el del Pacífico, como lo demuestra la construcción apoyada por China del inmenso puerto de Chancay en Perú, entre otras cosas, para que Brasil pueda sacar y recibir bienes asiáticos por esa vía.
Nosotros podemos seguir ese ejemplo, ya que tenemos los elementos para hacerlo, y son los siguientes:
1º) Continuar con las negociaciones para que el Mercosur pueda unirse mediante un tratado de libre comercio tanto con la UE como con los EE.UU.
2º) Iniciar negociaciones con la República de Chile para la firma de un tratado de libre comercio, al que se pueden sumar posteriormente Bolivia, Perú y Ecuador, para establecer una alianza que permita a nuestra región integrarse a la Nueva Ruta y Cordón de la Seda con China.
3º) Iniciar las obras de infraestructura necesarias para la reactivación de corredores bioceánicos que vinculen nuestros puertos, tanto los que se encuentran sobre la Hidrovía Paraná/Paraguay como los que están sobre el océano Atlántico con los puertos chilenos sobre el océano Pacífico. (Ver: "Todos los caminos conducen a... ¡Mendoza!" https://www.ciudadanodiario.com.ar/otro-punto-de-vista/todos-los-caminos-conducen-a-mendoza)
Como conclusión, volvemos a recordar los sinsabores de las luchas del Imperio Español contra el Inglés.
Cuando fue necesario comerciar con China -que había sido la finalidad original de los viajes de Cristóbal Colón-, un fraile, Andrés de Urdaneta, descubrió una ruta marítima que permitía unir las colonias americanas con las Filipinas y con China a través del Océano Pacífico.
Se lo conoció como el Galeón de Manila, o Nao de China. Cruzaban el Océano Pacífico una o dos veces por año entre Manila (Filipinas) y los puertos españoles Acapulco (México), Baja California Sur (México) y El Callao (Perú). Y fue, históricamente, la ruta marítima comercial más extensa y la que más ha durado, ya que funcionó desde 1565 hasta 1815.
Me pregunto si no es hora de tener nuestro Galeón de Manila, pero saliendo de Valparaíso.
El doctor Emilio Luis Magnaghi es director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.