La política económica actual ha colocado al consumidor argentino de clase media en una encrucijada difícil de ignorar: disfrutar de precios más bajos en bienes durables o asegurar la estabilidad del empleo en la industria nacional. Este dilema tiene un epicentro claro: la apertura importadora incentivada por un tipo de cambio que se percibe como "atrasado" o por debajo de su valor de equilibrio.
El caso de Whirlpool, cesando la fabricación de lavarropas en Pilar con riesgo de dejar 220 trabajadores sin empleo, es considerado la "punta del iceberg" de una crisis industrial que contrasta fuertemente con la estabilidad de precios en la góndola.
El ganador: el bolsillo del consumidor (por ahora)
Para la clase media, que destina una parte de sus ingresos a la mejora del hogar, la política de apertura ha traído un alivio en ciertos costos. La apertura importadora ha sido uno de los principales puntales en la contención de la inflación en rubros específicos.
Según el último reporte del Índice de Precios al Consumidor (IPC), el rubro con menor aumento nominal de precios fue, precisamente, el de equipamiento y mantenimiento del hogar. Este sector apenas se encareció un 18,5% interanual, una cifra que se siente como un respiro en un contexto de inflación general del 31,3%.
El consumo en estos bienes es palpable. Las ventas acumuladas de electrodomésticos en lo que va del año registraron una suba real del 21% (descontada la inflación) respecto al año pasado.
El fenómeno de la "importación hormiga"
Este incentivo al consumo se potencia por la facilidad de la compra en el exterior mediante plataformas online, fenómeno conocido como "importación hormiga".
El atraso del dólar incentiva la compra de productos de costo menor a 1.000 dólares con exoneración arancelaria. El volumen de estas ventas online se ha cuadruplicado este año, totalizando 700 millones de dólares, y ya representan un 20% del consumo argentino en rubros como productos de electrónica.
En términos generales, los productos de consumo final (incluyendo automóviles) están ocupando una porción cada vez mayor del total importado. Estas importaciones crecen a un ritmo del 40% interanual y superan el 24% del total de las compras externas, mientras que la adquisición de bienes de capital (maquinaria para la industria nacional) sube a una velocidad mucho menor, del 18%.
El perdedor: el empleo industrial
Mientras el consumidor disfruta de precios estables y productos importados, la industria nacional experimenta un retroceso que se traduce en despidos y cierres de plantas.
La producción manufacturera registró su cuarta caída interanual consecutiva en octubre, con una merma del 5,3% respecto al año anterior. Las ramas más afectadas incluyen automóviles, metalmecánica, autopartes y química.
El índice de uso de capacidad instalada de las fábricas promedia un deprimente 59%, por debajo del promedio histórico. La situación es alarmante en el sector textil, donde la capacidad utilizada es de apenas el 37%.
Los ejemplos de achicamiento son numerosos y variados:
• Whirlpool cesará la fabricación de lavarropas en Pilar.
• Mabe cerrará su fábrica de Córdoba para reconvertirla en un depósito y centro de distribución.
• La fábrica de ollas y cacerolas Essen despidió a más de 30 operarios.
• Color Living, una fábrica de muebles en Pacheco, cerró su producción, afectando a 40 trabajadores.
• La textil Tn Platex despidió a 20 operarios en Corrientes tras cerrar su línea de confección de prendas deportivas.
El debate: ¿culpa del dólar atrasado o del modelo?
La pregunta central que se plantea la clase media es si esta crisis industrial obedece a una fase pasajera (salarios bajos o problemas cambiarios) o si, por el contrario, constituye el núcleo del modelo económico implementado.
El ministro de Economía, Toto Caputo, defiende implícitamente la política del dólar. En medio del debate industrial, el ministro ironizó al comentar que el programa económico está logrando aumentar las cantidades exportadas a niveles récord, aun con un tipo de cambio "atrasado".
Sin embargo, muchos críticos, incluidos economistas de trayectoria liberal, señalan que esta combinación es letal para el sector productivo.
• Diego Giacomini, ex socio de Milei, objeta que la apertura comercial se haya hecho en simultáneo con un "dólar por debajo del equilibrio", altas tasas de interés y mayor presión tributaria. Giacomini advierte que estos errores de programación terminan siendo una "motosierra para los privados en el corto plazo", forzando cierres y despidos.
• Gabriel Rubinstein, ex viceministro de Economía, comparte este argumento, indicando que la industria enfrenta un "mix de relación dólar/apertura externa desestimulante".
El consenso, incluso entre los partidarios del gobierno, es que esta situación de fuerte incentivo importador llegó para quedarse.

