En la última década, la Copa Libertadores ha dejado de ser un torneo de dominio repartido para convertirse en un territorio donde el poderío de Brasil se impone con una contundencia difícil de discutir. Ha logrado construir una hegemonía basada en la fuerte inversión económica.
La brecha presupuestaria se ha ampliado al punto de que muchos clubes brasileros operan con presupuestos similares o superiores a los de equipos de Europa del segundo orden. Esto les permite no solo fichar jóvenes talentos del continente, sino también repatriar figuras con experiencia internacional y sostener planteles amplios capaces de competir en varios frentes simultáneamente.
Proyectos como los de Flamengo y Palmeiras, que son habituales animadores del torneo se apoyan en modelos deportivos sólidos, con técnicos respaldados y planificaciones que apuntan a ciclos de tres o cuatro años, algo que en otros países del continente pocas veces ocurre.
Es allí donde el fútbol argentino debe replantearse cómo hacer para estar a la altura de esos equipos. Está claro que desde lo económico no puede competir y debe ingeniarse para intentar equilibrar las distancias con el empuje habitual de los jugadores de nuestro país.
Hoy el único conjunto capaz de poder pelear mano a mano es Racing que ya demostró ganando la Copa Sudamericana, certamen en el que venció a todos los brasileños que enfrentó.
Es cierto que este año no pudo en el duelo ante el equipo de Río de Janeiro, aunque cayó por detalles.
¿Por qué Boca y River no están en esa lucha?
Los dos grandes del fútbol argentino están atravesando una reconstrucción futbolística, que hoy no les permite estar en la pelea por el torneo más importante del continente. Para el Xeneize es volver a competir después de dos años de ausencia y habrá que ver con que plantel contará para la edición 2026 y si le alcanzará para ser protagonista.
Mientras que el Millo no ha logrado nunca estar cerca del nivel que le permitió ganar la final ante Boca en Madrid en 2018 y que lo llevó a ser finalista al año siguiente cayendo ante Flamengo en Lima.
¿Este dominio tiene un techo?
Mientras Brasil siga manteniendo su capacidad de inversión y sosteniendo estructuras deportivas sólidas, la Copa lo tendrá como principal candidato.
El desafío para los clubes argentinos será trabajar para lograr detener el predominio de los cariocas y volver a levantar la Libertadores después de 7 años.