En medio de un escenario económico adverso, donde el ajuste del bolsillo obliga a repensar cada gasto, muchas panaderías del país encontraron una salida ingeniosa: vender las facturas del día anterior a mitad de precio. Lo que comenzó como una estrategia para evitar el desperdicio, hoy se transformó en una alternativa cada vez más elegida por los consumidores.
De "plan B" a costumbre instalada
Un relevamiento realizado por el diario Crónica en panaderías de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense muestra que esta tendencia no solo se consolidó en los últimos meses, sino que genera satisfacción tanto en quienes venden como en quienes compran.
En la localidad de Merlo, Pablo, dueño de una panadería, explicó:
"Para no tirar mercadería, empezamos a ofrecer las facturas del día anterior al 50%. Al principio fue un parche, pero hoy la gente las busca. Les sirve a ellos y nos sirve a nosotros".
En su local, una medialuna fresca cuesta $700, mientras que las del día anterior salen $350. Lo mismo aplica para panes saborizados, que también se ofrecen con descuento tras 24 horas.
En Balvanera, barrio tradicional porteño, se observa la misma lógica: facturas frescas a $1.000 y a $500 si son del día anterior.
"La gente compra de a dos o tres para el mate. No se llevan más porque ya no es una compra de placer, sino algo funcional", explicó María, encargada del local.
Un fenómeno que se replica a lo largo del país
Aunque el relevamiento se centró en el AMBA, esta práctica también se repite en muchas ciudades del interior, donde el consumo de productos de panadería cayó drásticamente en los últimos meses.
La suba de las materias primas como la harina, los huevos y la manteca encareció no solo las facturas, sino también otros clásicos como las masas finas, los bizcochitos o las tortas.
Panaderos de Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán y Santa Fe reportan estrategias similares: ya sea rebajando los productos del día anterior, cocinando menos para evitar sobrantes o incluso donando lo que no se vende a comedores barriales. En muchos casos, aseguran que las ventas cayeron entre un 30% y un 50% con respecto al año pasado.
Cocinar con lo justo y reinventarse: la receta para sobrevivir
En Coronel Brandsen, Gonzalo, dueño de una pequeña cadena de panaderías, decidió no vender productos del día anterior, sino donarlos:
"Intento hornear solo lo necesario para no desperdiciar. Lo que sobra va a un comedor. Cuando hay subas de precios, el golpe se nota. Preferimos no trasladar todos los aumentos al cliente y mantenernos en pie, aunque el margen se achique mucho".
Allí, una docena de facturas cuesta $7.000 y la media, $3.500. "Las medialunas de manteca llevan productos que aumentaron más del 100%. Es un gusto que la gente se da, pero si el precio se va por las nubes, lo dejan de lado".
Además, detalló que en su panadería reutilizan las sobras para preparar budines de pan u otros productos de bajo costo, o las donan:
"Aunque la situación esté complicada, no hay que dejar de dar. Hay personas que la están pasando mucho peor".
Una tradición que resiste y se adapta
Las facturas —compañeras inseparables del mate, del desayuno familiar o de la merienda de domingo— siguen siendo parte del ritual argentino, aunque con cambios. Ya no es tan común comprar una docena completa recién salida del horno. Hoy, la lógica de consumo es más medida: se compra lo justo y necesario, y si se puede ahorrar, mejor.
