¿Hacia una nueva Conferencia de Yalta?
Yalta simbolizó tanto la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial como el germen de un mundo dividido.
Por Emilio Luis Magnaghi
27 Febrero de 2025 - 09:20
27 Febrero de 2025 - 09:20
27 Febrero de 2025 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista
Creo que todos recordamos la icónica foto de los tres principales líderes aliados: Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt, cada uno ataviado a su peculiar estilo de vestir, en el antiguo Palacio Imperial de Livadia, en Yalta, Península de Crimea, Rusia.
Concretamente, se trató de la conferencia de Yalta, reunión que mantuvo el trío de marras, entre el 4 al 11 de febrero de 1945 y antes de terminar la 2da GM, como los jefes de Gobierno de la Unión Soviética, del Reino Unido y de Estados Unidos respectivamente.
La misma fue la continuación de la serie de encuentros que empezaron con la conferencia de Moscú de agosto de 1942, que tuvo lugar en el Kremlin, y continuaron con la conferencia de Casablanca, del 14 al 24 de enero de 1943; la conferencia de El Cairo, del 22 al 26 de noviembre de 1943, y la conferencia de Teherán, entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943, que tuvo lugar en la embajada de la URSS, en Irán.
Los acuerdos de Yalta fueron polémicos incluso antes del encuentro final en Potsdam. Tras la muerte de Roosevelt, Churchill y Stalin fueron acusados de no haber aceptado un control internacional sobre los países liberados por la URSS. Más aún, ningún otro gobierno fue consultado o le fueron notificadas las decisiones tomadas allí.
Por ejemplo, el polémico líder francés general Charles de Gaulle no fue invitado a la conferencia de Yalta ni a la de Potsdam. Para algunos, un desaire diplomático que fue el origen de un profundo y duradero resentimiento del general galo contra sus socios.
Más allá del anecdotario, la Conferencia de Yalta tuvo profundas y duraderas consecuencias. A saber:
En pocas palabras y a largo plazo, Yalta simbolizó tanto la victoria aliada como el germen de un mundo dividido. Las decisiones tomadas, aunque pragmáticas para el momento, alimentaron desconfianzas que definieron el Siglo XX.
Haya sido como haya sido la citada famosa conferencia, no son pocos los analistas que vuelven a rememorarla, por estos días, en ocasión de lo que consideran pueda ser su sucesora, a la que no tienen problema en llamar la Nueva Conferencia, la Yalta 2.0. Veamos.
Para empezar, hay que recordar que por estos días se encuentra en desarrollo una conferencia bilateral entre los respectivos ministros de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos y de la Federación Rusa en Riad, la capital de Arabia Saudita, con la finalidad expresada por ambos presidentes de ponerle fin al enfrentamiento en las llanuras ucranianas y que llevan tres años de sangrientos combates.
Hasta donde sabemos, estas conversaciones de paz entre Rusia y los EE.UU. están avanzando en base a una hoja de ruta de tres etapas, a saber:
Al respecto el exembajador de los Estados Unidos en Rusia entre 2012 y 2014, Michael McFaul, nos aclara que: "El equipo de Trump supuestamente le ofreció a Putin (1) territorio ucraniano, (2) la renuncia de Ucrania a la membresía de la OTAN, (3) la ausencia de soldados estadounidenses en Ucrania, (4) la retirada de los soldados estadounidenses de Europa, incluidos los estados de primera línea, y (5) el levantamiento de las sanciones.
Respecto de la respuesta rusa no tenemos información, pero todo indicaría que se inclinaría a aceptarla, ya que:
No podemos pasar por alto que en esta Yalta 2.0 no hay presencia de ningún representante de la UE. Al respecto, tanto el presidente de Francia como el primer ministro del Reino Unido han elevado sus amargas críticas al respecto, las que no han sido escuchadas por Donald Trump y mucho menos por Vladimir Putin.
Seguramente, por aquello ya establecido por el griego Tucídides hace 25 siglos atrás: "Los melios creen que tendrán la ayuda de los dioses porque su posición es moralmente justa. Los atenienses contrarrestan que los dioses no intervendrán porque es el orden natural de las cosas el que los fuertes dominen a los débiles".
Una vez más, ha quedado demostrado que la realidad está antes que la idea. Y los intereses nacionales antes que las amistades y/o las enemistades circunstanciales.