22/11/63: se cumplen 60 años del asesinato del presidente John F. Kennedy

En 1963, el entonces presidente de Estados Unidos, fue acribillado en Dallas, Texas, conmocionando al mundo y disparando cientos de teorías que cuestionaron la versión oficial del “loquito solitario”

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Este miércoles se cumplen 60 años del asesinato que conmocionó al mundo y que abrió uno de los capítulos más oscuros de la historia política de Estados Unidos. Al día de hoy, la muerte del presidente John F. Kennedy sigue envuelta en misterio y teorías de la conspiración.

Tal día como hoy, hace 60 años, el asesinato del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, conmocionó al mundo y abrió uno de los capítulos más oscuros de la historia política estadounidense.

El presidente demócrata, entonces de 46 años, recibió un disparo en la cabeza mientras su coche avanzaba por una zona abierta del centro de Dallas, en el estado de Texas y su asesinato sigue envuelto en misterio y teorías de la conspiración.

Apenas unos minutos después de que Kennedy fuera asesinado a tiros el 22 de noviembre de 1963, la reportera de la agencia Associated Press, Peggy Simpson, de 24 años, acudió corriendo al lugar e inmediatamente se unió a los agentes de policía que se habían concentrado en el edificio desde donde había disparado el francotirador solitario.

“Estaba como bajo su axila”, dijo Simpson, y señaló que cada vez que podía obtener alguna información de los agentes, corría a un teléfono público para llamar a sus editores para luego volver de nuevo con la policía.

Los últimos testigos supervivientes

Simpson, quien ahora tiene 84 años, se encuentra entre los últimos testigos supervivientes que todavía pueden compartir sus recuerdos de aquel día.

"Se perderá un vínculo tangible con el pasado cuando desaparezcan las últimas voces de ese período", dijo el curador del Museo del Sexto Piso en Dealey Plaza, Stephen Fagin, que cuenta la historia del asesinato desde el Depósito de libros escolares de Texas, donde se encontró la percha del francotirador, Lee Harvey Oswald.

"Muchas de las voces que estuvieron aquí, incluso hace 10 años, para compartir sus recuerdos como los funcionarios, los periodistas y los testigos presenciales, pues muchas de esas personas han fallecido", dijo.

Un día en América

Personas como Simpson o el exagente del Servicio Secreto estadounidense, Clint Hill, aparecen en la serie JFK: Un día en América, estrenada por National Geographic este mes. El documental combina sus recuerdos con imágenes de archivo.

La directora de la serie, Ella Wright, dijo que escuchar a quienes estuvieron allí ayuda a contar la historia "detrás de las escenas". "Queríamos que la gente realmente entendiera lo que se sentía al regresar allí y experimentar el impacto emocional de esos eventos", dijo Wright.

La gente todavía acude en masa a Dealey Plaza, por donde pasaba el coche presidencial cuando Kennedy fue asesinado.

“El asesinato ciertamente definió a una generación”, dijo Fagin, y agregó: “Para aquellas personas que lo vivieron y alcanzaron la mayoría de edad en la década de los 1960, representó un cambio significativo en la cultura estadounidense”.

Las teorías conspirativas

El presidente Lyndon Johnson formó una comisión, que estableció que Oswald había actuado solo. La comisión estuvo presidida por el titular de la Corte Suprema, Earl Warren, y para llegar a su conclusión debió descartar la hipótesis de un segundo tirador, lo cual fundamentaba la idea de una conspiración. En eso tuvo mucho que ver un asesor llamado Arlen Specter, que justificó siete heridas de Kennedy en base al recorrido zigzagueante de una sola bala. Fue lo que conoció como "la bala mágica". Y como Oswald era el único acusado y estaba muerto, no hubo juicio. El veredicto final fue el de la comisión.

Mientras se sucedieron las teorías sobre los responsables de una conspiración: los soviéticos, Cuba, el complejo militar, e incluso la mafia (Robert Kennedy, hermano del presidente y ministro de Justicia, había encarado audiencias que fueron parte de la trama de El Padrino II). Para 1964, con el caso cerrado, Estados Unidos profundizó su intervención en Vietnam.

La investigación más avanzada, y que planteó la idea de una conspiración al más alto nivel, fue la del fiscal de Nueva Orleans, Jim Garrison. A fines de 1966, y en base a que Oswald había vivido en esa ciudad hasta meses antes de ir a Dallas, Garrison encausó a un piloto llamado Davie Ferrie, ex compañero del Ejército de Oswald. En febrero del año siguiente, Ferrie apareció muerto y se habló de un suicidio.

