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De Perón a Milei: coincidencias históricas, antagonismos ideológicos

Perón y Milei emergen del mismo hartazgo popular. Ochenta años después, la historia argentina se espeja en dos líderes con antagonismos ideológicos, pero ambos con el propósito de refundar el país desde sus cimientos.

Carlos Campana

Por Carlos Campana

5 Noviembre de 2025 - 08:00

Juan Perón y Javier Milei
Juan Perón y Javier Milei

5 Noviembre de 2025 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista

A casi diez días de las elecciones nacionales de medio término, donde La Libertad Avanza volvió a imponerse frente a la oposición, la Argentina ingresa en una nueva etapa política que obliga a mirar hacia atrás. 

Porque en este país de ciclos repetidos la historia no siempre se repite como tragedia ni como farsa: a veces, se espeja con asombrosa coherencia. 

Ocho décadas después del surgimiento del peronismo, vuelve a irrumpir una figura que divide aguas, desafía estructuras y propone refundar el país desde sus cimientos.

Javier Milei, economista liberal libertario, encarna la contracara de aquel destacado militar que en 1946 asumía la Presidencia con una visión estatista, nacionalista y basado en la doctrina social de la iglesia católica, con una impronta profundamente socialista

En apariencia, nada más opuesto. Pero en la trama de la historia argentina -tan propensa a las paradojas- los extremos suelen rozarse. 

Perón y Milei emergen de un mismo humus: el desencanto popular, la fatiga ante el sistema, la búsqueda de redención. Ambos irrumpen con fuerza mesiánica en contextos de crisis y ambos logran conectar con un pueblo que siente haber sido traicionado por las viejas élites.

Uno habló de "la comunidad organizada". el otro, del "orden espontáneo" del mercado. Dos caminos distintos para un mismo propósito: domesticar el caos nacional.

Perón y el Estado redentor

Cuando Juan Domingo Perón apareció en la escena pública en los años cuarenta, la Argentina atravesaba una etapa de transición: una nación rica en recursos, pero con cierta situación de desigualdad, con instituciones débiles y cuestionadas por una parte de la ciudadanía y un proletariado en ascenso. 

Imagen: archivo web
Imagen: archivo web

Su visión fue integradora: el Estado debía arbitrar los conflictos y garantizar justicia social. Con el gobierno de facto que había asumido en 1943 y posteriormente, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, Perón, puso en práctica leyes y derechos a una gran parte los trabajadores en especial, a los más marginados, consolidó sindicatos y transformó al obrero en sujeto político.

Cabe destacar que como militar Perón vivió -y creció— dentro del Estado. Su poder no fue ajeno a la estructura burocrática; fue su producto. El Estado, para él, no era un problema sino la herramienta del progreso. A través de los Planes Quinquenales, nacionalizaciones y políticas de redistribución, buscó construir un orden basado en el trabajo y la equidad, pero al costo de una creciente dependencia del aparato público que posteriormente trajo consecuencias muy negativas para el país.

Ya en la presidencia Perón -a fines de 1946- creó el Partido Justicialista, su gran jugada: un movimiento sin raíces en las élites, cimentado en la calle, la emoción y la lealtad. 

La política dejó de ser representación y se volvió pertenencia. El pueblo y el líder se confundieron en una sola identidad.

Milei y la revolución de la libertad

Javier Milei surge, ochenta años después, desde el extremo opuesto de esa concepción. En una Argentina extenuada por el déficit, la inflación y la corrupción enquistada desde hace más de 100 años seguida por la mayoría de los gobiernos, su figura representa una rebelión contra el estatismo que Perón ayudó a consolidar. 

Milei no proviene del aparato: proviene del mercado y de la actividad privada. No busca dirigir desde arriba, sino liberar desde abajo.

Imagen: archivo web
Imagen: archivo web

Su movimiento, La Libertad Avanza, nació de cero y se gestó desde el inconformismo ciudadano, del mismo modo en que el peronismo se originó desde el malestar social. Pero mientras aquel prometía justicia social mediante la intervención estatal, Milei propone justicia mediante la responsabilidad individual. 

Donde Perón quiso integrar al pueblo en el Estado, Milei quiere emancipar al ciudadano del Estado.

Su triunfo del 26 de octubre de 2025 marca más que una victoria electoral: señala un absoluto cambio de paradigma de gran parte de la ciudadanía. El país parece, una vez más, ante un punto de inflexión entre el pasado dependiente y un futuro de autonomía.

