Más que nunca en estos días es necesario que reine la cordura y que los intereses del país y de sus habitantes sea prioritario por sobre el mero interés de conseguir votos cuando es casi seguro que a esta altura la gran mayoría tiene decidido el sufragio por distintas circunstancias.
En muy pocos días, desde el domingo 7 de septiembre, el Presidente y el ministro de Economía cambiaron las formas y los contenidos de la comunicación varias veces.
Desde el pausado y moderado discurso de aceptación de la derrota con la comprensible reafirmación de los objetivos que Milei siempre a esgrimido, desde su paso por los programas de televisión y la misma campaña presidencial.
Ya Toto Caputo había sobrado a un periodista que le interrogó sobre por qué en ese momento se consideraba que el dólar estaba subvaluado y le respondió como todos recuerdan "si está barato compra campeón".
Siempre acompañando a la postura presidencial de que no se moverá ni un centímetro el "plan económico" ahora se ve forzado a admitir que el método de tranquilizar la suba prevista e imparable de la moneda norteamericana es sacrificar las divisas, por ahora del Tesoro y pronto del Banco Central.
El mercado, que es un hecho de la sociedad, compuesto por los particulares que buscan refugiarse en el dólar por las dudas mas los pequeños y medianos empresarios que tienen el acceso al crédito vedado por las altas tasas de interés y por los grandes que quieren posicionarse en la divisa e incluso especular en lo posible.
En lo político el Gobierno está arrinconado sin reaccionar ensayando algunas diatribas un poco menos violentas y agarrándosela en Córdoba con un gobernador peronista "no kuka" que representa a los que no abonan a ningún extremo.
Para colmo el mejor ministro de Economía de la historia dijo en uno de medios libertarios de streaming que "no iban a permitir que el dólar se disparase" y que se utilizaría hasta el último billete verde para impedir la escalada.
Mensaje muy poco tranquilizador si se calcula que el viernes salieron casi US$ 700 millones lo que no hace otra cosa que crear más incertidumbre y temor por lo que pueda pasar el lunes. Si se hace lo que dice Caputo nos quedamos a mitad de camino antes de llegar al 26 de octubre, cuyo resultado electoral hasta ahora no está asegurado.
Además, ese día no se va a teñir de violeta el país y no va a regresar triunfante la caterva kirchnerista que revuelve el avispero, pero solo por hacer daño porque no tiene nada nuevo que ofrecer, nada más se van a modificar un poco las relaciones de fuerza en las cámaras legislativas.
Lo que hay que evitar que a las vacilaciones e impericia de los que hoy gobiernan se sume el rumor de que "algo va a pasar en el pueblo" y que en el desorden, la falta de diálogo, la intolerancia y la mediocridad se cocine un caldo que finalmente otra vez relegue al país y frustre las esperanzas de los argentinos.

