Opinión

Emmanuel Macron, ¿tras los pasos de Napoleón III o de De Gaulle?

Antes de hacer propuestas audaces como crear una nueva alianza militar en Europa, el presidente francés debería tener en cuenta enseñanzas de la historia.

Por Emilio Luis Magnaghi

El mandatario francés Emmanuel Macron. — Foto web

En uno de nuestros últimos artículos (¿Hacia una nueva Conferencia de Yalta?) decíamos que uno de los grandes excluidos de esa reunión había sido el gobierno de Francia, tanto en la Yalta histórica de 1945 como en la actual, que tiene su desarrollo en Riad, capital de Arabia Saudita.

"No podemos pasar por alto que en esta Yalta 2.0 no hay presencia de ningún representante de la UE. Al respecto, tanto el presidente de Francia como el primer ministro del Reino Unido han elevado sus amargas críticas al respecto, las que no han sido escuchadas por Donald Trump y mucho menos por Vladímir Putin", escribimos en la nota.

Hoy retomamos el tema, porque el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha pasado de las amargas críticas, a las propuestas audaces, tales como:

1º) Conformar con los países europeos una nueva alianza militar sobre la base de las FF.AA. de su propio país, las de Gran Bretaña y las de Alemania, pero sin la presencia de las de los EE.UU.

2º) Ampliar y cubrir con su paraguas nuclear a todos ellos.

Pero, antes de entrar en los detalles del plan Macrón, traigamos a la memoria algunas cuestiones que muestran que como decimos siempre y afirmara el gran literato que fue Marx Twain, la historia no se repite, pero tiene ritmo. Veamos:

Tal como ya lo dijimos al principio, el líder francés, el general Charles de Gaulle no fue invitado ni a la Conferencia de Yalta ni a la posterior de Potsdam. 

De Gaulle estuvo ausente en esta foto histórica. Fuente: archivo web

Todo un desaire diplomático propinado, especialmente,  por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt hacia su persona y hacia su amada Francia, lo que el general galo tomó muy mal y fue la causa de un profundo y duradero resentimiento. 

Esto lo impulsó, en el contexto de la Guerra Fría, a lanzar lo que se conocería como su "política de grandeza", afirmando que Francia debía comportarse como una potencia, por lo cual no debería depender de la asistencia de los Estados Unidos, tanto para su seguridad nacional como para prosperidad económica.

Al efecto, diseñó una política de independencia nacional que le llevó a retirar al país de la estructura militar de la OTAN, a no permitir bases estadounidenses en su territorio y a lanzar su propio programa de desarrollo nuclear independiente que convirtió a Francia en la cuarta potencia nuclear. 

Charles De Gaulle diseñó una política de independencia nacional que le llevó a retirar al país de la estructura militar de la OTAN. (Foto: archivo web)

Además, consolidó sus relaciones con su antiguo enemigo, Alemania, para crear un contrapeso europeo entre las esferas de influencia angloamericanas y soviéticas. 

Pese a ello, se opuso a cualquier desarrollo de una Europa unificada. También, criticó la intervención de los Estados Unidos en Vietnam y la política monetaria de consagrar al dólar como la moneda preferida de los intercambios internacionales. 

Ya a finales de su mandato, causó una gran controversia con su apoyo a un Quebec libre en Canadá y al vetar el ingreso del Reino Unido en la Comunidad Económica Europea.

Si éste, el de la Francia de De Gaulle, fuera el modelo a seguir por Emmanuel Macron, creemos que no estaríamos frente a un gran problema para el mundo, ya que sólo estaríamos frente a un acto más del conocido "enfant terrible" galo.

¿Pero, que se podría esperar si el modelo a seguir no fuera éste, sino el de otro francés famoso, como fue el caso de Napoleón III? Veamos:

A pesar de que Vladimir Putin ya le advirtió a Macron que no se hiciera el Napoleón -el mejor conductor militar de la historia moderna- y que le recordara su malograda campaña rusa, la Francia de hoy está muy lejos de poder reclutar, organizar y dirigir el Grande Armée con el cual el Gran Corso llegó hasta Moscú en 1812. 

Pero hay una posibilidad más módica y a la vez más peligrosa, y es que Macron se incline por su sobrino, Napoleón III, quien, como el ya citado De Gaulle,  buscó incrementar la influencia francesa en el mundo.

Napoleón III buscó consolidar sin éxito su sueño imperial. (Imagen: archivo web)

Empezó bien cuando formó una alianza con el Reino Unido y derrotó a Rusia en la guerra de Crimea. También ayudó a Giuseppe Garibaldi a lograr la ansiada unificación italiana. 

Pero las cosas no le salieron bien cuando invadió México e instaló a Maximiliano como emperador, el que sería fusilado por los mexicanos. 

Lo peor llegaría a manos de los prusianos a órdenes de Otto von Bismarck en la guerra franco-prusiana de 1870, lo que resultó en la dimisión de Napoleón III, la proclamación de la Tercera República francesa y la formación del Imperio alemán. 

Charles de Gaulle, uno de los posibles modelos para Emmanuel Macron. (Imagen: archivo web)

No sabemos a ciencia cierta cuál será el modelo a seguir por Macron, si la política de grandeza de Charles de Gaulle o el intervencionismo militar de Napoleón III.

Porque hay grandes diferencias en sus posibles consecuencias, ya que el primero, bien manejado, podría llegar a ser un necesario contrapeso a la progresiva irrelevancia europea en las cuestiones globales hoy en juego.

Pero si fuera el del imprudente Napoleón III, no sólo Francia, sino la totalidad de Europa y buen parte del mundo se enfrentaría a la posibilidad de un holocausto nuclear. 

En la mitología griega, Clío es la musa de la historia y también la que preside el amor a la gloria.

Esperemos que ella no sólo le inspire al presidente de Francia el gusto por la segunda, especialmente, sino que también le acerque las lecciones de la primera, pues historia magistra vitae. 

El doctor Emilio Luis Magnaghi es director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.