Dos crisis, un mismo hartazgo

En 1946, la Argentina enfrentaba desigualdad, concentración económica y una elite desconectada del pueblo. En 2025, enfrenta la fatiga del estatismo y la mediocridad institucional. Ambas etapas comparten el síntoma: descreimiento en el sistema tradicional.

Perón ofreció un Estado protector; Milei ofrece un Estado mínimo. Uno apeló a la emoción colectiva; el otro, a la racionalidad económica. Pero ambos interpretaron el mismo clamor: que alguien se atreva a cambiarlo todo.

El peronismo surgió como la promesa de dignidad para el trabajador; el mileísmo, como la promesa de dignidad para el contribuyente. Son reflejos opuestos de una misma necesidad de renovación. En ambos, la política se convierte en acto de fe.

El liderazgo como construcción emocional

Ni el peronismo ni el liberalismo libertario podrían explicarse solo desde la economía. Ambos se apoyan en la emoción

Perón dominó el arte del relato: habló al corazón de los "descamisados", transformó la política en epopeya, en un dogma y junto a Eva Duarte, fundó un mito que aún perdura. 

Junto a Eva Duarte
Junto a Eva Duarte, un mito que aún perdura. (Foto: archivo web)

Milei, con su estilo intempestivo, repite la fórmula desde otra trinchera: encarna la autenticidad frente a la hipocresía del poder, la rebeldía frente a la corrección política.

El secreto de ambos no está en las ideas -que podrían discutirse hasta el infinito- sino en su capacidad de despertar esperanza en un pueblo agotado. En esa alquimia emocional se encuentra la clave del liderazgo argentino.

Populismo y liberalismo: dos rutas hacia la redención

El peronismo nació en un país que buscaba industrializarse. El liberalismo libertario emerge en otro que busca desburocratizarse. En ambos casos, el objetivo es el mismo: reconstruir la Nación.

Perón culpó al capitalismo individualista de la desigualdad. Milei culpa al intervencionismo estatal de la pobreza que desde hace varias décadas viene destruyendo los estratos sociales más bajos. 

El primero nacionalizó ferrocarriles, bancos, medios de comunicación, servicios e impuso una gran carga impositiva para hacer obras públicas y otorgar otros beneficios a los más necesitados. 

El segundo propone la inversión privada, local e internacional, privatizaciones, desregularizaciones y bajas de impuestos. Ambos, sin embargo, coincidieron en algo esencial: el poder debe concentrarse para transformar la realidad.

Mientras Juan Domingo Perón construyó su poder apoyándose en una maquinaria comunicacional sin precedentes -una red de medios estatales, publicaciones oficiales, transmisiones radiales obligatorias y una constante exaltación de su figura y la de Eva Perón-, el gobierno de Javier Milei se caracteriza por una austeridad comunicacional inédita

Perón comprendió el valor de la propaganda como instrumento de cohesión y control político, invirtiendo sumas considerables en difundir cada acción de su gestión. Milei, en cambio, prescinde de la pauta oficial como herramienta de influencia, priorizando la comunicación directa a través de redes sociales y vocerías técnicas

Esta diferencia subraya un cambio de modelo: del Estado propagandista que moldeaba la opinión pública al liderazgo que apuesta a la transparencia de los datos, la competencia de ideas y la reducción del gasto político como símbolo de coherencia entre el discurso y la acción.

La diferencia es ética y filosófica. Perón creyó en el Estado como padre; Milei, en el ciudadano como adulto. Perón organizó multitudes; Milei impulsa individuos. Dos visiones opuestas, pero un mismo propósito: devolverle rumbo a un país que parece vivir en el péndulo.

Economía y moral del progreso

El modelo peronista logró industrializar en parte, pero al costo de un Estado monstruoso e hipertrofiado que terminó financiándose con inflación. Milei, en cambio, propone lo inverso: austeridad, equilibrio fiscal, competencia y mérito. 

No se trata solo de números: se trata de moral económica. El esfuerzo, el mérito y la propiedad privada recuperan su lugar frente al privilegio y la prebenda.

El desafío, claro está, es lograr que la libertad no derive en anarquía ni el ajuste en desigualdad. Pero si el Estado deja de asfixiar al productor y al ciudadano, la Argentina puede volver a ocupar un sitio entre las naciones que producen, innovan y prosperan.

De la tercera posición al realineamiento occidental

Perón creyó posible que la Argentina se erigiera como un "tercer polo" con otros países denominados "en vías de desarrollo" entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Aquella "tercera posición" fue, en teoría, un gesto de independencia; en la práctica, una política errática que debilitó la proyección exterior del país. 

