Es historia

Las desconocidas vacaciones de José de San Martín en Derbyshire

El Libertador de América vivió reflejados en cada rincón de Inglaterra el pasado, el presente y el futuro de su propia lucha, alejado de la política y la guerra que marcaron su vida.

Carlos Campana

Por Carlos Campana

2 Noviembre de 2024 - 16:00

Craven Arms, uno de los lugares donde paró José de San Martín en Inglaterra. (Foto: archivo web)
Craven Arms, uno de los lugares donde paró José de San Martín en Inglaterra. (Foto: archivo web)

2 Noviembre de 2024 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista

En junio de 1824, Deddington, un pequeño y pintoresco pueblo en el corazón de las Islas Británicas, recibió la visita inesperada de dos viajeros de renombre: José de San Martín, el Libertador de América del Sur, y su amigo y camarada de armas James Paroissien. 

Ambos partieron desde Londres, aprovechando unos días de descanso para conocer la campiña inglesa, entre valles y colinas, alejados de la política y la guerra que habían marcado sus vidas.

Un encuentro con la historia en Deddington

La llegada de los dos amigos a Deddington fue un remanso de paz. Este pintoresco pueblo de casas de piedra ocre, casi dorado, les ofreció un respiro en un ambiente donde el tiempo parecía detenido. Al hospedarse en una antigua posada con vistas a la iglesia de San Pedro y San Pablo, el vencedor de Maipú no pudo evitar sentirse transportado a un mundo ajeno a la constante lucha de su vida.

Lejos de la políticas y las batallas, el General San Martín pasó por
Lejos de la política y las batallas, el General San Martín pasó por varios pueblitos ingleses. (Imagen: web)

El General San Martín aprovechó el primer amanecer en este tranquilo pueblo para observar el bullicioso mercado, repleto de comerciantes de acentos británicos que ofrecían productos de la tierra. 

El mercado de Deddington sigue en pie como hace 200 años, cuando lo visitó el Libertador. (Foto: web)
El mercado de Deddington sigue en pie como 200 años atrás, cuando lo visitó el Libertador. (Foto: web)

La escena, con el olor a pan recién horneado y el murmullo de voces, resultaba muy diferente de los escenarios de batalla y tensiones políticas que conocía. En esos momentos de paz, los recuerdos de su lucha por la independencia de América del Sur quedaron atrás.

Un recorrido por la campiña inglesa: camino a Mollington

Al partir de Deddington, San Martín y Paroissien emprendieron el viaje hacia Mollington. Las estrechas carreteras rurales, rodeadas de verdes praderas, los llevaban hacia un pueblo en el que el tiempo parecía no haber avanzado. 

Carnfield Hall, la mansión en la que se alojaron San Martín y Paroissien en 1824. (Foto: web)
Carnfield Hall, la mansión en la que se alojaron San Martín y Paroissien en 1824. (Foto: web)

En Mollington se detuvieron en una taberna rústica, donde disfrutaron de un desayuno sencillo y acogedor. Allí, las historias de otros viajeros que pasaban se entrelazaban con el Padre de la Patria, generando un ambiente de camaradería que trascendía la nacionalidad o el origen.

La travesía continuó y cada parada en la ruta revelaba paisajes de colinas onduladas, viejas iglesias de piedra y casas de campo. 

En Craven Arms, un pequeño pueblo en el que hicieron una breve parada, el héroe de los Andes observaba con atención el entorno, identificando detalles y valores que el tiempo había moldeado. Para el General, cada piedra parecía guardar historias de resistencia y tradición, y cada paisaje una lección de historia.

Postal de Craven Arms, uno de los pueblos recorridos por el Libertador. (Foto: web)
Postal de Craven Arms, uno de los pueblos recorridos por el Libertador. (Foto: web)

Reflexiones sobre el progreso en Long Itchington

En el camino hacia Long Itchington, el ambiente bucólico se mezclaba con el inicio de la industrialización. Al detenerse para almorzar, Paroissien, quien tenía un amplio conocimiento de la ingeniería, le habló a San Martín sobre el sistema de canales que estaban cambiando el comercio y el transporte en Gran Bretaña. 

Fascinado, el nativo de Yapeyú escuchaba los detalles de estos adelantos, pensando en las posibilidades que semejante infraestructura podría ofrecer en América del Sur, donde imaginaba un continente en el que el progreso, basado en un sistema de transporte eficaz, pudiera conectar sus regiones y abrir puertas a la modernización. 

