Análisis

De bombas, misiles y cohetes

Los últimos acontecimientos en la contienda entre Rusia y Ucrania, han despertado alarma y preocupación en todo el mundo. El poderío ruso y las dudas de Occidente, con Trump prometiendo traer paz.

Emilio Luis Magnaghi

Por Emilio Luis Magnaghi

2 Diciembre de 2024 - 10:10

Vladímir Putin.
Vladímir Putin. NA

2 Diciembre de 2024 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista

Valga como introducción a este nuevo artículo recordar que, seguramente, todos hemos quedado anonadados al ver los videos correspondientes. Me refiero la salva de misiles rusos que azotaron la ciudad ucraniana de Dnipro el pasado 24 de noviembre, cuando el ingenio bautizado como "Oreshnik" (avellano, en ruso), el que fue imposible de interceptar por las defensas aéreas, golpeó su objetivo a la espeluznante velocidad 13 mil Km/h.

Para seguir con nuestro desarrollo, recordemos que hace algunas semanas, en una de las entregas de nuestras columnas de opinión, escribimos sobre La apasionante carrera espacial: se larga la quinta etapa. En ella destacamos los siguientes hitos:

"Como todos sabemos, la cohetería fue uno de los tantos inventos de los chinos, pero que no llegaron a valorarla, inicialmente, en toda su dimensión, pues la usaban en forma de fuegos artificiales en sus festividades".

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"A partir de allí, los alemanes tomaron la delantera y durante la Segunda Guerra Mundial construyeron varios cohetes, en el marco de las denominadas armas de la venganza, con las cuales bombardearon las ciudades de sus enemigos. A la par, sentaron las bases de la cohetería moderna".

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"Posteriormente, la pugna resultante entre los Estados Unidos y la Unión Soviética por la conquista del espacio conllevó un gran esfuerzo paralelo de ambas potencias, destinado a explorar el espacio exterior con satélites artificiales y de enviar sondas y humanos al espacio y a la superficie lunar y de otros planetas cercanos".

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En nuestro artículo de hoy, queremos retomar la historia, especialmente, a partir del último párrafo y que da cuenta de la denominada carrera espacial por colocar un hombre en la Luna y que, como todos sabemos, fue ganada por los EEUU con el aterrizaje del módulo lunar de la Apollo XI en 1969. Es decir, hace más de medio siglo.

La debemos retomar porque esa carrera se ha reiniciado, no ya para obtener un logro científico; sino para producir armas que puedan ser decisivas en caso de una conflagración mundial. Y que, como sabemos, sufrió una importante inflexión con el desarrollo, construcción y detonación de un arma nuclear por primera vez en la historia al final de la Segunda Guerra Mundial.

Al igual que durante la carrera por colocar un hombre en la Luna, los EEUU y la Unión Soviética optaron por filosofías de diseño totalmente diferentes. Mientras los primeros confiaron en el ingenio humano para lograrlo, los segundos optaron por máquinas-robot para hacerlo. A partir de allí, se desató una nueva carrera espacial destinada a dotar a esos terribles artefactos de destrucción masiva con vectores que pudieran transportarlas.

Si esta visión le rindió a los EEUU sus frutos al ganar la carrera a la Luna, no parece estar sucediendo lo mismo con la de los misiles que portan cargas atómicas. Sucede que sus científicos y su industria de armamentos decidió confiar e invertir -en consecuencia- billones de dólares en sofisticados aviones de última generación que, entre otras cosas, fueran invisibles al radar, y que pudieran entregar su mortal carga sin ser detectados.

Por el contrario, la empobrecida Rusia, que había colapsado política y económicamente en 1991, justamente por no haber podido estar a la par de esta carrera armamentística, a partir de la llegada de su nuevo "zar", Vladímir Putin, en mayo del 2000, decidió repotenciar su vieja y confiable industria espacial.

No le faltaban excelentes antecedentes en este sentido para lograrlo. Es necesario mencionar al Instituto de Tecnología Térmica de Moscú y a su director, Yuri Solomonov, un científico de cohetes cuyo equipo de diseño ha sido responsable o ha participado en la creación de casi todos los sistemas estratégicos modernos de Rusia, incluidos los "Yars", "Topol-M", "Bulava" y "Sarmat", así como los hipersónicos.

Especialmente estos últimos son los que nos interesan, ya que pueden estar equipados con unidades hipersónicas planeadoras, lo que aumenta drásticamente sus capacidades por su elevada velocidad y gran maniobrabilidad y que las hacen prácticamente imparables.

Vladímir Putin y Donald Trump.
Vladímir Putin y Donald Trump.

Concretamente, estamos hablando de una velocidad de siete kilómetros por segundo o más (teniendo en cuenta tanto la ojiva como el interceptor). Pasmosa si la comparamos con la bala de un fusil que viaja a sólo 1 Km por segundo. Lo que hace que un operador humano no pueda controlar su vuelo y deba hacerlo una computadora. Lo que le permite, tanto al misil como a su ojiva explosiva, maniobrar a lo largo de su trayectoria; por lo que interceptarla se vuelve extremadamente difícil, por sus maniobras completamente impredecibles.

Si bien estos ingenios fueron pensados para portar una devastadora carga nuclear; los dimes y diretes de la estrategia, han hecho que hoy sólo porten cargas explosivas convencionales o simplemente un núcleo de metal duro, pero que al impactar a tan alta velocidad la energía que transmiten a su blanco sea equivalente a las mismas.

Sea como sea y como decíamos en nuestra introducción, su uso reciente por parte de las fuerzas aeroespaciales de la Federación Rusa contra Ucrania ha causado estupor y ha puesto en pausa la estrategia de los EEUU y de sus aliados de la OTAN de permitir al régimen de Kiev a usar sus misiles de corto alcance, como el estadounidense "ATACAMS", y de mediano alcance, como el británico "Storm Shadow". 

En consonancia con estas acciones de guerra, Vladímir Putin ha modificado la estrategia para el uso de su vasto arsenal nuclear, permitiendo que el mismo pueda ser empleado cuando un ataque convencional, como los que los EEUU y la OTAN, acaban de autorizar y amenacen o golpeen el territorio soberano ruso. En ese sentido, ha sido más que explícito y ha señalado que en pocos minutos sus misiles hipersónicos pueden caer sobre Londres, sobre París o sobre cualquier país integrante de la OTAN que facilite este tipo de ataques.

Llegado a este punto, se abre el interrogante del millón de dólares: ¿qué harán los EEUU? Es una pregunta no solo difícil de responder desde lo militar, sino también desde lo político; porque, como ya sabemos, el próximo 20 de enero asume su nuevo presidente, Donald Trump, y que ha prometido que en 24 horas le pondrá a fin a este enfrentamiento que tiene al mundo en vilo. 

¿Llegará a tiempo para cumplir con sus promesas o "algo" puede pasar en estos casi dos meses que faltan para su asunción?  No lo sabemos, preferimos, como dice la canción de John Lenon Imagine, darle a la paz una oportunidad.

marca emilio

El doctor Emilio Luis Magnaghi es director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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