El consumo per cápita de carne vacuna, que en Argentina llegó a 47,2 kilos por habitante por año, marcando el nivel más bajo en 28 años, está golpeando a los sectores sociales más vulnerables, según el análisis de un experto en la industria cárnica nacional.
El promedio, dado a conocer ayer martes por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), correspondiente al período enero-octubre, refleja una caída del 11,2% en comparación el mismo lapso del año anterior.
La cifra sitúa el consumo de carne vacuna muy por debajo de los niveles históricos, impactando significativamente en los hábitos alimenticios de la población.
Ariel Morales Antón, coordinador federal de CAMyA (Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores), manifestó: "Estos porcentajes significativamente son ligados a lo que hoy vive la Argentina. No creo que el argentino haya desplazado o suplantado otros productos que incidan en ese porcentaje en la baja. Es la situación macro que vive. El proceso de reacomodamiento en la economía que transita Argentina hace que el consumo per cápita lo tengamos en estos valores que son los peores históricos, muy bajos".
"Teníamos valores mucho más altos, habíamos llegado hasta 68, 70 kilos. Pero esto tiene que ver con un tema macro. Un tema de reajuste que está haciendo el país de acuerdo a la situación que se encuentra hoy el salario, el atraso que ha tenido, la pérdida de poder de compra. Los precios de la carne deberían estar más altos porque hoy el costo de producción es alto. Tenemos una inflación que está bajando. Pero venimos con valores inflacionarios de diciembre, enero, febrero y marzo altos. Con valores de la carne al mismo precio", consideró.
Valoró que, "la carne es un producto en la mesa de los argentinos que rinde. Si mirás los productos sustitutos para suplantar la carne están mucho más alto. La carne tiene un valor alto para lo que gana la gente. Pero en relación con los mercados es un valor bajo, porque acá cuesta mucho producir. Pero en este negocio, como es de oferta y demanda, la gente es la que le pone el precio".
"Entonces, no se está empujando en la demanda porque hoy no se pueden convalidar los kilos que veníamos haciendo. Pero el kilo de carne hoy en Argentina en relación con las otras cosas es bastante accesible. Debería reacomodarse un poquito para arriba a llegar a un valor donde podamos de a poco sumar los kilos y volver a tener los que teníamos antes. Es un tema del salario porque aclaro, estadísticamente, el 75% del consumo interno lo tenemos en nuestro país. Dentro de ese 75%, el 80% es de los sectores medios bajos y más vulnerables los que más consumen carne. No son los de clase media alta", analizó.
Reflexionó que, "quiere decir que ahí donde se golpeó fuertemente el salario y donde se siente esta recaída en el consumo, porque de todo lo que consumos los argentinos los que mayor se consume son las clases media y baja. Y ahí es donde está golpeando. Pero la carne tendría que tener un valor de reacomodamiento al proceso inflacionario que viene absorbiendo la cadena, tiene que llegar un valor nominal donde se estabilice en un mercado donde la gente lo pueda pagar".
"En la mesa de las carnes en Rosario, en la Bolsa de Comercio, cuando fue el congreso ganadero, tocamos el tema de los más desfavorecidos. Porque hay una especie de esta onda verde, de que la carne, los animales, las faenas, que matar los animales y en la reunión llamé a la reflexión y dije por qué no ponemos a los profesionales de la salud que expliquen lo importante de la proteína cárnica en el desarrollo de los niños y ancianos", dijo.
Y añadió: "Es muy importante, porque hay una especie de desplazamiento a que se coma otra cosa y la carne, no solamente en nuestro país, es cultural. Si no que tiene una proteína muy importante en el desarrollo del ser humano. Esto no quiere decir que no haya otros productos, pero ojo con esto que viene a nivel mundial de desplazar la carne, no matar a los animales, que el sacrificio".
"No tiene incidencia el porcentaje por esta creencia. Acá lo que más golpea a los porcentajes es que los sectores más bajos, que son los que más consumen carne, en ese sector no hay esa ideología de que no se tenga que comer carne. Aparte, esto también lleva un costo, ese tipo de consumo que no sea carne también tiene un costo de vida, pero esto es totalmente macro", indicó.
