Irán lanzó una ofensiva coordinada con drones suicidas y misiles de precisión contra la planta de Ras Laffan, en Qatar, el corazón del suministro de gas natural licuado (GNL) global. El ataque provocó incendios masivos y daños estructurales críticos que, según expertos, podrían tardar semanas en repararse.
La interrupción ocurre en pleno invierno boreal, disparando los precios internacionales de la energía de forma inmediata. Mientras las potencias mundiales evalúan sanciones, el temor a un desabastecimiento energético masivo crece en Europa y Asia, sectores que dependen directamente de esta terminal para calefacción e industria. La tensión en el Golfo Pérsico alcanza niveles históricos.