Perón llegó incluso a inculcar en el imaginario popular la idea de que las potencias occidentales -en especial Estados Unidos y el Reino Unido- eran enemigos del pueblo argentino, responsables del "imperialismo económico" que había sometido a América Latina durante años.

Esa narrativa nacionalista, más emocional que racional, terminó condicionando por décadas la política exterior argentina, confinándola a la desconfianza y la autarquía.

Milei, por el contrario, ha elegido reinsertar a la Argentina en el eje de las democracias occidentales, asumiendo que el progreso nacional depende de alianzas sólidas con naciones que comparten valores de libertad, mercado y Estado de Derecho. 

Su decisión de reconocer a Estados Unidos e Israel como socios estratégicos no es un gesto ideológico sino una definición de rumbo. Representa el retorno a la racionalidad internacional: cooperación tecnológica, seguridad, inversiones y respaldo político en foros globales.

Frente al antiamericanismo histórico que el peronismo inoculó, Milei propone una diplomacia pragmática, consciente de que la riqueza y la innovación se generan en los polos del capitalismo moderno.

El eje Milei-Trump: una visión convergente

La sintonía entre Javier Milei y Donald Trump simboliza un nuevo tipo de liderazgo que combina soberanía con capitalismo competitivo. Ambos creen que el Estado debe servir al ciudadano productivo, no someterlo. Ambos defienden el orden, la propiedad privada, la seguridad y la identidad cultural frente al globalismo burocrático.

Milei ve en Trump un aliado natural en la reconstrucción del vínculo entre América y Occidente. Su afinidad con el expresidente estadounidense -ahora nuevamente con fuerte presencia internacional- expresa una visión común: el rescate del mérito, el orgullo nacional y la libertad económica como motores de desarrollo.

Milei busca alinear al país de manera estratégica. Foto: web
Milei busca alinear al país de manera estratégica. Foto: web

Mientras Perón buscó "no alinearse" y terminó aislado, Milei busca alinearse inteligentemente para potenciar el desarrollo argentino. El resultado es un giro de 180º: de pasar del antiimperialismo retórico a la cooperación estratégica.

La economía y la geopolítica de la libertad

La política exterior de Milei complementa su programa económico: equilibrio fiscal, apertura comercial, eliminación de privilegios y fortalecimiento institucional. Pero detrás de esos principios económicos hay una convicción moral: sin libertad individual, no hay progreso posible.

Estados Unidos e Israel no son solo socios políticos; son modelos de resiliencia, innovación y respeto por el emprendimiento. El alineamiento con esas potencias puede traer inversión tecnológica, transferencia de conocimiento y seguridad energética, tres pilares indispensables para reconstruir la Argentina.

Perón intentó industrializar el país cerrando la economía; Milei intenta modernizarla abriéndola. Donde el primero vio enemigos, el segundo ve oportunidades. Y en un mundo que avanza hacia nuevas configuraciones geopolíticas, Argentina vuelve a tener la chance de elegir el lado correcto de la historia.

Entre la dependencia y la autonomía

La historia argentina oscila, una y otra vez, entre dos polos: el paternalismo estatal y la libertad individual. El primero generó identidad y cohesión, pero también dependencia y corrupción. El segundo promete productividad y mérito, pero exige responsabilidad y esfuerzo.

El desafío de Milei es lograr la síntesis: un Estado eficiente que garantice reglas, no privilegios; una sociedad libre que asuma la responsabilidad de su destino.

La victoria de La Libertad Avanza no es solo el inicio de un nuevo gobierno, sino el comienzo de una nueva esperanza, sin un relato nacionalista, basado en la confianza en el individuo, el respeto por el mérito y la apertura al mundo.

El futuro posible

Entre Juan Perón y Javier Milei se despliega la historia argentina en toda su contradicción: el primero buscó redimir al pueblo desde el Estado; el segundo busca liberar al ciudadano del Estado. Perón quiso una Argentina autosuficiente; Milei, una Argentina interconectada.

Hoy, al redefinir sus alianzas con Estados Unidos, Israel y el mundo libre, el país puede dejar atrás el aislamiento ideológico que lo condenó al atraso y lo sumió a la pobreza

La libertad, la innovación y el mérito vuelven a ser los motores de una nación que desea recuperar su lugar entre las grandes potencias, como lo fue a fines del siglo XIX y principios del XX.

Quizá, después de tantas décadas de pendular entre promesas incumplidas y crisis recurrentes desde hace más 100 años, la Argentina haya encontrado en la libertad su destino más genuino.

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