En tiempos donde la tecnología amenaza con automatizarlo todo, Mariano Chiesa demuestra que hay algo imposible de replicar por una máquina: la emoción verdadera. Con más de 25 años de trayectoria, es una de las voces más reconocidas de Argentina y América Latina. Locutor, actor de doblaje, coach comunicacional y productor, Chiesa representa a esa camada de artistas de la voz que entendieron que su oficio exige mucho más que hablar bien.
En el marco del Día del Locutor, Chiesa reflexionó en diálogo con El Interactivo (lunes a viernes, de 12 a 14, por FM 91.7 y Ciudadano_News en Twitch) sobre el presente y futuro de una profesión en constante transformación. "La competencia es con uno mismo", sentencia, como punto de partida para explicar cómo pasó de ser una promesa del doblaje argentino a convertirse en una figura clave para marcas globales como Nike, McDonald's, Coca-Cola, Disney+, Motorola o Mercado Libre.
"La competencia es con uno mismo."
Más allá de la voz
La historia de Mariano no se resume a grabar eslóganes. Su ductilidad y capacidad de interpretación lo convirtieron en uno de los actores de voz más requeridos del continente. Fue la voz de Barney el dinosaurio, Cosmo y Crocker en Los Padrinos Mágicos, Sportacus en Lazy Town, Bloo en La Mansión Foster, y Gaturro, entre otros personajes memorables. Pero también, y de forma paralela, fue construyendo un camino más silencioso y profundo: el del formador de comunicadores.
"Si pensás que vas a ser locutor toda la vida sin adaptarte, estás en un pensamiento naif."
"Si pensás que vas a ser locutor toda la vida sin adaptarte, estás en un pensamiento naif. Hoy el locutor tiene que grabar desde donde esté, editar, entregar material limpio y entender de producción. El oficio cambió, y lo que se espera de nosotros también", explica, al recordar cómo grabó series desde su estudio en Miami, con un director en Argentina y un operador en México. "Hoy no es concebible que un locutor no tenga su propio estudio", advierte.
"Nos enseñan a comer, a escribir, a manejar, pero no nos enseñan a hablar ni a conectar emocionalmente al hacerlo."
Formación sensitiva: conectar para comunicar
En paralelo a su carrera como actor y locutor, Chiesa desarrolló una metodología de trabajo que llama formación sensitiva en comunicación, basada en despertar la emocionalidad auténtica de quienes deben hablar en público. "Me tocó entrenar a personas del FMI, a Miss Universo, a políticos. Y en todos los casos el trabajo empieza igual: entendiendo qué te pasaba de chico, cómo era tu entorno, cómo te hablaban", contó.
"Fue muy difícil emigrar. Dormía en un colchón en el piso y mientras tanto la gente me escribía desde Argentina diciendo que quería ser como yo."
Su enfoque parte de una observación fundamental: "Nos enseñan a comer, a escribir, a manejar, pero no nos enseñan a hablar ni a conectar emocionalmente al hacerlo". La formación sensitiva invita a los comunicadores —de cualquier rubro— a descubrir cómo su historia personal influye en su forma de hablar, y cómo pueden usar eso para volverse más auténticos y creíbles.
"Una vez entrené a una mujer en Inglaterra que tenía chances de ser gerenta de una empresa. Le decían que siempre sonaba enojada. Trabajamos sobre su historia familiar, sobre a quién temía defraudar, sobre cómo se hablaba en su casa. Se dio cuenta de que hablaba rígido porque tenía miedo de conectar con algo muy real. Logró soltarse, y se quedó con la gerencia".
"Hace 18 años les decía a los locutores que había que sentir: llorar, reír, enojarse mientras grababan. La emoción no falla."
La emoción como marca registrada
En un ambiente en el que muchas voces suenan similares, Chiesa sabe que su diferencial está en el alma que pone en cada texto. "Hace 18 años les decía a los locutores que había que sentir: llorar, reír, enojarse mientras grababan. La emoción no falla". Y eso se nota. No solo en sus trabajos comerciales —como ser la voz de los mosquitos de Raid o la de Chips Ahoy—, sino en la devolución que recibe de quienes trabajan con él.
"Una vez a mi papá, que me ayuda con la parte administrativa, le preguntaron por qué las marcas me eligen a mí. Y la respuesta fue simple: porque a Mariano le creen".
Migrar, perder, reconstruirse
Radicado en Estados Unidos desde hace años, Chiesa no romantiza su camino. Reconoce los logros, pero también los momentos de vacío y pérdida. "Fue muy difícil emigrar. Me separé, estuve solo, tres años sin salir del país. Dormía en un colchón en el piso y mientras tanto la gente me escribía desde Argentina diciendo que quería ser como yo. Nadie sabía lo que realmente estaba pasando".
Sin embargo, nunca dejó de producir, entrenar, grabar. "Hay que romperse el alma. La vida no es fácil. No hay excusas. Si no lo intentás, nadie va a tocarte el timbre para darte trabajo", dice, como quien aprendió a empujar incluso cuando no había fuerzas.
¿Qué viene después?
Para Mariano Chiesa, el futuro del locutor no es una sentencia, es una posibilidad. Una invitación a diversificarse, a explorar otras formas de comunicar, a usar la voz como una herramienta más entre muchas. "Cuanto más pueda diversificarse un locutor, mejor. El micrófono es una bendición, pero también una responsabilidad".
Su historia, en definitiva, es la de alguien que nunca dejó de estar listo, aún cuando todo parecía desmoronarse. Y esa es quizá la mayor enseñanza en un día como hoy: que ser locutor no es solo hablar —es conmover, adaptarse, reinventarse—, y que la verdadera voz no está en la garganta, sino en la decisión de decir algo que importe.