La pesquisa de Garrison lo llevó a Clay Shaw, un empresario de Nuevs Orleans. El fiscal lo identificó como el hombre que se hacía llamar Clay Bertrand, así mencionado en el informe de la Comisión Warren, y lo acuso de conspirar para el magnicidio. Shaw fue absuelto en un juicio en 1969. Murió cinco años más tarde y se supo que había tenido vínculos con la CIA.

En el juicio, Garrison desmontó la teoría de "la bala mágica" y mostró a los asistentes un documento impactante, que recién se vería por televisión en 1974: la filmación casera del asesinato, hecha por un hombre llamado Abraham Zapruder al paso de la comitiva presidencial. Apenas 33 segundos, analizados cuadro por cuadro, y que según Garrison eran prueba palmaria de seis disparos (uno de los cuales erró al auto presidencial) y que, por el ángulo, los balazos en el pecho y en la cabeza del presidente no pudieron haber sido hechos desde el depósito de libros. Esto comprobaba la existencia de fuego cruzado y la explicación de las heridas de "la bala mágica". En palabras de Garrison: "Si hubo disparos que no salieron del depósito de libros, tenemos un segundo tirador. Y si hubo un segundo tirador, entonces estamos ante una conspiración".

En el cine

El cine sirvió para darle vigencia al asesinato. En 1973 se estrenó Executive Action, de David Miller, que abiertamente sostuvo la teoría de un complot a  nivel de la comunidad de inteligencia. El guión fue de Dalton Trumbo, que había estado en la lista negra. Protagonizado por Burt Lancaster, tuvo malas críticas y la cercanía con los hechos dificultó que hubiera distribuidores interesados en ponerla en circulación.

Seis años más tarde, llegó I como Ícaro, de Henri Verneuil, con Yves Montand como un fiscal que investiga un asesinato de un presidente en circunstancias muy similares a las de 22 de noviembre de 1963, con un lobo solitario que muere después del crimen. Lo que volvió memorable al film fue la escena en la que el fiscal observa un experimento en el que el presunto magnicida había participado, por el cual una persona hacía descargas eléctricas, cada vez de mayor voltaje, ante los errores de otro en un ejercicio mnemoténico.

La fachada era ver la capacidad de memoria de uno, cuando en realidad, lo que se observaba era hasta dónde se era capaz de infligir dolor con las descargas (que estaban fraguadas), avaladas por un tercero que decía responsabilizarse. Era el experimento Milgram, de obediencia a la autoridad.

En 1991 se estrenó JFK, de Oliver Stone, basada en la investigación de Garrison, con Kevin Costner como el fiscal. Sacudió de manera abierta al exponer la posibilidad del complot, algo en lo que Stone ahondó en JFK: Caso revisado, su documental del 2019.

Toda una generación de estadounidenses se acercó al magnicidio a partir de 1991, en medio de las críticas de Jack Valenti, uno de los hombres fuertes de Hollywood como presidente de la Motion Picture Association of America (MPAA), que nuclea a los principales estudios. Valenti había sido colaborador de Johnson (se lo ve en la foto del juramento en el Air Force One el día del asesinato).

JFK tuvo un elenco de figuras por debajo de Kevin Costner, que hizo de Garrison (el propio Garrison, que murió poco después del estreno, aparece en un cameo en el rol de Warren). Entre ellas, Donald Sutherland. En una de las escenas más impresionantes del film, el fiscal viaja a Washington a reunirse con un misterioso señor X, personificado por Sutherland, que le explica el trasfondo de la Guerra Fría y la conveniencia del complejo militar en sacar del medio a Kennedy. "La gran pregunta es por qué. El quién y el cómo son para el público. 1) ¿Por qué mataron a Kennedy? 2) ¿Quién se beneficia? 3) ¿Quién tiene el poder para encubrirlo?"

Justamente, Sutherland fue el cerebro de Executive Action, la película del 73, que iba a producir y protagonizar. De hecho, se asesoró con expertos en la teoría de la conspiración para el guión, pero abandonó el proyecto al no conseguir financiamiento. Reapareció 18 años más tarde en la película más conocida sobre el crimen.

Con información de Euronews y Página/12