La tragedia de Bahía Blanca no terminó con el cese de las lluvias, el último relevamiento eleva a 13 el número de víctimas fatales a lo que se suma la desesperada búsqueda de desaparecidos a lo que se suma el drama de dos hermanitas que fueron arrastradas por la correntada.
El drama permitió una imagen hasta hace pocos días impensable ver al gobernador Axel Kicillof junto a los ministros de Seguridad, Patricia Bullrich y de Defensa Luis Petri, que no dudaron en despalzarse hasta la ciudad bonaerense y desplegar toda la logística y ayuda disponible para mitigar el sufrimiento de los daminficados.
Dentro del terrible drama humano y las incontables pérdidas materiales fuerzas armadas y de seguridad nacionales mas los equipos de rescate y salvamento se desempeñaron con la eficiencia ya conocida. Quedará sin duda mucho por hacer y reparar en lo material y contener a los que sufrieron pérdidas irreparables de familiares.
Pero como todo hecho que afecta a las personas tiene su costado político o es utilizado y leído como tal. Ese es el caso de la reacción de las autoridades y en ello al propio presidente de la Nación. Bullrich movilizó su personal inmediatamente, otro tanto hizo Luis Petri, que se encontraba el viernes en Mendoza participando del tradicional Desayuno Real previo a la Fiesta de la Vendimia, y debió partir inmediatamente hacia la zona afectada.
Pero todo el mundo se enfocó en las actitudes de Javier Milei, quien tomo la correcta decisión de no viajar a Mendoza a participar de los festejos vendimiales, pero no fue a la zona del desastre y dijo que se quedaría en Olivos "monitoreando el accionar del operativo que encabazaban los dos ministros".
Las noticias recientes señalan que hubo manifestaciones de rechazo a la presencia de los dos ministros y el mandatario no quiso exponerse a una situación parecida además están todavía calientes los entredichos con Kicillof.
Los desastres como el de Bahía Blanca tienen dos componentes: la violencia climática y la falta de obras de infraestructura. Hay pruebas elocuentes de esto. La ciudad de Buenos Aires tenía lugares que, cuando llovía, se convertían en un infierno para los que vivían allí.
La avenida Juan B. Justo o zonas de Belgrano se convertían en ríos por donde no se podía circular, y la gente perdía muchas cosas en esos episodios. El haber encarado grandes obras solucionó el problema de manera definitiva.
La Argentina tiene un atraso enorme en obras de infraestructura, especialmente en la Provincia de Buenos Aires. Los peronistas no encaran esas obras porque son una mezcla de ignorantes y corruptos.
El peor momento
Creen en sus ideas nefastas y no en la ingeniería que permite evitar o atenuar los efectos de las circunstancias extremas del clima. Recordemos la inundación de La Plata en 2013, con una gran cantidad de muertos. El gobernador en ese entonces, Daniel Scioli, no había hecho ninguna obra en zonas críticas; se dedicó a esconder muertos y, ahora, forma parte del gabinete de Milei, siendo ídolo de los mileistas.