Mente humana

Qué dice la Psicología sobre las personas que prefieren a los perros antes que a los gatos

Estudios revelan qué rasgos definen a quienes eligen a los perros como compañía por encima de los gatos.

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Por Ciudadano.News

21 Julio de 2025 - 14:30

Persona con perro.
Persona con perro. iStock.

21 Julio de 2025 / Ciudadano News / Estilo de Vida

La Psicología sostiene que nuestras elecciones afectivas, incluso con los animales, no son casuales. En el caso de los perros, su energía, lealtad y necesidad de compañía resuenan con personas extrovertidas y sociables. Desde esta perspectiva, los psicólogos considera que quienes prefieren perros suelen buscar relaciones dinámicas y afectivas constantes.

Según la Psicología, los "dog lovers" son más abiertos y empáticos

Distintas investigaciones en Psicología de la personalidad muestran que los amantes de los perros tienden a tener niveles más altos de empatía, apertura mental y responsabilidad. Esta ciencia vincula esta inclinación con una personalidad más estructurada y comunicativa, en contraste con los perfiles más introspectivos que eligen a los gatos.

Perro con su humano.
Perro con su humano.

Psicología emocional y mascotas: la necesidad de cercanía

Para la psicología emocional, los perros actúan como "refuerzos afectivos" activos. Las personas que prefieren a los perros suelen valorar el contacto físico, la presencia constante y la interacción directa. Esta necesidad de cercanía se explica, por patrones de apego seguro y búsqueda de validación cotidiana.

La psicología también habla de los entornos sociales

Desde una mirada sociocultural, la psicología interpreta que quienes prefieren a los perros muchas veces viven en contextos familiares o comunitarios más activos. Los perros, que demandan paseos, juego y comunicación, se adaptan mejor a entornos donde la interacción es frecuente. 

Perro con su dueño.
Perro con su dueño.

Elecciones desde la infancia, según la psicología del desarrollo

La psicología del desarrollo sostiene que muchas de nuestras preferencias emocionales tienen origen en la infancia. Haber crecido con un perro o haber tenido experiencias positivas con ellos puede influir en nuestras elecciones adultas. 

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