Psicología

¿Qué sucede en tu mente cuando sentís pena y vergüenza ajena?

Se trata de un sentimiento complejo ligado a la empatía. ¿Por qué nos afecta tanto ver a otros en situaciones incómodas? ¿Cómo podemos gestionarlo de manera efectiva?

Ciudadano.News

Por Ciudadano.News

5 Febrero de 2025 - 11:05

Imagen ilustrativa.
Imagen ilustrativa. Freepik.

5 Febrero de 2025 / Ciudadano News / Sociedad

La vergüenza ajena es una sensación incómoda que surge al presenciar situaciones embarazosas o humillantes que les ocurren a otras personas, sin necesidad de estar directamente involucrado. Este fenómeno se puede considerar una especie de "contagio emocional", que permite experimentar el malestar ajeno sin vivirlo de manera personal.

La intensidad con la que se experimenta la vergüenza ajena varía considerablemente de un individuo a otro. Algunas personas sienten una incomodidad profunda, mientras que otras pueden enfrentarla con mayor humor o indiferencia. Esta diferencia de reacciones está relacionada con la empatía: cuanto mayor sea la capacidad de una persona para ponerse en el lugar de otra, más probable será que experimente esa sensación de incomodidad.

En los últimos años, la vergüenza ajena comenzó a ser estudiada científicamente. Un equipo de investigación liderado por el doctor Frieder Michel Paulus, de la Universidad de Marburgo, profundizó en este fenómeno, en el que participaron 619 individuos alemanes, con una edad promedio de 24 años, de los cuales 480 eran mujeres y 139 hombres. A través de cuestionarios diseñados para medir la intensidad emocional frente a situaciones incómodas, los investigadores recopilaron datos que ofrecieron valiosos resultados. Además, 32 participantes fueron sometidos a resonancia magnética funcional (fMRI), lo que permitió estudiar las áreas cerebrales activadas en estos episodios.

Los resultados revelaron que, al observar cómo alguien transgrede las normas sociales, el cerebro activa áreas vinculadas a la empatía, como la corteza insular y el córtex del cíngulo anterior, regiones asociadas con la respuesta visceral y la alerta. Según la investigadora Susanna Carmona, estas áreas están en la interfaz entre la cognición y la emoción, y también se activan cuando sentimos compasión por el dolor de otro.

El estudio también destacó que la intensidad de la vergüenza ajena depende de si la persona que está en la situación embarazosa es consciente de su comportamiento. Cuando el individuo parece consciente de su ridículo, el malestar experimentado por los demás es mayor, en comparación con situaciones accidentales. Además, el vínculo emocional con la persona que protagoniza el evento juega un papel crucial: si se trata de un amigo o familiar cercano, la empatía es más intensa, lo que incrementa la incomodidad, mientras que si se trata de un desconocido, la reacción suele ser menos fuerte.

Una persona sin empatía no se pondrá en el lugar del otro si este tiene un problema, demostrando así egoísmo y egocentrismo.

El impacto emocional y cómo manejarlo

La vergüenza ajena es una emoción profundamente subjetiva, influenciada por las creencias, experiencias y valores culturales de cada persona. Lo que una sociedad considera vergonzoso, en otra, podría no serlo en absoluto. Esta subjetividad también se refleja en las diferentes maneras en que las personas reaccionan ante situaciones embarazosas.

Patricia Bermúdez Lozano, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, señala que cuando la vergüenza se experimenta de forma excesiva, puede desencadenar problemas emocionales como ansiedad, depresión o fobia social. Por ello, es fundamental contar con estrategias para gestionar esta emoción.

La experta propone cuatro principios clave que pueden ayudarnos a lidiar con la vergüenza:

  1. Vanidad: todos somos nuestros peores críticos; reconocer que cometer errores es parte de la experiencia humana.
  2. Unidad: cada persona tiene fortalezas y debilidades que la hacen única; debemos aprender a aceptarnos tal como somos.
  3. Autonomía: somos responsables de nuestras decisiones y acciones, lo que nos da una identidad independiente de las opiniones ajenas.
  4. Competencia: todos poseemos habilidades y características que nos permiten actuar de manera distinta. Es importante valorar nuestras diferencias y aprender de nuestros errores.

Además, Siquia, una red de especialistas en psicología, destacó la importancia de reconocer que las percepciones sobre lo que resulta embarazoso varían de una persona a otra. Lo que puede ser vergonzoso para uno, podría no serlo para otro. Por eso, comprender cómo los demás ven una situación puede ayudarnos a relativizar su impacto emocional.

Otra estrategia recomendada es aprender a tomarse la vida con humor. Las situaciones embarazosas que nos atormentan suelen ser rápidamente olvidadas por los demás, por lo que no siempre vale la pena darles más importancia de la que realmente merecen. Además, enfrentar nuestras propias limitaciones y empujar nuestros límites puede ser una forma efectiva de superar el miedo al juicio social.

Por último, es esencial entender que la vergüenza ajena no debe confundirse con la empatía. Aunque ambas emociones surgen en respuesta a lo que le ocurre a otra persona, la empatía es un proceso complejo que implica identificar las necesidades del otro, mientras que la vergüenza ajena es una sensación incómoda vinculada al comportamiento de alguien más. Sin embargo, en su forma más genuina, la vergüenza ajena no busca burlarse de la otra persona, sino que refleja una desaprobación interna ante un comportamiento socialmente inapropiado.

Con información de Infobae

Últimas noticias