Es imprescindible cuidar las instituciones democráticas
La sociedad argentina repudia el trauma de interrumpir cualquier mandato presidencial, conoce las consecuencias.
Por Enrique Villalobo
14 Septiembre de 2025 - 08:13
14 Septiembre de 2025 - 08:13
14 Septiembre de 2025 / Ciudadano News / Otro Punto de Vista
Hay rumores, comentarios, declaraciones, intenciones y deseos ocultos y no tanto sobre que el mandato del presidente Javier Milei tiene fin antes de completar el mandato constitucional en 2027.
No es la primera vez que esto ocurre en la historia de la Argentina, un país de facciones enfrentadas y de características irreconciliables. Y eso es peligroso en una sociedad que, aunque está convencida de sostener a la democracia y detesta la inestabilidad, pero no es sorda a los rumores y al efecto que estos tienen.
Son más que evidentes los fuertes deseos del kirchnerismo de que se interrumpa la gestión de Milei y para eso exageran una realidad que, sí, es realmente preocupante, pero todavía no se puede comparar a la casi disolución nacional que significó el fin del mandato de Fernando de la Rúa.

El gobierno nacional de La Libertad Avanza pudo cumplir con las promesas de modificar viejos problemas de la economía macro. Logró frenar la inflación, casi hiper, que desató la gestión del ex ministro de Economía y excandidato peronista Sergio Massa.
De casi el 30% en diciembre de 2023, la inflación está hoy en 1,9% sin descartar los terribles efectos del ajuste y la motosierra a los que hacen constante referencia las aves de rapiña de algunos sectores de la oposición.
Comparativamente las crisis nunca son iguales unas a otras, el país las ha ido superando mal y con durísimas consecuencias. Siempre parecieron terminales, pero subsiste una resiliencia muy particular en la sociedad.
No sabemos hasta dónde resistirán los cambios en la macroeconomía, ignoramos si realmente van a cambiar las conductas sociales deformadas por décadas de peronismo propulsor de sectarismo, corporativismo sindical, intolerancia política y pérdida de la cultura del esfuerzo.

Pero sí, ya se hacen claros los efectos de la dureza del ajuste y de la tardanza en llegar el mundo mejor que prometieron. No se entiende lo de las ideas de la libertad que ahora imperan, sobre todo quiénes son sus beneficiarios en el sentido lato de la palabra.
Pero no obstante todo eso que se interrumpa un gobierno a medio camino de su mandato significa un trauma que lastimaría mucho a la Argentina. Los efectos siempre han sido muy graves más que nada para los que no tienen como defenderse de las consecuencias sociales y económicas.
Están arreciando los rumores-deseos, los pronósticos agoreros que suelen recoger adeptos, si no los paramos a tiempo se naturalizará la circunstancia de que el gobierno está agotado y se tiene que ir, y entonces no habrá la suficiente fuerza para frenar cualquier tipo de asonada.

El peronismo no tiene escrúpulos en impulsar la caída soñando en que ellos serán los sucesores. Pero la historia de diciembre del 2001 no se repetirá. En esa época el Congreso tenía gente más inteligente y, salvo algunos errores, mantuvo la institucionalidad.
Por más que se esgriman formas constitucionales para interrumpir un mandato eso igual es traumático. Una renuncia voluntaria del Presidente pondría en marcha el proceso de sucesión con lo cual recaería el deber de completar el mandato en la vicepresidente Victoria Villarruel.
La vía del juicio político depende de las mayorías de cada cámara, los dos tercios, y eso se puede alcanzar para rechazar un veto presidencial pero no para destituir a un presidente, además eso nunca funcionó.
Para los argentinos que un presidente se vaya a su casa a mitad del término, siempre sonará a golpe de estado y en ese caso todavía estamos muy lastimados.
La democracia suele parecer débil, su fortaleza depende de la firmeza y convicción de la sociedad.