Anticipó que, "el año que viene tendremos, seguramente, una reacción ante los mercados de la carne. Así que, si algunas variables económicas el gobierno trata de ajustar, como el levantamiento del cepo, que la inflación se pueda contener y pueda ser la misma durante todo el tiempo y tenemos una oferta de hacienda gorda, un consumo que se viene sosteniendo y no baja más que este porcentaje, podemos llegar a tener todo el año sin un aumento de carne. Y eso es importante, porque hace seis meses que la carne no aumenta y va a tocar algún valor estos meses. Pero porque va a saltar la hacienda por un tema estacional. No vamos a tener precios locos a fin de año, porque estamos en una economía de recesión".
"Habrá una variación, pero no muy alta. Primero, no hay empuje en la compra por pérdida del salario, y después, tenés una oferta que está más o menos sostenida. Que puede bajar un poco por un tema de época, porque la carne de la única manera que puede aumentar es que falte hacienda porque la demanda la está empujando. En este caso tenemos recesión, no tenemos un consumo importante y hay una oferta que si se sostiene aumenta 7, 8 puntos. Y de última habrá una especie de absorción de varios sectores de la cadena donde los matarifes no aumentarán abruptamente. Y el destino final pondrá un porcentaje para no perder ventas. Porque en este momento lo que no hay son buenas ventas", reflexionó.
Y agregó que, "tiene que ver en sostener los kilos y esperar a ese reacomodamiento económico que será el año que viene, marzo abril. Pasará este verano y veremos el año que viene donde nos encontramos. Qué cantidad de cabezas hay. Este es un negocio de oferta y demanda. No hay nadie que le ponga el precio a la carne, pero para el común de la gente habrá un aumento no tan significativo. Pero un aumento habrá, si se sostiene mejor, que la gente llegue a fin de año y el año que viene veremos cómo seguimos".
"Tenemos la exportación con un pequeño aumento donde venía atrasada. Y este incremento hizo que el sector productivo pueda valorizar un poco más la hacienda. Argentina empezó a cumplir con la cuota Hilton, se está cerrando el año, los compromisos, hay países donde ha vuelto a recuperarlos. Entonces, es importante que el sector exportador, que es el menor porcentaje de la faena en Argentina, pueda recuperar países. Porque la exportación no solamente emplea gente directamente si no empuja en la compra de ese novillo pesado de aquel que hace exportación. Entonces, le da más valor al productor", manifestó.
Remarcó que, "es importante que Argentina en exportación y consumo interno trate de sostener los precios para que el eslabón primario que es el productor le pueda ser rentable. Y pueda seguir trabajando y seguir ofertando hacienda al mercado y que no escasee el producto. En la exportación, Argentina debe recuperar países perdidos por políticas anteriores y desde el consumo interno alentamos eso. Y tratamos de tener también una mejor convivencia con la industria frigorífica exportadora".
"El sector tiene un desafío muy importante. Primero, la industria frigorífica de consumo interno y exportación deben tener una relación comercial. Hoy por el tema sanitario no la tienen. Ahí se puede armar una combinación comercial que permita que la gente pueda acceder a ciertos cortes con hueso que antes no se exportaban y ahora sí. Y es el desafío para el año que viene. Tema baja de impuestos, de cargas fiscales, que haya más pluralidad, mayores actores en el negocio", apuntó.
Admitió que, "el desafío es tratar de que toda la industria frigorífica federal de la Argentina pueda tener el status sanitario y estar habilitado tanto para ser consumo interno como para exportación. O en caso de que los frigoríficos de consumo interno no hagan exportación, puedan comercializar cortes que los exportadores requieran para colocar en ciertos países y eso hoy no se da. Europa, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Australia, son lugares más desarrollados en este tema y ese problema no lo tienen".
"Es un desafío del Senasa, una decisión política de la Argentina donde debería avanzar en el reacomodamiento de toda la industria frigorífica del país, de los pueblos más chicos, las ciudades para que puedan combinar y comerciar entre la exportación y el consumo interno. Ese es el desafío. Y otro tema también es tratar de que se valorice el peso argentino en relación con el dólar más que nada por un tema exportable. La industria frigorífica exportadora siempre reclamó un dólar más competitivo, pero a su vez trae problema interno. Entonces, si se levanta el cepo, esta brecha se equipara un poco y los salarios empiezan a levantar. Creo que la economía y la carne y la industria y los productores van a reinvertir y pueda ser que nuestro sector pueda no sufrir más estos altos y bajos", se esperanzó.

