Los nuevos buenos y los malos de siempre
Hechos que no se deben dejar pasar para que no se deteriore la democracia.
Por Enrique Villalobo
27 Abril de 2025 - 09:19
27 Abril de 2025 - 09:19
27 Abril de 2025 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista
La muerte del papa Francisco no volvió buenas personas a las que no lo eran, tal vez a muchos los hizo reflexionar de lo cual no sabremos el resultado, pero sí es seguro que un gran pueblo piadoso debe haber sentido la cercanía y hará lo mejor que pueda para seguir los buenos consejos del Magno Difunto.
A pesar de lo especial de estos días en los que nadie pudo escapar al suceso acaecido en el Vaticano el lunes pasado, no se debe dejar de en las palabras del arzobispo porteño García Cuerva "no entendieron nada".

Se refería a que, en el medio de los insistentes pedidos por la tan necesaria paz y concordia entre los argentinos, un grupo de desconocidos agredió verbalmente a la vicepresidente Victoria Villarruel a la salida de una misa en Flores.
No importa tanto el motivo de las amenazas, ya se sabe cuál es la posición de Villarruel frente al juicio público sobre los militares de la dictadura. Nadie va a hacer retroceder el tiempo, pues los genocidas no se arrepintieron y otros aprovecharon políticamente el principio de los Derechos Humanos y sobreactuaron a tal punto que la gente empezó a mirar para otro lado.
En consecuencia, poco y nada se aprendió del espíritu del Nunca Más.
Sigue el rencor y el sentimiento faccioso que ha dividido a los argentinos desde el origen de nuestra historia.
La democracia parece estar asegurada pero no hay que descuidarla, no debe convertirse en algo vetusto y relegarla, porque si a alguno le está molestando la puede dañar y mucho para perjuicio de todos.

No es necesaria una conspiración ni un golpe militar, la herida puede ser pequeña, puede consistir en dichos y hechos de intolerancia, en agresiones individuales, verbales o físicas. Pero la herida se puede infectar, crecer y afectar a todo el organismo.
Los insultos que salen cada vez con más frecuencia de la boca del Presidente, irritan, atemorizan, y hasta paralizan a los destinatarios, tanto por lo desigual de la relación entre emisor y receptor, como por lo extemporáneo e innecesario del hecho.
Lo que pasó en la parroquia de San José de Flores con Villarruel, lo que ocurrió contra periodistas de La Nación+ y de TN en las marchas por los jubilados tienen el mismo origen execrable porque parten de quienes mintieron durante casi dos décadas diciendo que estaban del lado de los más necesitados y no les mejoraron la vida.

El fanatismo no tiene ideologías ni bandera, es un virus que se extiende si no se lo combate.
Hace pocos días el episodio del cobarde y artero ataque al periodista Roberto Navarro es otra demostración del peligroso camino que se está empezando a transitar. Todo comenzó con insultos, locura desatada y el periodista en el hospital tras haber sido golpeado por la espalda y en la cabeza.
Esto quiere decir que si ahora son esbirros que quieren imponer ideas en forma errática, a los gritos, insultos y cuando pueden a los golpes, se está a poca distancia de que lo sea en forma organizada, con armas, objetos contundentes y, ojalá nunca suceda, con banderas extrañas, insignias y algún tipo de raros uniformes.
Alguna vez se dijo que la violencia de arriba justifica la violencia de abajo, hace cuarenta años que dejamos eso atrás para que nunca más regrese.

Muchos criticamos duramente al Papa argentino, tal vez por eso, porque nosotros también somos argentinos. Recibió a gente de todo pelaje, puso caras para todos los gustos, y desde acá perdimos de vista el propósito de su misión.
Es posible que aún no sea tarde para entender lo que es el espíritu de concordia que él intentó trasmitir.
