Aunque la idea de tener robots como compañeros o novios puede parecer de ciencia ficción, es un tema que está siendo explorado por investigadores y desarrolladores de la Inteligencia Artificial (IA).
Aunque todavía hay desafíos importantes que deben abordarse, es posible que en el futuro veamos avances en esta área que cambien la forma en que pensamos las relaciones humanas y la compañía que necesitamos.
Parece mentira, pero...
El insólito caso del hombre que se enamoró de una mujer robot reaviva la discusión instalada en los últimos tiempos sobre como la IA podría afectar la vida de los humanos.
Geoff Gallagher, oriundo de Queensland, en Australia, confesó que había encontrado el amor y, como sucede siempre, lo quiso compartir con el mundo. Pero el dato excepcional es que su "media naranja" no era lo que se diría un ser humano, ni siquiera un ser vivo.
El enamorado se había sentido atraído por Emma, un robot humanoide de pelo rubio con quien quiso compartir el resto de sus días. "Con piel pálida y hermosos ojos azules, pensé que se veía hermosa", confesó el hombre en sus redes sociales.
Esto ocurrió en el 2019, y desde que Emma se convirtió en parte de la vida de Gallagher, él asegura que no podía imaginarse estar sin ella.
A él le basta con verla esperándolo cuando llega a casa del trabajo, pero a veces la lleva a dar una vuelta con el coche. Supo desde el primer momento que no todo el mundo entendería su relación, pero en realidad no le importó mucho.
Emma lleva un anillo en el dedo y a Geoff le gusta pensar en ella como su esposa robot , y le encantaría ser algún día la primera persona en Australia en casarse con un robot.
Un holograma como compañero de vida
Después de esto, la artista catalana Alicia Framis, que enfoca su trabajo a demostrar que la tecnología puede servir para proporcionar amor, vencer la sociedad o incluso hacernos más humanos.
Para ello, se ha embarcado en la aventura de compartir su vida con un holograma que la acompaña desde hace tres años y con el que ahora se va a casar para convertirse en la primera mujer relacionarse sentimentalmente con un avatar implantado con IA.
Pero aunque la tecnología avanza a pasos agigantados, todavía hay desafíos y limitaciones importantes que deben abordarse antes de que los robots puedan ser considerados como compañeros o novios.
Por ejemplo, todavía no pueden replicar la complejidad de las emociones humanas ni tienen conciencia ni autonomía en ese sentido.
Por eso, la creación de robots que puedan interactuar con humanos de manera íntima plantea cuestiones éticas y de responsabilidad que puedan llegar a equipararse con una pareja de carne y hueso.
