La palabra dolarización vuelve a estar en el centro del tablero geopolítico. Según un reciente informe del diario británico Financial Times, altos funcionarios de la administración Trump están analizando activamente formas de que otros países adopten el dólar como moneda principal para frenar el avance de China sobre el escenario global.
En ese marco, Argentina asoma como el "candidato principal" para dar ese paso, en virtud de su severa crisis monetaria y de confianza en su moneda local.
¿Por qué Argentina aparece en el radar de la dolarización?
La elección de Argentina no es casualidad. El informe señala que, "por la frecuente pérdida de confianza en el peso argentino", algunos formuladores de políticas lo consideran un terreno propicio para la dolarización.
El economista de la Johns Hopkins University, Steve Hanke, quien asesoró encuentros en el Tesoro y la Casa Blanca, lo describe sin rodeos: "Esta es una política que se están tomando muy en serio, pero está en progreso. Aún no se han tomado decisiones finales".
No obstante, desde el Gobierno argentino y desde EE.UU. se aclara que la dolarización "no está activamente bajo consideración" en este momento.
¿En qué consiste este plan de dolarización global y cuáles son sus riesgos?
El engranaje detrás de esta estrategia está íntimamente ligado a la preocupación de Estados Unidos por perder el control de la moneda fuerte frente a un ascendente papel de China en las transacciones internacionales.
Según Hanke, además de Argentina, otros posibles países "obvios" para la dolarización serían Líbano, Pakistán, Ghana, Turquía, Egipto, Venezuela y Zimbabue.
Pero el camino tiene obstáculos: el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que la dolarización podría condenar al país que la adopte a un crecimiento magro, al estar obligado a seguir políticas monetarias externas (como las de la Reserva Federal de EE.UU.).
Además, la condición de reservas, la soberanía monetaria y la salida de instrumentos de política locales complican el escenario.
Argentina en el centro de la tormenta
El contexto argentino agrega más leña al fuego. La promesa de dolarización fue un eje de campaña del presidente Javier Milei antes de las elecciones de 2023.
Sin embargo, el ministro de Economía, Luis Caputo, descartó una adopción inmediata "por la falta de reservas de dólares", aunque no la cerró por completo.
En paralelo, Washington intervino de forma inusual para estabilizar los mercados argentinos, algo que algunos analistas leen como maniobra de respaldo en este tablero global.
¿Qué significa para Argentina y qué seguir de cerca?
Si Argentina finalmente acepta o empieza a negociar una transición hacia la dolarización, implicaría la pérdida del peso como moneda de curso legal y una fuerte dependencia de la política monetaria estadounidense.
En ese escenario, la soberanía financiera y las herramientas de ajuste local quedarían limitadas.
Si el plan sólo queda en el papel, la incertidumbre seguirá y la confianza podría erosionarse aún más, con efectos sobre inflación, tipos de cambio y deuda.

