La caída histórica de la natalidad en Argentina, que proyecta un descenso del 27% en la matrícula escolar, activó las alarmas por el cierre de salas. Sin embargo, para la neuroeducadora Lorena Bottero, este escenario es la llave para humanizar la educación.
El modelo de aulas superpobladas, donde un docente hace malabares con 35 estudiantes, impidió durante años la enseñanza personalizada. Con grupos reducidos, la escuela puede finalmente transformarse en un espacio de contención emocional y atención a la diversidad, desde trastornos del espectro autista hasta talentos individuales.
"Hoy los niños no van solo a aprender contenidos; traen sus realidades al aula", explica Bottero. La neuroeducación enseña que cada cerebro es único y requiere movimiento y escucha activa, algo inviable en la masividad.
Para que esta crisis sea una mejora real, son urgentes políticas públicas que protejan al docente —hoy afectado por salarios bajos y falta de vocación en jóvenes— y garanticen que la menor cantidad de alumnos se traduzca en una mayor calidad educativa para el año 2030.