Oportunidad de vida

Alianzas público-privadas: la semilla de la reinserción laboral en las cárceles de Mendoza

Germán Millán, director de la Unidad de Producción del Servicio Penitenciario, detalló en Círculo Político los convenios que permiten a internos trabajar para empresas privadas. Oficios, remuneración, y hábitos para alcanzar la libertad.

Por Ciudadano.News

Casi 290 personas privadas de libertad desempeñan tareas para empresas privadas en complejos como San Felipe, Almafuerte, y El Borbollón. — Web

La provincia de Mendoza ha dado un paso firme en la modernización de su sistema penitenciario a través de acuerdos de colaboración mutua con el sector privado. Con el fin de comprender en forma más profunda este cambio, la producción de Círculo Político, por Ciudadano News, convocó a Germán Millán, director de la Unidad de Producción del Servicio Penitenciario.

Penal de calle Boulogne sur Mer

Recientemente, la firma de un decreto con la empresa Suavipac se sumó a una red de convenios que busca transformar el tiempo de condena en una oportunidad de aprendizaje real. Según explicó Millán, "estos acuerdos representan un salto de calidad a lo que ya se venía haciendo" en talleres tradicionales de carpintería o herrería, permitiendo que empresas de diversos rubros instalen su propia maquinaria y materia prima dentro de los penales para capacitar a los internos.

Capacitación y hábitos para el futuro

El modelo actual no solo busca la ocupación del tiempo, sino la creación de un entorno laboral genuino que facilite la vuelta a la sociedad. Millán destacó que "el efecto es muy positivo porque el convenio busca que las personas tengan hábitos laborales, que aprendan un oficio y que ese oficio les sirva para tener una herramienta más de trabajo" una vez cumplida su sentencia.

El modelo actual no solo busca la ocupación del tiempo, sino la creación de un entorno laboral genuino que facilite la vuelta a la sociedad.

Un caso emblemático es el de la empresa de calzado Xinca, que trabaja con materiales reciclados en el penal de San Felipe y ha llegado a contratar a personas que ya recuperaron su libertad para integrarlas a su proceso productivo fuera de los muros. Este círculo virtuoso asegura que el trabajo sea remunerado, permitiendo que los internos generen ingresos mientras cumplen su condena.

Un sistema inclusivo y en expansión

Actualmente, cerca de 290 personas privadas de libertad desempeñan tareas para empresas privadas en complejos como San Felipe, Almafuerte I y II, y la unidad de mujeres de El Borbollón. Lo más destacado de este programa es su carácter inclusivo, ya que el acceso a estas vacantes no depende del tipo de delito cometido.

"Estos acuerdos representan un salto de calidad a lo que se hace en talleres tradicionales de carpintería o herrería" (G. Millán)

El director de la Unidad de Producción aclaró que "no es una condición qué tipo de condena tiene o qué grado de peligrosidad; la condición es que esa persona demuestre interés en participar y que cumpla con los requisitos que la empresa impone", tales como cumplir horarios y normas de convivencia.

Para el sistema penitenciario, el trabajo es una pieza clave de la "gran maquinaria" del tratamiento, que se complementa con la educación, la psicología y el trabajo social. Como bien señala Millán, el objetivo final es que el interno adquiera cualidades reales para el mercado laboral, aunque advierte que este esfuerzo debe ser mutuo: "Nosotros hacemos una parte, pero la sociedad también tiene que estar preparada para recibir a estas personas".