A 50 años del Rodrigazo, el día que estalló la economía
El 4 de junio de 1975 el entonces ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anunció un plan que originó un desorden tal, que quedó en la historia conocido como "el Rodrigazo".
Hay momentos en que la economía no avisa: entra, rompe todo y deja marcas que duran décadas. El 4 de junio de 1975 fue uno de esos días. Los argentinos se fueron a dormir con un país y amanecieron en otro. Literal.
Ese miércoles, el flamante ministro de Economía, Celestino Rodrigo, apareció con un plan que dejó a todos descolocados. En pocas horas, el dólar oficial se disparó más del 150%, las tarifas de luz, gas y transporte subieron hasta un 180% y el bolsillo de millones de trabajadores se deshilachó como un billete mojado.
Fue un sacudón tan fuerte que, medio siglo después, todavía se lo recuerda con un nombre propio: el Rodrigazo.
El Rodrigazo no fue solo un paquete de medidas. Fue un punto de inflexión. Desde ese momento, la palabra "inflación" dejó de ser un concepto técnico para transformarse en una experiencia cotidiana.
La desconfianza en la moneda se volvió casi cultural, y la idea de que el dólar era refugio empezó a instalarse en todos los sectores.
También cambió la forma de pensar en política económica. Muchos empezaron a mirar con más desconfianza las promesas de estabilidad. Y otros tantos se acostumbraron a vivir entre remarcaciones de precios, paritarias de emergencia y corridas cambiarias.
El plan de la 'Argentina Potencia'
Para entender cómo se llegó hasta ahí, hay que retroceder dos años, a mayo de 1973. El justicialismo volvía al poder con la presidencia de Héctor J. Cámpora (1909-1980).
A cargo de la economía asumía José Ber Gelbard, un empresario industrial de origen polaco, fundador de la Confederación General Económica, y hombre de confianza del presidente.
El presidente Héctor J. Cámpora y el ministro de Economía, José Ber Gelabard. (Foto: archivo web)
Comunista de militancia, Gelbard impulsó una política de alianza entre Estado, sindicatos y empresarios que se plasmó en el llamado Pacto Social.
El acuerdo consistía, básicamente, en un congelamiento de precios, tarifas y salarios. El objetivo era llegar a 1977 con una distribución igualitaria del ingreso entre empresas y trabajadores.
Crisis institucional
En el país se inició una escalada de violencia por parte de grupos armados, además de generarse una verdadera incertidumbre política que se fue profundizando en algunos sectores internos del Gobierno.
Solo dos meses después de asumir como primer mandatario, Cámpora renunció a la presidencia y ocupó ese lugar Raúl Lastiri, yerno del ministro de Bienestar Social José López Rega, quien tenía gran influencia en las decisiones políticas del momento.
José López Rega, con gran influencia en las decisiones del Gobierno. (Foto: archivo web)
Así se empezó a transitar el camino hacia el regreso a la Presidencia del general Perón junto a su esposa María Estela Martínez. Ante este vacío institucional, se convocó, el domingo 23 de setiembre de ese año, a elecciones nacionales, y la fórmula Perón-Perón -que era apoyada por algunos sectores de la izquierda- ganó con el 61,86 % de los votos.
Dos días después de esa elección, fue asesinado por un grupo guerrillero el sindicalista y secretario general de la CGT José Ignacio Rucci.
El contexto político era muy complicado, ya que la violencia había ganado las calles con grupos revolucionarios contrarios al gobierno. Esto, indudablemente, ponía en peligro la estabilidad política, y Perón se erigía como la figura clave para apaciguar esta situación.
El 12 de octubre, Juan Domingo Perón asumió su tercera y última presidencia, junto a su esposa María Estela Martínez como vicepresidenta.
El presidente Perón junto Isabelita en su función de vicepresidenta. (Foto: archivo web)
A nivel mundial se vivía la crisis del petróleo. La Argentina era por entonces un importador neto de crudo, condición que desestabilizó aún más la economía del país y puso en aprietos el equilibrio de las finanzas públicas.
Mientras tanto, el Gobierno no varió el rumbo económico y pretendió mantener el proyecto de 'Argentina Potencia', basado en el liderazgo político indiscutible de Perón.
Con el correr del tiempo, el plan de José Ber Gelbard tuvo consecuencias negativas, ya que estaba basado en un estricto control de precios de la mayoría de los productos existentes, trabas a la importación y otras medidas poco ortodoxas, lo que provocó un tipo de cambio artificialmente bajo y un altísimo déficit fiscal de casi el 14 % del Producto Bruto Interno (PBI).
Todo esto se cubrió con una elevada emisión monetaria, lo que produjo que unos dos tercios de las reservas del Banco Central se liquidaran, quedando reducidas a la mitad de los 1.400 millones de dólares que se tenían.
El control de precios y la inflación, que aumentaba día a día, generaron que se tomaran diferentes medidas especulativas por parte de los comerciantes, y por ende se produjo la escasez tanto de productos de primera necesidad como de otros rubros, fenómeno que se fue agravando con el tiempo.
Las largas colas para comprar los alimentos eran una imagen común en aquellos días. (Foto: archivo web)
Una palabra llamada inflación
En 1974 comenzaron a hacerse evidentes las presiones inflacionarias: el año terminó con un aumento del índice de precios minoristas del 57 %.
La muerte del presidente Perón, el 1 de julio de 1974, generó un vacío político enorme que no pudo llenar el nuevo gobierno encabezado por su esposa, más conocida como Isabelita.
En octubre de ese año, el ministro Ber Gelbard -por influencia por López Rega- fue sustituido por Alberto Gómez Morales, un técnico que aplicó una devaluación gradual del peso y otras medidas que hicieron caer el poder adquisitivo, al igual que el PBI.
Ante esta situación, los sectores sindicales presionaron al gobierno de María Estela Martínez de Perón y forzaron su renuncia en junio de 1975.
Rodrigazo in memoriam
Gómez Morales fue reemplazado por otro economista, Celestino Rodrigo, un liberal ortodoxo. Sus primeras medidas fueron un shock devaluatorio de más del 150 % del peso, un aumento promedio del 100 % en el precio de todos los servicios públicos y del transporte, y una suba de hasta el 180 % en los combustibles.
Este "terremoto económico" pretendió ser atenuado con un aumento del 45 % en los salarios. La consecuencia lógica fue que la crisis económica que ya existía se profundizara a un nivel impensable.
Inmediatamente florecieron el lucro y la especulación, con desabastecimiento y mercado negro, y un creciente enojo por parte de la población.
Muchas empresas quebraron, dejando a sus empleados en la calle, mientras que otras retrasaron los pagos de salarios. Todos los sindicatos asociados a la CGT resistieron estas medidas y reaccionaron con una serie de paros.
Columnas de obreros protestando por la situación. (Foto: archivo web)
Mientras tanto, el país se poblaba de largas colas de ciudadanos que intentaban conseguir productos básicos, generalmente a precios desorbitantes. Era escaso el dinero circulante, y muchos especulaban atesorando dólares. Así nacieron los famosos "arbolitos", quienes vendían la moneda estadounidense en las calles.
Se puede afirmar que, desde ese momento, el dólar quedó instalado en el imaginario popular y pasó a ser la única forma de ahorro para muchos argentinos.
Mientras tanto, la pobreza creció al 25 % desde el 5 % que se registraba hasta ese momento. También miles de pequeñas y medianas industrias quedaron en la ruina.
El 17 de julio, Celestino Rodrigo renunció a su cargo de ministro de Economía, dejando para la historia el triste recuerdo del fracasado plan económico conocido como el "Rodrigazo".