Por primera vez en mucho tiempo, una generación entera parece estar diciendo "no" a los mandatos clásicos que definieron la adultez: casarse, tener hijos, permanecer en un trabajo toda la vida y proyectar una existencia lineal.
El psicólogo Diego Quindimil analizó este fenómeno y explicó por qué el cambio no es solo una rebeldía adolescente prolongada, sino una verdadera reconfiguración del sentido de vivir, trabajar y amar.
"Hay un fuerte rechazo a los modelos tradicionales de adultez —plantea Quindimil—. En parte, tiene que ver con una crítica, y en parte, con cierta desconfianza hacia las estructuras de los adultos".
La adolescencia extendida
Según el psicólogo, los centennials (nacidos entre fines de los '90 y mediados de los 2000) están atravesando una prolongación de la adolescencia.
"La expectativa de vida se extendió, y con ella también la adolescencia: empieza antes y termina más tarde. Hoy alguien de 24 o 25 años todavía es un adolescente, algo impensado en otras generaciones", explica.
Esa demora en "convertirse en adulto" no implica falta de madurez, sino otra forma de mirar el futuro: sin certezas ni estructuras fijas. "Esta generación no va a comprar los valores de las anteriores", afirma. En países como Japón, ejemplifica, ya se venden más cochecitos para mascotas que para bebés.
"No quieren poder, quieren flexibilidad"
Quindimil observa que, en el mundo laboral, los jóvenes buscan algo muy diferente a lo que perseguían sus padres o abuelos.
"La Generación X decía show me the money; los millennials soñaban con ser sus propios jefes. En cambio, la Generación Z quiere flexibilidad. No el trabajo para toda la vida, sino trabajos por proyecto, experiencias breves, libertad de movimiento", resume.
El psicólogo advierte que, si una persona de 25 años cambia de empleo una vez por año, ya no llama la atención. "Esperan líderes cercanos, coherentes, que los escuchen. No quieren jefes autoritarios ni estructuras rígidas", dice.
"En el mundo corporativo, el liderazgo ya no se asocia al poder, sino al equilibrio: ganar dinero sin perder libertad."
Inteligentes, pero frágiles
¿Son más inteligentes o más frágiles emocionalmente? Quindimil cree que ambas cosas. "Se conectan mucho más con lo emocional. Tienen una inteligencia emocional desarrollada, pero al mismo tiempo una baja tolerancia a la frustración. Son la generación del 'lo quiero ya'", señala.
Las redes sociales refuerzan esa lógica: "No es cierto que no les importe lo que piensen los demás. Todo lo contrario: son la generación de los likes. Quieren ser admirados, queridos, likeados. Si un video no tiene los corazones que esperan, se frustran y lo borran".
Padres entre algodones
Quindimil también apunta al cambio en el modo de crianza: "Fueron educados entre algodones, con mucho reconocimiento. Les dijeron 'qué lindo, vas a ser Picasso'. Eso generó autoestima, pero también poca tolerancia al límite".
Muchos padres, dice, adoptaron un rol de "pseudoamigos", lo que dificulta poner límites y, por ende, sostener figuras de autoridad claras.
La revolución del trabajo y del amor
Para el psicólogo, estamos frente a una revolución profunda. "Los grandes valores sociales —el trabajo y el amor— están siendo reconfigurados. La inteligencia artificial va a reemplazar empleos, y eso obligará a repensar el sentido del trabajo. Ya se habla de rentas universales o de una sociedad donde se trabaje menos y se viva más, pero también más solos".
En el plano afectivo, los vínculos se vuelven más inestables: "Cada vez hay menos parejas, menos hijos, más aislamiento. Hoy no es mal visto decir 'no quiero tener hijos'. El ideal de familia tradicional se diluye".
"Se viene un mundo donde se trabaja menos, se vive más, pero también más aislados. Una suerte de distopía moderna", concluye Quindimil.