Mientras conversaban sobre los cambios que transformaban al Reino Unido, San Martín, como liberal y progresista, veía en estas innovaciones una promesa de desarrollo y prosperidad para su propia tierra, aunque el viaje aún estaba lleno de paradas que le revelarían mucho más.

Coventry y Nuneaton: las leyendas de la historia inglesa

El viaje los llevó luego a Coventry, una ciudad vibrante y rica en leyendas. Aquí, San Martín se sintió rodeado de la historia británica, especialmente en el simbolismo de la figura de San Jorge, cuyas estatuas se elevaban en el horizonte. 

Mientras paseaban por las calles escucharon historias sobre el valor y la nobleza de los héroes locales, un sentimiento que resonaba en el propio corazón de San Martín. Coventry se convertía, para él, en una especie de espejo donde podía ver reflejada su propia gesta independentista.

Luego de Coventry, los viajeros se dirigieron a Nuneaton, donde observaron con curiosidad los matices de la vida cotidiana en este pequeño poblado. Aquí se notaba la esencia de las tradiciones inglesas: las antiguas costumbres, el orden riguroso y la atención a los detalles. 

San Martín encontraba en esta sociedad una disciplina que respetaba profundamente, y al continuar hacia Ashby-de-la-Zouch, sintió que cada paso en esta travesía lo hacía más consciente del valor de su propia historia.

El misterio y la magia de Ashby-de-la-Zouch

Con sus ruinas y sus calles impregnadas de historia, Ashby-de-la-Zouch les ofreció un refugio de encanto. La noche cayó mientras cenaban en el Queen's Head Inn, donde el ambiente, cargado de mística, parecía evocar secretos de amor y traición. 

La cena fue un banquete para los sentidos, con los sabores y aromas de la cocina tradicional inglesa, acompañados de las risas y las charlas de otros viajeros.

José de San Martín, disfrutando de la compañía de Paroissien, se sentía nostálgico, pero al mismo tiempo, esperanzado. La historia del castillo de lord Hastings, con sus intrigas políticas y sus misterios, despertaba en él pensamientos sobre las intrincadas relaciones de poder en América del Sur y Europa. 

Aunque estas luchas quedaban distantes en el tiempo y el espacio, el patriota sudamericano reconocía que los desafíos del poder y la libertad eran universales y constantes.

Un encuentro con el pasado en Carnfield Hall

Finalmente, el viaje culminó en la imponente Carnfield Hall, una antigua mansión en Derbyshire que evocaba siglos de historia. Esta residencia, construida en los siglos XV y XVI, había sido testigo de amores, tragedias e intrigas familiares. 

Al llegar, el jefe de la familia, Joseph Wilson, les brindó una cálida bienvenida, y la joven prometida de Paroissien, Isabella, también estaba allí para encontrarse con su amado. La hospitalidad de la familia Wilson hizo que San Martín se sintiera como en casa.

Durante la estancia en Carnfield Hall, los anfitriones compartieron historias de fantasmas y leyendas familiares, relatos que despertaron en San Martín cierta inquietud por profundizar aún más la conversación con el dueño de la mansión, Mr. Joseph, quien contó algunas historias más. 

La oscura y calurosa noche sorprendió a los visitantes, que antes de la medianoche pasaron a descansar en los cuartos preparados especialmente para San Martin y su amigo Paroissien.

La travesía y el retorno: un viaje hacia el futuro

Los días en Carnfield Hall pasaron entre conversaciones, cabalgatas y visitas a zonas aledañas, como la mansión de Hardwick Hall, un lugar con mucha historia que fue construido en la época Isabelina, en donde el Libertador quedó encantado por su historia y por su arquitectura. 

Su travesía por la campiña británica no solo había sido un descanso, sino también un recorrido introspectivo que lo reconectó con su propósito. Al finalizar el viaje, cada lugar que visitaron, cada persona con la que hablaron, se convirtió en una pieza que reforzó su compromiso con el ideal de libertad.

Llegado a su residencia en Londres, José de San Martín vio todo con una nueva perspectiva, consciente de que el progreso y la modernización no eran incompatibles con los valores humanos que había defendido toda su vida. 

El Libertador guardaba en su corazón un profundo agradecimiento por las experiencias vividas y por la compañía de su amigo Paroissien.

Este viaje dejó una huella indeleble en la mente de Padre de la Patria, quien, más que un turista, fue un observador agudo de un mundo en transición. En cada rincón de Inglaterra vio reflejado el pasado, el presente y el futuro de su propia lucha.

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