La explicación de Federico Sturzenegger, ideólogo central del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023, sobre la desregulación de las cuotas en los colegios privados, se presentó como una defensa conceptual que trasciende el mero ajuste de precios.
Para el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, la remoción de los topes y acuerdos arancelarios, como el recordado programa "Cuota Justa", no es un acto contra la educación, sino un imperativo de la libre competencia y una vía ineludible para garantizar la calidad.
La lógica de la libre competencia
El argumento central de Sturzenegger se basa en la crítica a la intervención estatal que intenta administrar precios en mercados donde la oferta y la demanda deberían operar sin restricciones. Él sostiene que los acuerdos de precios (techos) históricamente han generado una distorsión predecible: todos los colegios, sin importar su nivel pedagógico o infraestructura, terminan cobrando el máximo permitido. Esto anula el incentivo fundamental para la mejora.
Según esta visión, si un colegio con una propuesta innovadora, con mejores docentes o con tecnología de punta desea invertir y, por lo tanto, cobrar un arancel superior para solventar esa mejora, el tope se lo impide.
Del mismo modo, si un colegio con baja calidad desea bajar su precio para atraer alumnos y competir, el tope se lo dificulta indirectamente, ya que el precio de referencia siempre es el máximo. La consecuencia, para Sturzenegger, es una competencia por el mínimo esfuerzo, donde la inversión en calidad se estanca.
El mito de la 'cuota justa'
El economista fue particularmente crítico con las iniciativas de "precios justos" aplicadas al ámbito educativo. Argumenta que estos programas, lejos de proteger al consumidor, lo engañan. Al fijar un precio uniforme o cuasi-uniforme, se establece un piso de calidad que no incentiva a la excelencia.
La desregulación, por el contrario, fuerza a cada institución a justificar su precio ante los padres. Si un colegio cobra una cuota alta, debe ofrecer una calidad excepcional que lo distinga. Si no lo hace, los padres, como consumidores informados, migrarán a una opción más económica o de mejor rendimiento.
Esta dinámica, explica el expresidente del Banco Central, es la que verdaderamente empuja a la innovación educativa y a la eficiencia económica.
Calidad vs. intervención estatal
El meollo de la defensa de Sturzenegger reside en un postulado ideológico: la calidad educativa no se logra con control estatal de precios, sino con la libertad de elección de los padres y la competencia de las instituciones. La intervención, al homogenizar el precio, homogeniza la calidad a la baja.
Con la eliminación de las regulaciones de precios, la expectativa es que emerja una segmentación más clara en el mercado: escuelas de élite con aranceles elevados y prestaciones premium, escuelas de precio medio altamente competitivas en su relación costo-beneficio, y opciones más económicas que compitan por volumen.
Para Sturzenegger, este esquema es más honesto y dinámico que un sistema regulado que, a su juicio, solo consiguió encarecer uniformemente la educación sin premiar la excelencia.