Insólitas revelaciones

¿Fue Brasil una escuela de espías para Vladimir Putin y Rusia?

El país vecino fue una etapa en la construcción de identidades para el espionaje ruso que luego se diseminó por distintos países.

Por Ciudadano.News

Espías

Hace poco conocimos, a través del libro "Topos", de Hugo Alconada Mon, la historia de espías rusos que se convirtieron en ciudadanos argentinos para luego, con nuestra nacionalidad, desplegar sus oficios en otros países, como Lituania. Ahora se reveló una trama similar, pero aparentemente en mucho mayor escala, en Brasil.

 Se reveló al conocerse la historia del espía Artem Shmyrev, agente de inteligencia ruso con una identidad falsa con una cómoda vida como comerciante en Río de Janeiro, con novia brasileña y todos los papeles en regla: tenía certificado de nacimiento y pasaporte auténticos bajo el nombre de Gerhard Daniel Campos Wittich, brasileño de 34 años.

El descubrimiento desarmó toda una trama donde el susodicho no era el único, porque la investigación de The New York Times reveló que Rusia utilizó a Brasil como plataforma de lanzamiento para sus espías de élite, los célebres "ilegales", que se reciclaron con sus propios negocios, relaciones sociales, familias que con el paso de los años se convirtieron en la base de identidades completamente nuevas.

En Estados Unidos, en 2010, se descubrieron muchos casos sonados de espías escondidos durante años, pero en ese caso la meta era espiar a la propia Norteamérica, en cambio, en el caso brasileño, como el argentino, el objetivo no era espiar a sus países de conversión, sino convertirse en ciudadanos, en este caso brasileños, y cuando ya contaban con la cobertura de una historia creíble en Brasil, partían hacia Estados Unidos, Europa y Medio Oriente, donde sí empezaban con su verdadera tarea.

 

Brasil

 

La nota revela que los rusos convirtieron a Brasil en una línea de ensamblaje para agentes encubiertos como Shmyrev, que tenía un comercio de impresiones, otro tenía una joyería, hubo un modelo, y otro terminó como un estudiante admitido en una universidad de Estados Unidos. 

 

Cayeron las pantallas

 

Todo cambió en los últimos tres años: la contrainteligencia brasileña emprendió un silencioso trabajo para buscar a estos espías, y el trabajo policial dio resultado permitiendo descubrir un patrón que les permitió identificar uno por uno a los espías. Así, encontraron al menos a nueve agentes rusos que operaban bajo una falsa identidad brasileña, de los cuales seis nunca habían sido identificados públicamente. 

La investigación ya abarca a al menos ocho países, y suma información de inteligencia procedente de Estados Unidos, Israel, Países Bajos, Uruguay y otros servicios de seguridad occidentales. Este trabajo fue mucho más importante que una mera investigación, ya que las acciones de estos espías han dejado un saldo luctuoso en la historia reciente. Se estableció que en 2014 espías rusos ayudaron a derribar un avión de pasajeros procedente de Ámsterdam, interfirieron en las elecciones de Estados Unidos, Francia y otros países, envenenaron a supuestos enemigos y planearon golpes de Estado.

La reacción del mundo contra el espionaje ruso tuvo un detonante: la invasión de Ucrania en febrero de 2022, que disparó una respuesta global contra el espionaje ruso, incluso en partes del mundo donde esos agentes gozaron durante mucho tiempo de cierta impunidad. 

 

Operación Este

 

La investigación del vecino país eliminó a un grupo de espías de elite, que serán difíciles de reemplazar: por lo menos dos fueron arrestados, y otros se volvieron rápidamente a Rusia. Bajo el nombre clave de "Operación Este" arrancó a principios de abril de 2022, cuando la CIA le transmitió un mensaje urgente a la Policía Federal de Brasil, informando que un agente encubierto del servicio de inteligencia militar ruso había llegado recientemente a los Países Bajos para realizar prácticas en la Corte Penal Internacional, justo cuando ese tribunal se preparaba para investigar los crímenes de guerra de los rusos en Ucrania.

Viajaba con pasaporte brasileño bajo el nombre de Victor Muller Ferreira, y con ese nombre se había graduado de la Universidad Johns Hopkins, pero su verdadero nombre, según la CIA, era Sergey Cherkasov. Deportado a Brasil nuevamente por inmigración de Países Bajos, que le habían denegado la entrada al país, arribó a San Pablo y la policía lo mantuvo bajo estricta vigilancia mientras seguía libre, alojado en un hotel de San Pablo.

 

Putin

 

Finalmente, los agentes obtuvieron una orden judicial para detenerlo por el uso de documentos falsos. La dificultad es que todos los papeles eran auténticos, y recién cuando la policía encontró su certificado de nacimiento, la historia de Cherkasov, y toda la operación rusa en Brasil, empezó a desmoronarse: Victor Muller Ferreira -el nombre ficticio- nunca existió. Y sin embargo, su partida de nacimiento era real, había nacido en Río de Janeiro en 1989, hijo de madre brasileña, una persona real fallecida cuatro años después, pero cuando la policía localizó a la familia de esa mujer, descubrió que la mujer nunca había tenido hijos.

El contraespionaje brasileño empezó a buscar patrones repetidos en millones de actas de nacimiento, pasaportes, licencias de conducir y números de la seguridad social, en muchos casos tras una ardua tarea manual, y ese análisis permitió que la Operación Este desentrañara toda la operación rusa.