Cada 1 de junio se celebra el Día Internacional de las Infancias, una fecha clave para reflexionar sobre los derechos, intereses y necesidades de niños y niñas en todo el mundo. El juego, como herramienta esencial para su desarrollo, sigue vigente, aunque cambió su forma.
Hoy, tanto en Argentina como en otros países, conviven las infancias que saltan la soga o juegan a la rayuela en la vereda, con aquellas que exploran mundos virtuales a través de videojuegos o contenidos digitales. No se trata de una competencia, sino de una muestra de cómo las formas de jugar se amplían y se adaptan a los tiempos.
El 1° de junio fue establecido por la ONU en 1956 como una jornada para "consagrar la fraternidad y la comprensión entre los niños y las niñas del mundo entero". Sin embargo, la historia de esta conmemoración se remonta a 1952, durante la Conferencia Internacional en Defensa de la Niñez celebrada en Viena. Allí se proclamó que, por el solo hecho de nacer, "el niño tiene derecho a ser feliz".
Décadas más tarde, el 20 de noviembre de 1989, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, un documento fundamental al que adhirieron tanto Argentina como Chile. A partir de ese hito, en muchos países estas dos fechas —1 de junio y 20 de noviembre— se unificaron en una misma conmemoración. La Convención reconoce derechos especiales para la infancia y se apoya en cuatro principios básicos: el interés superior del niño, la no discriminación, la participación en las decisiones que los afectan y la garantía de su supervivencia y desarrollo.
Jugar también es crecer
Lejos de ser solo una forma de entretenimiento, el juego cumple un rol fundamental en el desarrollo emocional, cognitivo y social de los chicos. A través del juego, aprenden a imaginar, a ponerse en el lugar del otro, a resolver conflictos, a enfrentar desafíos, a crear mundos posibles.
La creatividad se potencia cuando inventan una historia para sus muñecos o diseñan niveles en un videojuego. La empatía aparece cuando negocian roles en un juego simbólico o colaboran en una partida online. La resiliencia se fortalece cuando aprenden a perder en un juego de mesa o superan un nivel difícil en una app educativa. Cada dinámica lúdica representa una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.
El juguete ya no es solo un objeto
Hoy, los juguetes también evolucionan. En un entorno cada vez más digital, los productos físicos se reinventan para incluir códigos QR, acceso a aplicaciones o experiencias inmersivas. Títulos como Minecraft, Stumble Guys o los contenidos de YouTube Kids ya no se limitan a la pantalla: también están presentes en estanterías y cajas de juegos.
"El juguete de hoy tiene que competir con estímulos muy veloces. Por eso, más que resistirse a lo digital, la industria está encontrando formas de integrarlo con lo físico para no perder conexión con lo que las infancias realmente desean", destacan desde Vulcanita, una empresa dedicada al desarrollo de juguetes.
Cristina Caffaro, Marketing Manager de la compañía, lo resume así: "Los juguetes ya no son únicamente objetos físicos: son puertas de entrada a mundos narrativos, sociales y emocionales que también existen en lo digital".
El último informe de la Toy Fair da cuenta de una tendencia clara: los juguetes de 2025 estarán cada vez más diseñados según los intereses, estilos de vida y preferencias individuales de los chicos. Con un 69% de los padres influenciados por recomendaciones online o de influencers, los fabricantes apuestan a propuestas personalizadas e inclusivas que fortalezcan el vínculo emocional con las marcas.
Volver a jugar, también entre generaciones
Otra tendencia que crece es el regreso de los adultos al mundo del juego. Según la misma investigación, el 73% de los padres ha comprado juguetes para sí mismos, y el 61% lo hizo para compartir con sus hijos. Casi la mitad colecciona o juega con juguetes para revivir su infancia, mientras que el 40% disfruta transmitir esos recuerdos a las nuevas generaciones. La mezcla entre pasado y presente ayuda a cerrar la brecha generacional.
El rol de los adultos
En este contexto, el acompañamiento de familias, educadores y adultos es fundamental. Proponer juegos que impliquen movimiento, diálogo o imaginación, fomentar el uso consciente de las pantallas e incentivar la curiosidad son acciones clave para enriquecer la experiencia lúdica.
Pero, sobre todo, es importante recordar que el juego es un derecho de las infancias, no un lujo. Crear entornos que lo protejan y lo fomenten es parte de construir una sociedad más justa, inclusiva y feliz para todos los niños y niñas.