¿LAPSUS O DETERIORO?

Si se te olvidan a menudo las cosas, es por un motivo que no imaginaste

Hay detalles que nos hacen poner en alerta, por eso es importante determinar si pueden ser graves o si debemos reírnos de ellos.

Por Ciudadano.News

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La memoria es un proceso complejo que involucra la codificación, el almacenamiento y la recuperación de información. Aunque la memoria es fundamental para nuestra supervivencia y aprendizaje, el olvido es un proceso inevitable que puede afectar nuestra capacidad para recordar.

El olvido es un fenómeno universal que afecta a todos, sin importar la edad, el género o la inteligencia., Y aunque puede ser frustrante y desconcertante, es un proceso natural que forma parte de la función cerebral

Imagen: National Geographic

Según científicos de la Fundación Pasqual Maragall, con sede en Barcelona, España, la relación entre memoria y olvido es incuestionable. No podemos hablar de la memoria sin hablar del olvido. Olvidar no es malo, explican, y de hecho, es necesario y beneficioso

Imaginemos que pudiéramos recordar cada minuto y cada detalle de nuestra existencia. Seguramente sería insoportable y no resultaría efectivo cuando en algún momento quisiéramos recuperar una información concreta. No obstante, a veces, la razón del aparente olvido es en realidad un despiste o un lapsus de atención, aseguran los especialistas de la Fundación mencionada.

Razones por las que olvidamos

Una teoría del olvido explica por qué ocurre eso. Según la teoría del decaimiento, cada vez que se aprende algo se crea un nuevo trazo mnésico (de memoria) que, si no se evoca ni es recreado durante mucho tiempo, decae, se debilita y puede llegar a desaparecer, con la consecuente pérdida de información por la falta de repetición.

La información almacenada en la memoria puede decaer con el tiempo, mientras que la información nueva puede interferir con la información almacenada.

Por ejemplo, la falta de repetición puede llevar al olvido, mientras que el estrés y la ansiedad pueden afectar la memoria, lo mismo que el envejecimiento.

Parece lógico pensar que, para minimizar la incidencia de estos lapsus tenemos que prestar más atención a aquello que hacemos, pero si tenemos en cuenta que una de las grandes ventajas de las secuencias de acción rutinaria es, precisamente, la liberación de la mente de la necesidad o del esfuerzo expreso de atención, entonces no parece la mejor recomendación. 

Estrategias para no olvidar

De todos modos, si somos propensos a cometer estos lapsus, podríamos valernos de algunas estrategias, como las que proponemos a continuación.

Un primer paso esencial es concienciarnos de cuáles son las situaciones o circunstancias en las que más a menudo tenemos este tipo de lapsus. 

En ese sentido, cuanto las tengamos identificadas, podemos decidir si los lapsus pueden conducir a errores o negligencias importantes o no. Si no es así, no debemos preocuparnos demasiado, incluso tomarlo con cierta dosis de humor.

Aseguran que olvidar es un proceso natural que forma parte de la función cerebral.

Por otra parte, podemos hacer un esfuerzo deliberado por prestar atención cuando se trate de algo importante. Por ejemplo, si sabemos que a menudo, cuando ya estamos en la calle, nos damos cuenta de que nos hemos dejado el monedero, procuremos dejarlo en un lugar concreto que reduzca la posibilidad de que esto suceda. Podemos, por ejemplo, adquirir el hábito de guardarlo en el bolso o en el bolsillo de la chaqueta o ponerlo junto a las llaves de casa.

También es útil utilizar algo como señal para indicar que ya se ha realizado una acción o para que nos sirva de indicador sobre el momento de la secuencia en la que nos encontramos.

Es importante ver que existe una diferencia entre los fallos de memoria en tareas cotidianas debidos a lapsus de atención y las dificultades derivadas de problemas de memoria. 

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Tanto el olvido como los lapsus o despistes forman parte del funcionamiento cotidiano normal. Pero al respecto, la Fundación Pasqual Maragall aconseja que, si los lapsus se convierten en demasiado frecuentes, junto a olvidos reiterados o, en definitiva, aparecen problemas de  que supongan un cambio relevante respecto a cómo hemos rendido siempre, o interfieran en el desarrollo de las tareas cotidianas, y no se atribuya la causa a un momento de estrés o circunstancias pasajeras, se debe pedir la opinión de un profesional por si fueran señales de alerta

Con información de Fundación Pasqual Maragall, Barcelona, España