Duda existencial

¿Existe la envidia sana? La psicología revela si es admiración o un motor de éxito personal

Expertos en psicología explican por qué no deberías temer a la comparación y cómo transformarla en motivación constructiva para tus metas.

Por Ciudadano.News

Imagen ilustrativa (web) — web

Durante años, la frase "te tengo envidia... ¡pero sana!" ha servido para suavizar uno de los sentimientos humanos más incómodos y socialmente castigados. Sin embargo, para muchos profesionales de la salud mental, la existencia de una "envidia sana" es un mito, o al menos, una confusión conceptual. 

La clave, dicen, está en la diferencia entre desear lo que el otro tiene y desear el fracaso del otro.

El consenso: no es envidia, es admiración

Una gran parte de la comunidad psicológica sostiene que lo que popularmente se denomina "envidia sana" es, en realidad, admiración e inspiración.

La envidia se define etimológicamente como el sentimiento de pesar por el bien ajeno, acompañado de un deseo subyacente de que el envidiado pierda aquello que posee. Este sentimiento consume energía, genera resentimiento y, en su forma más pura o maliciosa, busca la destrucción del éxito ajeno.

Por otro lado, la admiración es el reconocimiento genuino de los logros de otra persona y funciona como un poderoso combustible. Como señalan expertos en la materia, como la psicóloga catalana Ziortza Karranza, este sentimiento es una "fuente de inspiración" que nos anima a trabajar por nuestros propios deseos, sin hostilidad hacia el admirado. 

La psicóloga catalana Ziortza Karranza opina que es una "fuente de inspiración". (Imagen: archivo web)

Si el logro de un colega te motiva a matricularte en un curso o a esforzarte más, lo que sientes es admiración, no envidia.

La perspectiva de la "envidia benigna"

No obstante, un sector de la investigación psicológica y de la psicología evolutiva sí establece una distinción, reconociendo la existencia de una "envidia benigna" (o sana) versus la envidia maliciosa.

Estudios, incluyendo investigaciones de psicólogos evolutivos como Sarah Hill y David Buss, sugieren que la comparación puede cumplir una función adaptativa. 

La envidia benigna se enfoca en el bien que la persona posee y provoca frustración, pero activa la motivación para superarse. En este caso, el sentimiento de incomodidad nos alerta de una desventaja y nos impulsa a buscar el crecimiento personal y mejorar el desempeño, en lugar de desear el mal a la otra persona.

Imagen ilustrativa: archivo web.

Según esta visión, la emoción, aunque incómoda, se convierte en una "emoción informativa" que señala nuestros deseos y valores.

Claves para transformar la comparación en crecimiento

Los profesionales coinciden en que el verdadero problema no es la emoción en sí, sino lo que hacemos con ella. Para un manejo saludable de la comparación, recomiendan:

Reconocerla sin juzgar: aceptar el sentimiento de insuficiencia o frustración sin culparse.

Practicar la gratitud: centrarse en lo que ya se tiene para contrarrestar el foco en la carencia.

Fortalecer la autoestima: la envidia está ligada a la inseguridad. Enfocarse en el propio progreso personal es el mejor antídoto.

Enfocarse en la acción: transformar la incomodidad en un plan de trabajo concreto para alcanzar el objetivo deseado.

Aunque la palabra "envidia" sea difícil de redimir, la clave está en el diálogo interno. Lo verdaderamente "sano" es la honestidad de reconocer lo que deseamos y la capacidad de convertir ese deseo en una fuerza que impulse nuestra propia vida, usando el éxito ajeno como un faro de posibilidades, y no como una fuente de amargura.