El respaldo de Estados Unidos y las medidas para el campo trajeron un alivio momentáneo al mercado, que pasó del pánico a la euforia en pocas horas. Sin embargo, los analistas coinciden en que los desajustes de fondo persisten y que el Gobierno solo ha "comprado tiempo". La sostenibilidad de esta tregua cambiaria dependerá de cómo se resuelvan cinco frentes críticos en las próximas semanas.
El mercado financiero argentino vivió un cambio abrupto de expectativas este lunes. Tras días de tensión en los que el Banco Central (BCRA) tuvo que vender más de US$ 1.100 millones para sostener el techo de la banda cambiaria, un doble anuncio trajo una calma contundente.
El mensaje de apoyo "grande y contundente" del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, y la eliminación temporal de las retenciones al campo lograron el efecto deseado: el dólar minorista bajó a $1.430, los bonos y acciones se dispararon hasta un 20% y el BCRA pudo dejar de vender reservas.
A pesar de la euforia, la pregunta que resuena en la City es si este alivio es sostenible o una mejora temporaria. Los inversores están convencidos de que los desajustes de fondo siguen presentes. La respuesta se encuentra en cinco claves que el mercado observará con atención de aquí a las elecciones legislativas del 26 de octubre.
1. La prueba de las reservas: más allá del dinero prestado
El primer desafío es demostrar que el Gobierno puede acumular reservas genuinas. El mercado exige que las arcas del BCRA no solo se refuercen con los dólares del préstamo estadounidense, sino con divisas provenientes del superávit comercial. La ventana de la eliminación de retenciones hasta fines de octubre es crucial: se espera que el campo liquide unos US$ 7.000 millones.
El objetivo es que esos dólares no se fuguen, sino que sean captados para fortalecer las reservas. Para ello, el Gobierno debe ofrecer a los productores instrumentos atractivos en pesos para que no se "redolaricen inmediatamente". Dado que el BCRA no puede comprar divisas por encima del piso de la banda, una opción es que el Tesoro las adquiera utilizando los pesos del superávit fiscal. No hacerlo implicaría un riesgo: que el mercado decida "testear" nuevamente el techo de la banda cambiaria, una prueba que, según analistas como Gabriel Rubinstein, no se podría superar con reservas "negativas" y "prestadas".
2. El dilema de las tasas de interés: enfriar el dólar o la economía
El Gobierno enfrenta lo que las fuentes describen como una "disyuntiva amarga". Para incentivar a los inversores a quedarse en pesos y no presionar sobre el dólar, necesita mantener las tasas de interés altas. Sin embargo, si las sube, profundiza el "sesgo recesivo" y el enfriamiento de la economía.
La prioridad, al menos hasta las elecciones, parece ser la calma cambiaria. Una señal clara fue la suba de la tasa "repo" (la que usan los bancos para obtener liquidez a corto plazo) del 37% al 45% en una semana. La próxima licitación de deuda del Tesoro, donde vencen $6 billones, será una prueba de fuego para ver si los bancos están convencidos de seguir financiando al Gobierno.
3. ¿Flotación o banda? El clamor por un nuevo esquema cambiario
Mientras el Gobierno celebra la calma, crece un "clamor" entre los economistas liberales para eliminar la banda cambiaria y pasar a un esquema de libre flotación. Figuras como Carlos Rodríguez, Miguel Kiguel y Luciano Laspina advierten que si no se avanza en esa dirección, la ayuda de Estados Unidos "sólo comprará una estabilidad temporaria".
No obstante, el oficialismo tiene incentivos políticos para mantener el sistema actual, o al menos la ambigüedad, hasta después de las elecciones. Insinuar ahora una flotación libre "mataría" el incentivo del campo para liquidar sus exportaciones, ya que podrían especular con un tipo de cambio más alto en el futuro. El consenso entre los expertos es que, pasada la elección, el Gobierno deberá modificar el esquema cambiario para corregir el rumbo.
4. La frazada corta del frente fiscal
La medida estrella para calmar el dólar tiene un costo. Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), la rebaja temporal de retenciones implica un sacrificio de ingresos de hasta un 0,28% del PBI. Esta cifra representa casi la mitad (46%) del superávit financiero que el propio Gobierno proyectó en el presupuesto.
Esta situación es, como mínimo, "políticamente incómoda" para una gestión que ha hecho del equilibrio fiscal su principal bandera, llegando a vetar leyes del Congreso con el argumento de que ponían en riesgo las cuentas públicas.
5. El veredicto de las urnas (y del Congreso)
Finalmente, el factor determinante será el político. El resultado de las elecciones legislativas del 26 de octubre es visto como un "punto de quiebre" que podría marcar un nuevo rumbo. El cimbronazo que originó la corrida cambiaria fue "100% por riesgo político", por lo que un resultado favorable podría consolidar la confianza.
Sin embargo, el riesgo no termina en las urnas. La oposición kirchnerista ya ha tomado el costo fiscal de las medidas como su principal argumento crítico. En la City existe la inquietud de que se pueda impulsar en el Congreso una declaración de rechazo a la ayuda del Tesoro estadounidense, lo que sembraría dudas sobre la voluntad política de repago de la deuda.

