El reciente paquete de medidas económicas del Gobierno, centrado en una quita transitoria de los derechos de exportación (retenciones) para granos clave como la soja, el maíz, el trigo y sus subproductos, además de las carnes, generó un relativo clima de optimismo en el campo pero encendió las alarmas en el consumidor.
La decisión, que buscó inyectar rápidamente una oferta de dólares al Banco Central, coincide con una notoria baja del tipo de cambio en el mercado paralelo, un fenómeno que, tradicionalmente, debería moderar la inflación.
Sin embargo, en Argentina, la relación entre el dólar, las retenciones y los precios internos de los alimentos es un engranaje particularmente complejo. ¿Qué pasará realmente con la canasta básica? ¿El incentivo exportador se traducirá en un alza en las góndolas?
Sobre estos interrogantes, la opinión de los economistas está lejos de ser unánime.
El efecto retenciones: el dilema del desanclaje de precios
La principal preocupación de quienes anticipan un aumento en el costo de vida reside en la propia naturaleza de las retenciones: funcionan como un mecanismo para desacoplar el precio interno del precio internacional de los commodities.
Economistas consultados coinciden en el principio: si se anulan los derechos de exportación, el productor recibe el precio internacional completo por su mercadería. Dado que productos como el maíz y el trigo son insumos directos para la producción de carne (alimento de engorde) y panificados/pastas, respectivamente, el aumento del costo de la materia prima debería presionar al alza el precio final al consumidor.
Los consumidores temen que haya aumento en productos como la carne. (Imagen ilustrativa: web)
"Cuando tenés una retención, lo que estás haciendo en definitiva es desanclar el precio interno del internacional. Al sacarla, esa diferencia tiende a cerrarse, y el costo del grano sube en el mercado local", explica un analista económico, advirtiendo sobre el impacto directo en alimentos clave.
Según estudios sobre la incidencia de los costos de los cereales, una suba en el precio del trigo, por ejemplo, tiene un efecto directo en el pan y las harinas. No obstante, la magnitud de este impacto suele ser menor a la percepción general; un aumento del 10% en el cereal podría traducirse en un alza mucho más acotada, alrededor del 1%, en el pan.
El panorama se extiende a las carnes (bovina y avícola), donde la eliminación temporal también se aplicó. Si bien el objetivo es impulsar la exportación, un precio internacional más atractivo para el productor ganadero podría tentar a reducir la oferta interna, empujando los precios en las carnicerías.
La baja del dólar y la caída del consumo: los factores de contención
Frente a la teoría del "efecto retenciones", surge la visión de los economistas que ven factores de contención muy poderosos en la coyuntura actual, que podrían amortiguar o incluso neutralizar cualquier suba significativa en la canasta básica.
El primer factor es la caída del consumo. Argentina atraviesa un período de estancamiento o recesión en el nivel de actividad económica, con una demanda interna muy retraída.
Los empresarios y cadenas de valor se enfrentan a una disyuntiva: aumentar sus precios para reflejar el nuevo costo de la materia prima o mantenerlos para recomponer volumen de ventas en un mercado achicado. La evidencia reciente muestra que, en contextos de baja demanda, el traspaso a precios es mucho más lento y moderado.
El segundo factor clave es el propio dólar. La medida de retenciones cero se tomó precisamente en un contexto de volatilidad cambiaria, y su éxito inicial se tradujo en una baja del tipo de cambio en los mercados paralelos.
Imagen ilustrativa: web
Históricamente, la suba del dólar se traslada de forma casi inmediata a los precios. Si la liquidación de commodities logra sostener o estabilizar el dólar en niveles más bajos, se elimina una de las principales presiones inflacionarias: la que proviene de los insumos importados o de la mera expectativa cambiaria.
"Si bien el precio del grano puede subir en pesos por la quita de retenciones, si al mismo tiempo el dólar baja o se estabiliza, el impacto neto en pesos para el consumidor puede ser nulo o mínimo," sostiene otro economista. "La clave es dónde se estabilice finalmente el tipo de cambio".
¿Quién gana y quién pierde en la corta ventana?
La quita de retenciones es una medida de corto plazo, con una vigencia limitada (hasta el 31 de octubre, o hasta un tope de liquidación), enfocada en una urgencia financiera: la necesidad de divisas en el Banco Central.
En este escenario, el productor gana liquidez inmediata, incentivo para la venta de stock y capacidad de reinversión para la próxima siembra.
Imagen: archivo web
El gran interrogante es el consumidor, ya que la expectativa inflacionaria es real, especialmente en derivados directos como la carne. Sin embargo, la recesión y la estabilidad cambiaria actúan como "anclas" que podrían evitar un shock inflacionario severo.
En tanto, el Gobierno gana tiempo y dólares para fortalecer las reservas y afrontar vencimientos, permitiéndole mantener a raya la volatilidad financiera, que es un factor determinante para la estabilidad de precios en general.
El foco puesto en la canasta básica
En la práctica, la atención de los organismos de control de precios y los hogares argentinos se centrará en la evolución de los precios del trigo, el maíz y la carne en pesos.
Si la suba en el costo de estos commodities es absorbida por la cadena de valor (molinos, frigoríficos, industrias) para no perder volumen de ventas, el impacto será limitado.
El consenso final entre los economistas parece inclinarse por un traslado a precios moderado -y no explosivo- gracias a la baja del consumo.
La gran prueba de fuego será determinar si el incentivo a la exportación, sumado a la estabilidad del dólar, logra generar un ambiente de mayor previsibilidad que, a largo plazo, es el único camino para la verdadera desaceleración de la inflación en Argentina.