Cuidado del planeta

En Mendoza se procura medir la contaminación producida por elementos invisibles

Microplásticos y nanoplásticos invaden ecosistemas; mendoza define límites de base

Por Ciudadano.News

Nuria Ojeda, subsecretaría de Ambiente — Foto Archivo

Nuria Ojeda, subsecretaria de Ambiente, indicó a Círculo Político la necesidad de una situación de sensibilización y la capacidad de adoptar nuevos indicadores o variables en función del avance tecnológico y el conocimiento científico. Subrayó que, aunque el escenario de cambio climático no es nuevo, resulta preocupante al sensibilizar la propia industria.

La revolución industrial y el crecimiento han llevado a la adopción de nuevos materiales, modificando la manera en que se consume el plástico. Actualmente, las personas adquieren microplásticos y nanoplásticos de forma natural, siendo estos últimos cien veces más pequeños que la unidad de centímetro, presentes en productos como las botellas.

 

 

La Contaminación como Fenómeno Planetario

 

La medición es esencial para determinar el grado de adquisición de estos contaminantes y establecer indicadores de base. Esto no solo aplica a los plásticos, sino también a compuestos químicos como sodio, magnesio y calcio, para los cuales existen rangos de tolerancias permisibles para organismos vivos.

Se aclara que los microplásticos no provienen únicamente de desechos visibles (macroplásticos), sino que son trasladados por deriva continental, corrientes atmosféricas y la actividad antrópica. La provincia ha comenzado a medir ambas variables: los macroplásticos (residuos visualizables en sitios como Alta Montaña o Aconcagua) generados por la actividad propia, y los microplásticos que están presentes por los efectos de vivir en el mismo planeta.

 

La contaminación llegó a lugares muy alejados y protegidos

Este fenómeno tiene un alcance planetario. Las autoridades indicaron que no es un grado de gravedad reciente, ya que la preocupación y el estudio comenzaron hace 15 años. El nivel de contaminación ya está presente en la Antártida y en el río Horcones; se ha adoptado genéticamente en nuestros organismos.

 

Estrategias de adaptación

 

La urgencia actual radica en tomar un "testigo" o un límite de base en ecosistemas permitidos a la actividad humana, como el Parque Aconcagua, para establecer un parámetro crítico y definir una política de gestión de acá a 20 años.

 

Los microplásticos llegan a todo el organismo

La mejor estrategia inmediata frente a este escenario es la resistencia y la adaptación. Bajo la premisa de que "el mejor residuo es aquel que no se genera", se buscan acciones concretas para cambiar las concepciones del consumo, como evitar que las tapas de las botellas se separen del envase, impidiendo así que los animales marinos las ingieran. El objetivo es reducir el impacto de los materiales creados por el humano.

Esta estrategia se enmarca en la necesidad de repensar y rediseñar el consumo a nivel internacional, enfocándose en la trazabilidad de los productos desde su origen de fabricación y buscando productos con una degradabilidad óptima.

 

Mendoza, modelo nacional en gestión de residuos

 

La provincia está coordinando activamente con la estrategia nacional GIRSU (Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos). Mendoza se ubica como la tercer provincia del país con un sistema actualizado de gestión de residuos.

 

Presencia de microplásticos en el hielo

De hecho, la ley de Mendoza, promulgada hace dos meses, está siendo tomada como modelo para definir la estrategia nacional de residuos sólidos urbanos planteada por la Secretaría de Ambiente de Nación.

Entre los esfuerzos de coordinación (que incluyen Nación, provincia y municipios), se busca unificar la gestión y normalizar el glosario de términos, ya que no existía un mismo criterio estandarizado entre las provincias (por ejemplo, al denominar "puntos verdes" o "punto limpio"), una situación que no se actualizaba desde la década de 1990.

La búsqueda de estos límites y parámetros es crucial, como establecer un rango máximo de tolerancia, análogo a determinar la concentración de cloro en el agua potable versus el agua de riego, que podría causar toxicidad a las plantas. En esencia, la meta es establecer el punto de partida (el límite de base planetario actual) para poder gestionar el consumo futuro.

 

Los reservorios naturales en peligro