Perspectivas

Lenguajes duros y señales que hay que observar

Los mensajes políticos de campaña están muy lejos de la posibilidad de diálogo.

Por Enrique Villalobo

Milei empezó de espaldas al Congreso./ — Foto Archivo

Los contenidos de los mensajes de campaña electoral no contienen nada de proyectos o promesas, salvo los dos anuncios que hizo el Presidente en su Cadena Nacional  de los cuales uno es la reafirmación de una práctica que ya se estaba llevando a cabo y el otro es un proyecto muy difícil de concretar.

Lo que se pueda hacer desde el Poder Ejecutivo o las acciones que quedan en manos de los legisladores, en la Argentina dependen mucho de ciertas circunstancias, de las posibilidades y de los intereses personales o sectoriales.

En general hasta ahora la receptividad del público sigue respaldando al programa libertario con muy poca pérdida de puntos en los meses transcurridos desde el aparentemente lejano 10 de diciembre de 2023.

Mauricio Macri y Kartina Milei. ¿Acuerdo o imposición?

La inflación está en un nivel bastante bajo y nada por el momento apunta a que se dispare, el dólar no se pone nervioso a pesar de la inseguridad económica reinante.

Muchas opiniones que se escuchan aseguran que hay sufrimiento social y económico, pero son numerosas las voces que aseguran que se está dispuesto a soportar las penurias "con tal que no vuelva el kirchnerismo".

Ese es un dato atendible pero en este país el pasado puede estar por delante si perdemos de vista el futuro.

Lo que viene es la competencia plagada de diatribas, insultos y descalificaciones, generalmente atadas a prejuicios ideológicos de uno u otro extremo.

Cuando los argumentos son poco entendibles y las propuestas de la otra costa son poco creíbles, queda el recurso de guiarse por la intuición, los afectos, el rechazo liso y llano, el conformismo con lo logrado, o, el peor de los escenarios: no ir a votar.

 

Martín Menem, hábil negociador.

Actitudes preocupantes

Todo el proceso de renovación de cuerpos legislativos y la trayectoria de la gestión presidencial ha dejado muy atrás dos signos que no por quedar en el olvido, dañan la identidad democrática de la Argentina que tanto ha costado afianzar.

Quizá le prestemos poca atención y nos contradigamos cuando reclamamos que se hable de futuro y no se mire al pasado, pero hay que mirar hacia él en busca de enseñanzas.

Con los protagonistas de los extremos políticos e ideológicos no es extraño que se utilicen ciertos lenguajes inapropiados y muy criticados.

El jueves 7 de julio La Libertad Avanza lanzaba su campaña electoral en la provincia de Buenos Aires con una recorrida por los distritos más postergados del partido de La Matanza, recorrida con buzos violetas con los que estaban uniformados incluso los más conspicuos ex amarillos del PRO.

Cristina en Santa Fe anunció "vamos por todo".

Hasta ahí nada diferente, sin embargo, la imagen más difundida fue una foto que se tomaron todos los asistentes con Javier Milei y Patricia Bullrich incluidos.

Entre todos portaban una pancarta que anunciaba "Kirchnerismo" "Nunca más", la connotación de este mensaje visual emite un mensaje de intolerancia hacia un espacio por ahora bastante rechazado y con fuertes deudas con la justicia y con la sociedad.

Pero se trata de un espacio que, con todas esas lacras, fue elegido democráticamente para gobernar varias veces en la Nación y en las provincias. Si no es posible en este momento abrir una camino de diálogo, no hay lugar para la intolerancia con intenciones de exclusión o eliminación.

El kirchnerismo tampoco tiene las manos limpias en cuanto a las garantías del respeto democrático.

Un día de febrero de 2012, en Rosario, la entonces presidenta, Cristina Fernández de Kirchner al ver el apoyo popular que le demostraba el público presente le dijo a unos militantes "Ahora vamos por todo", en una inequívoca propuesta totalitaria.

Anuncio que suena agresivo.

La frase se replicó en los medios y se repitió en algunos actos oficiales o se dio a entender como intención solapada.

El kirchnerismo siguió gobernando y aún mantiene bastante poder político, el mileísmo seguirá gobernando como le corresponde constitucionalmente, pero sin exabruptos que puedan jugar con la libertad y las instituciones.