La elección de un nuevo papa en el Vaticano está envuelta en tradición y simbolismo, tanto antes como después del momento decisivo. Tras la aparición de la fumata blanca este jueves en la Capilla Sixtina —señal inequívoca de que un nuevo pontífice ha sido elegido— el proceso continúa a puertas cerradas con una serie de pasos íntimos y solemnes.
Durante esta jornada, los 133 cardenales con derecho a voto —todos menores de 80 años— realizaron las votaciones previstas. Fue en la tercera ronda donde uno de los candidatos alcanzó los dos tercios necesarios para ser proclamado sucesor de Francisco.
Sin embargo, antes de hacer pública la identidad del nuevo líder de la Iglesia Católica, el elegido debe aceptar formalmente su nombramiento y comunicar el nombre con el que desea ser conocido como papa.
El anuncio oficial
Solo tras su aceptación y la elección del nombre papal, el Vaticano está autorizado a comunicar al mundo la decisión. Se abre entonces un breve intervalo, que culmina con la aparición del nuevo pontífice en el balcón central de la Basílica de San Pedro, repitiendo el gesto que tuvo Jorge Bergoglio cuando se convirtió en Francisco aquel 13 de marzo de 2013.
Antes de presentarse al público, el papa electo es conducido a una pequeña estancia anexa a la Capilla Sixtina conocida como la "Sala de las Lágrimas". Este espacio, cargado de significado, está preparado desde días antes con todo lo necesario para vestir al nuevo pontífice. Su nombre proviene del recogimiento emocional que allí experimentan muchos elegidos, que aprovechan esos momentos para orar o dejar fluir sus emociones.
El atuendo papal
Dentro de esta sala lo esperan tres sotanas blancas de diferentes tamaños —para adaptarse a su estatura— y varias piezas adicionales: sobrepelliz, muceta morada, estola púrpura bordada en dorado, distintos pares de zapatos, fajines, un cordón y una cruz dorada.
Cada papa decide qué elementos portar en su primera aparición pública. Por ejemplo, Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) lució tanto la muceta como la estola, mientras que su sucesor, el papa Francisco, optó por una presentación más sobria, vestido solo con la sotana blanca y la cruz al pecho.
El encargado de anunciar al nuevo pontífice es el cardenal protodiácono, Dominique Mamberti. Él proclama el nombre del elegido y su nuevo título papal, tras lo cual el flamante papa ofrece su primer mensaje y la bendición "urbi et orbi" desde el balcón, marcando el inicio de su pontificado.


