Economía

Bandas cambiarias y elecciones: los tres escenarios que evalúan los grandes fondos

La última semana previa a las elecciones encendió todas las alarmas del mercado. Intervenciones externas, tensiones cambiarias y estrategias de contención revelan un tablero complejo.

Por Ciudadano.News

¿Respaldo o dependencia? El papel de EE. UU. en la estabilidad cambiaria argentina. — -

La última semana antes de las elecciones ha estado marcada por una dolarización extrema y una volatilidad que desafió incluso a las intervenciones de alto nivel. El mercado está a la expectativa de lo que sucederá después del 26 de octubre, y esa incertidumbre es la que alimenta la persistente demanda de cobertura en moneda dura.

En esta pulseada, quien está intentando contener la dolarización es nada menos que el gobierno de Donald Trump, a través de Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU.. El objetivo de las autoridades es que la cotización del dólar mayorista se mantenga por debajo del techo de la banda cambiaria. El último viernes, la intervención de Bessent logró que la cotización cayera a $1.450, manteniéndola debajo del techo que se ubicará en $1.492 al final de esta semana preelectoral.

La presión sobre el tipo de cambio responde más a expectativas desancladas que a fundamentos reales. Muchos ahorristas e importadores incrementaron sus compras de dólares, previendo un salto cambiario post 26 de octubre, a pesar de que el Gobierno afirma que el esquema cambiario seguirá vigente.

El debate sobre el "respaldo ilimitado"

La intervención de Estados Unidos, que ha implicado la "compra de pesos" en el mercado local, es una señal muy fuerte. Sin embargo, esta señal ha sido insuficiente por sí sola para detener la tendencia alcista del tipo de cambio.

Desde Wall Street, incluso, recrudecieron las críticas hacia la estrategia de Bessent. Analistas cuestionan la utilidad de la medida: "¿Qué posible uso tienen los pesos?" que compra EE. UU., en palabras del ex representante de EE. UU. en el directorio del FMI, Mark Sobel. Para después de las elecciones, queda precisamente el debate sobre qué hará el secretario con esos pesos adquiridos.

El exsubsecretario del Tesoro, Brad Setser, apuntó que parece cada vez más probable que Estados Unidos tendrá que poner dinero real en juego (con mayores compras de pesos o completando el acuerdo de swap con dólares) para mantener estable el peso.

Aun con el respaldo de Washington, que fortaleció la percepción de solvencia del sistema bancario argentino, el mercado local sigue descontando una corrección cambiaria posterior a los comicios.

El dilema post-electoral: ¿qué pasa con las bandas?

El principal interrogante que hoy manejan los grandes fondos de inversión gira en torno a la continuidad del esquema de bandas cambiarias después de las elecciones. La falta de claridad sobre el régimen cambiario post electoral y los mensajes contradictorios alimentan la volatilidad.

El equipo de research de Banco Comafi ha planteado escenarios posibles para el resultado electoral:

  1. Escenario de Empate Técnico (60% de chances): El escenario más probable hoy es un empate técnico (35% LLA - 35% Fuerza Patria).
  2. Consecuencia Cambiaria: Si se produce este empate, el banco asigna un 60% de chances a una flexibilización de las bandas sin un salto discreto del tipo de cambio.

Una derrota electoral marcada, por su parte, forzaría una salida ordenada con ayuda norteamericana para contener un eventual overshooting (un salto abrupto). Por otro lado, un éxito electoral del oficialismo permitiría mantener el actual esquema cambiario.

Mirando a 2026: la clave de la confianza

Para Wall Street, el desenlace político será determinante. El consenso entre bancos y fondos internacionales es que el respaldo de Estados Unidos, el anclaje de precios y la eventual flexibilización del régimen cambiario configuran un marco que podría abrir una nueva fase de estabilidad, siempre y cuando se evite un salto abrupto del tipo de cambio.

Si la administración logra sostener la confianza y estabilizar la macroeconomía, los fondos internacionales coinciden en que 2026 podría convertirse en el año del retorno del capital extranjero. Esto dependerá de que el país demuestre que puede ofrecer rentabilidad sin sobresaltos.