El ritmo de vida actual, marcado por la multitarea y las responsabilidades constantes, puede llevar a un fenómeno cada vez más frecuente: el Síndrome de Pensamiento Acelerado (SPA). Así lo explicó en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch), el psicólogo Alexis Alderete (MN 85367), quien advierte que este estado mental "genera malestar, angustia y la sensación de no saber por dónde empezar".
Según Alderete, este síndrome se manifiesta cuando la mente produce una secuencia rápida y constante de pensamientos, imágenes e ideas sobre múltiples asuntos a la vez. "Vivimos acelerados, llenos de proyectos y responsabilidades, y nunca realmente podemos disfrutar lo que estamos haciendo. Es el famoso multitasking: hago dos o tres actividades al mismo tiempo, pero nunca puedo profundizar", señaló en diálogo con este medio.
El especialista relaciona directamente este fenómeno con la ansiedad, a la que define como "una emoción natural, como el miedo o la tristeza, pero con una particularidad: proyecta hacia el futuro". Para Alderete, esa proyección funciona como una alarma que busca anticipar peligros o situaciones vergonzosas, lo que empuja a las personas a querer controlar cada aspecto de su vida cotidiana.
Señales que no deben pasarse por alto
El psicólogo advirtió que muchas veces se ignoran las primeras señales físicas y emocionales. "Los hombres, por ejemplo, están más acostumbrados a observar lo que pasa en el exterior —si falla el auto o el motor—, pero no hacen lo mismo consigo mismos hasta que ocurre algo más grave", explicó.
Dolores recurrentes, molestias en el estómago o la aparición de síntomas psicosomáticos son, para Alderete, alarmas que reflejan lo que la mente y las emociones no han podido resolver.
Estrategias para enfrentar la ansiedad
Alderete recomienda ejercicios prácticos para desacelerar los pensamientos y recuperar el equilibrio entre lo racional y lo emocional. Entre ellos:
- Planificar con una agenda escrita: dedicar 10 o 15 minutos la noche anterior para organizar las tareas del día siguiente, priorizando no solo lo productivo sino también actividades placenteras.
- Momentos de desconexión: caminar, meditar o permanecer en silencio al menos 10 minutos para observar impulsos y emociones.
- Escribir diariamente: tomarse un tiempo para volcar en papel pensamientos y sensaciones, lo que ayuda a procesarlos y tomar mejores decisiones.
"Entender que no todo tiene que ser productivo es clave. La vida también es divertida", enfatizó el especialista, y añadió que aceptar el error como parte del aprendizaje resulta fundamental para bajar la exigencia interna.
Una invitación a reconectar
Para Alderete, el desafío es aprender a equilibrar razón y emoción. "Si todo lo volvés lógico y racional, terminás callando lo que sentís y el cuerpo lo refleja con síntomas físicos. Lo importante es empezar a escucharse, conectar con lo que uno atraviesa y darle lugar a lo emocional", concluyó.
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