En la Argentina alguna vez hay que hacer las cosas bien, eso no es otra cosa que asegurar el bienestar general, donde el mejor resultado no siempre provenga de la suerte o la picardía sino del trabajo.
Y ese trabajo sea digno y justamente remunerado. Hasta ahora desde los tiempos de la irreal Argentina potencia estuvieron los que trabajaron, los que ganaron y los que mintieron diciendo que defendían a los que trabajaban.
En más de 200 años nos han vivido diciendo que se van a hacer las cosas mejor y que, ya está, es hora de empezar. Y vuelta otra vez a confiar y esperanzarse. Aclaremos que es ese el derecho que nunca se pierde.
Si esa esperanza se mide en porcentajes, la que surge al principio de un gobierno se deshilacha un poco con el paso del tiempo, es natural. Lo que hay que observar es en cuanto tiempo se empiezan a ver las costuras.
En estos días de vientos cruzados e incertidumbre (la peor condición para los políticos en el poder) Javier Milei asegura que la segunda mitad de su gobierno no van a ser los dos años hasta 2027 sino los cuatro años siguientes hasta 2031.
Y está bien que eso se diga ahora, que tampoco es nada del otro mundo que un presidente quiera la reelección. La quiso Menem, también Cristina y la logró, también Macri, pero perdió. Además, el mandato de 4 años fue pensado para repetirlo, pero solo una vez.
Blanqueada la intención de Milei queda en sus manos hacer las cosas de manera tal que gane la reelección. Tal vez sea en esa carrera en que se entusiasme por gobernar para todos y no solo querer demostrar que sus ideas de economía son irrefutables como verdades reveladas.
Por lo pronto hay gente que no está convencida del todo y quiere aportar algo al proyecto o plan que todavía no están totalmente develados.
Una señal positiva y muy novedosa es el acuerdo comunicado por cinco gobernadores de provincias que aportan mucho a la riqueza nacional.
Córdoba y Santa Fe con un inmenso potencial agropecuario, Chubut y Santa Cruz con el petróleo, y Jujuy importante polo minero con la producción de litio. Se pueden sumar otras provincias posiblemente cuyos gobernadores no quieren derribar al Presidente y no están en la nueva grieta con Victoria Villarruel.
Solo quieren que sea visibilice que hay otras verdades parciales y no absolutas. El solo hecho que la presencia de dos radicales, un peronista, uno del PRO y otro de origen sindical se unan en un objetivo concreto puede significar algo de aire fresco.
Pero como la política no es para ingenuos hay que esperar que no empiecen a surgir los egos y que nadie esgrima algún alto porcentaje de votos para exigir primacías. Pues el triunfo electoral legitima sí, pero en el origen, después la gestión confirma o no esa posición ganada. Y los plazos institucionales y las leyes enmarcan el desempeño de la autoridad.
De Pullaro, Llaryora, Torres, Sadir o Vidal puede salir una alternativa para el futuro aún con Juan Schiaretti como armador y con la debacle del bipartidismo tradicional es posible animarse a conformar nuevos espacios. Por lo pronto con un proyecto parlamentario para que haya voces en el Congreso que realmente expresen a las provincias.
Ahora vendrá la respuesta desde la Casa Rosada, allí nada asegura que haya una lectura racional porque se ven enemigos en todos lados y la intolerancia suele alimentar la paranoia.

