Reborn dolls entre el arte, la maternidad simbólica y la frontera con el delirio
Cada vez más personas encuentran consuelo en un objeto que simula la vida real con una precisión inquietante. ¿Puede algo inanimado reemplazar un vínculo perdido?
Una tendencia creciente en Estados Unidos y otras regiones del mundo ha puesto en el centro de la conversación a las muñecas Reborn, muñecos hiperrealistas que reproducen con precisión las características físicas de un recién nacido.
Con precios que pueden superar los USD 5.000, estos objetos comenzaron como piezas de colección y hoy se utilizan —en ciertos casos— como mecanismos simbólicos de consuelo ante pérdidas gestacionales o neonatales. Sin embargo, el uso emocional de estos muñecos plantea interrogantes profundos desde el campo de la salud mental.
La psicóloga, Anabella Serventi, conversó con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_Newsen Twitch), y analizó este fenómeno, cómo así también las causas que subyacen al mismo.
¿Qué son los reborn dolls y por qué se utilizan?
Los reborn dolls surgieron como expresiones artísticas a comienzos de los años 2.000, cuando artistas independientes comenzaban a modificar muñecos industriales para otorgarles mayor realismo. Su historia, sin embargo, tiene raíces más antiguas.
Según la psicóloga Anabella Serventi, estos muñecos "nacen simbólicamente en la Segunda Guerra Mundial, cuando se armaban con restos de otros juguetes para brindar consuelo a los niños refugiados". El término reborn alude justamente a esa idea de renacimiento emocional a través del objeto.
Hoy, estos muñecos son confeccionados con materiales como silicona de grado médico, y pueden incluir sensores que simulan respiración, hambre, movimientos corporales o reconocimiento facial. Esta sofisticación tecnológica ha elevado no solo su valor de mercado, sino también su impacto emocional en quienes los adquieren.
¿Pueden ayudar a transitar un duelo?
Desde la psicología, los reborn dolls pueden funcionar como objetos transicionales, es decir, elementos simbólicos que permiten reubicar emocionalmente una pérdida. "Funcionan como lo haría una mantita para un bebé: algo que ayuda a salir del estado de simbiosis materna para enfrentarse al mundo real", explicó Serventi. En el contexto del duelo gestacional, algunas personas encuentran en estos muñecos un modo de canalizar el vínculo frustrado con un hijo perdido.
Sin embargo, la especialista advirtió: "No hay resultados concluyentes en los estudios que analizan su uso. Cada duelo es diferente, cada psiquis responde de forma única. Por eso no puede prescribirse de manera generalizada".
El fenómeno Reborn atraviesa múltiples capas: el coleccionismo, la búsqueda estética, la expresión simbólica y la sustitución emocional. Mientras que muchos coleccionistas adquieren estos muñecos para su contemplación, sin interactuar activamente con ellos, otras personas desarrollan vínculos que simulan una maternidad real.
"La diferencia está en el grado de identificación emocional que se establece con el objeto. Hay quienes comienzan a pedir licencias por maternidad, a programar rutinas de cuidado, a exigir incluso vacunación para sus muñecos. En esos casos, el vínculo empieza a interferir en la vida cotidiana y puede rozar aspectos psicóticos o delirantes", señala Serventi.
Un ejemplo extremo se registró en Brasil, donde una mujer protagonizó una discusión en una clínica médica porque un profesional se negó a vacunar a su muñeca. También se han documentado comunidades que llevan a sus reborns a parques, les asignan nombres legales o incluso los presentan públicamente como si fueran bebés reales.
¿Qué riesgos psicológicos pueden aparecer?
Desde la perspectiva clínica, el uso desmedido o no acompañado de los reborn dolls puede derivar en distorsiones narcisistas o relacionales. "Cuando el deseo de tener un hijo se convierte en un deseo de tener un bebé a medida —que no contradiga, que no crezca, que no confronte—, se cosifica al otro. Ese deseo es una forma de amor objetivizante, que se trabaja frecuentemente en consulta", advirtió la psicóloga.
Esta lógica se observa también en otros tipos de vínculos humanos, donde predomina la necesidad de control y la reducción de la incertidumbre frente al deseo del otro. "El muñeco ofrece una satisfacción simbólica que evita el conflicto, pero también limita la construcción de vínculos reales y enriquecedores", sostiene.
¿Existen beneficios en contextos clínicos?
Sí. En pacientes con deterioro cognitivo, como personas con Alzheimer o demencia, el uso de muñecos o peluches ha demostrado efectos positivos en estudios científicos. "Mirar unos ojos tiernos, sostener un objeto pequeño, puede activar conductas de cuidado y conexión emocional. Pero esa función también la puede cumplir un peluche, no necesariamente un bebé hiperrealista", explicó Serventi.
Estos usos deben estar supervisados clínicamente y ajustados al estado emocional y cognitivo del paciente. El riesgo surge cuando la función simbólica se desborda y el objeto reemplaza vínculos humanos reales o interfiere con la vida cotidiana.
¿Estamos reemplazando el vínculo humano por objetos programables?
La aparición de muñecos con IA y la posibilidad de diseñar bebés hiperrealistas según preferencias personales plantea una pregunta inquietante sobre el futuro de los vínculos. ¿Estamos creando relaciones afectivas controladas para evitar el conflicto, el deseo ajeno, el dolor?
Según Serventi, estas prácticas pueden ser una forma extrema de evadir la incertidumbre: "Elijo un objeto que no me contradiga, que no me desafíe. Y eso es cada vez más frecuente, no solo con estos muñecos, sino también en cómo nos vinculamos con personas reales".
Además, la especialista alertó sobre una nueva ola de brotes psicóticos inducidos por la interacción obsesiva con asistentes virtuales e inteligencias artificiales. "Últimamente, han aumentado los casos vinculados al uso de plataformas como ChatGPT o Meta. La tecnología no puede reemplazar el lazo humano, aunque lo simule con precisión".