El consumo de productos ultraprocesados y con altos niveles de colesterol aumentó en el último tiempo, y a modo de concientización un estudio clasificó a los países en donde más calorías se consumen.
La investigación estuvo a cargo de OurWorldInData, un sitio web que apunta a reflejar los cambios en las condiciones de vida en todo mundo y tiene sede en la Universidad de Oxford. A través del mismo, se conoció que Argentina ocupa los primeros puestos de la región.
De esta manera, mediante el consumo de 3.349 calorías cada 24 horas, los argentinos ocupan el puesto 42 del ranking general.
Los países que más y menos consumen
Según se difundió, el ranking está liderado por Bahrein, siendo el pequeño país del Golfo el que más calorías consume (4.012). Por su parte Estados Unidos, reconocido mundialmente por sus cadenas de comida rápida, ostenta el segundo puesto con un promedio de 3.868 calorías por día
Muy lejos de estos dos países está República Centroafricana, que con la ingesta de 1.641 calorías es el país que menos consume en promedio.
¿Cómo se hizo el estudio?
Los expertos analizaron el consumo de calorías de 184 países con base en datos de la Organización de las Naciones Unidas, como también la ingesta de proteínas y grasas.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias?
Ante estos resultados, varios organismos internacionales aconsejaron comenzar a trabajar para educar a la población mundial. Específicamente, la Organización Mundial de la Salud estima la cifra ideal entre 1.600 y 2.500 calorías al día para un adulto sano.
Y consideró que el excesivo consumo de alimentos y la calidad de los mismos pueden tener un impacto negativo en la salud corporal, ya que puede generar enfermedades relacionadas como la obesidad, problemas cardíacos e incluso Alzheimer.
Además, la mala alimentación se relaciona directamente con la obesidad, una enfermedad crónica que produce efectos negativos en la salud a largo plazo y que involucra múltiples enfermedades que derivan de ella.
Por ese motivo advirtieron que el estilo de vida sedentario, la poca actividad física o poca ingesta de agua, como también el cansancio o el estrés crónico son considerados hábitos que pueden causar que las personas sigan alimentándose de comida chatarra.