En pleno centro de la ciudad de Mendoza, una calle lleva su nombre que sólo la conocemos con el nombre de General Gutiérrez. Pero, ¿quién fue este personaje?
Nació 28 de febrero de 1773 y fue bautizado en el templo de San Agustín, en Mendoza, el 3 de marzo de ese año con el nombre de José Albino Gutiérrez. Fueron sus padres el español José Silverio Gutiérrez y la mendocina Josefa Godoy del Castillo.
Desde muy joven se vinculó al comercio y a la agricultura, actividades heredadas de su padre, quien fue un poderoso empresario que se distinguió en la zona cuyana.
Se casó en primeras nupcias en 1801 con Dolores Videla, quien falleció el 11 de mayo de 1813. En el mismo año contrajo matrimonio con doña Viviana Pintos.
Una de sus hijas, doña Francisca Gutiérrez (1812 - 1884), se casó con Ignacio Fermín Rodríguez (1790 -1856). quien fue el maestro de primeras letras de Domingo Faustino Sarmiento. Otra de ellas contrajo enlace con Borja Barraquero, un importante bodeguero mendocino, padre de Honorio y Julián, destacados personajes locales.
Su ayuda a San Martín
A principios y mediados del siglo XIX, José Albino tuvo una de las tropas de carretas más importantes de Mendoza, con un capital de unos 4 mil pesos –una verdadera fortuna para aquel momento- contando con 28 carretas, 200 bueyes y 50 mulas.
Él mismo estuvo al frente de las tropas de carretas que condujo en cientos viajes a Buenos Aires con sus carros cargados de vinos.
A fines de 1816, cuando el entonces General José de San Martín preparaba la campaña para reconquistar el territorio chileno, que en ese momento estaba en manos de los realistas, el importante empresario Gutiérrez –quien era el representante del gremio de los carreteros–, junto a Juan Francisco Delgado, Nicolás Serpa y Pedro Sosa, ofrecieron sus servicios al entonces jefe de ese ejército para realizar el traslado de los pertrechos de guerra desde Buenos Aires, con un costo ínfimo para el Estado y ejecutaron aquellos viajes en tiempo récord, asegurándose así que la expedición cumpliera con exactitud la marcha para los primeros días de enero de 1817.
Otra de sus actividades fue la instalación de pulperías, las que puso en marcha en San Carlos y en Mendoza. Además, abrió una fábrica de carruajes, para la que contrató técnicos chilenos y de Buenos Aires, donando a la iglesia Matriz de Mendoza el primer coche que se construyó. Gutiérrez también innovó en la vitivinicultura y construyó una de las bodegas más grandes que tuvo Mendoza a principios del siglo XIX.
El industrial poseía una importante cantidad de hectáreas de terrenos en donde hizo plantar más de 20.000 cepas, de las cuales unas 1.500 plantas eran de uva moscatel.
Según se sabe, el edificio de la bodega, que medía unos 37 metros de largo por 5 de ancho, fue construido totalmente de adobe con techo a dos aguas.
El establecimiento contaba con una tecnología muy avanzada para la época, con lagares de cuero y alambiques para refinar el alcohol y elaborar otro de los productos que se consumía en gran cantidad: el aguardiente.
También había un gran depósito en donde el vino se almacenaba en tinajas de barro cocido, cubas y toneles de madera, toda una novedad para las bodegas de la competencia, ya que se cree que fueron las primeras en la historia de la elaboración del vino local.
Además de la bodega, que tenía una capacidad de 70.000 litros, Gutiérrez tenía en su capital dos haciendas: una en Cruz de Piedra y otra en Rodeo del Medio, en las que producía ganado vacuno y caballar, y también contaba con varias hectáreas plantadas con alfalfa y otros granos.
Gutiérrez poseyó hasta su muerte una fortuna de 100 mil pesos fuertes, lo que lo ubicaba entre los empresarios más importantes y poderosos de Mendoza.
Militar y político
En 1802, José Albino Gutiérrez se incorporó al Regimiento de Voluntarios de Caballería de Buenos Aires como soldado, para luego ser teniente de la 4ª Compañía del Regimiento Urbano de Caballería de Mendoza. Gracias a la valentía que demostró en varias oportunidades, seis años después de su ingreso a las milicias fue ascendido por el virrey Liniers a capitán.
Partidario de la revolución, participó del movimiento de mayo en nuestra provincia. Mientras ostentaba el título de comandante de la Milicia Nacional de Mendoza, en 1820 fue elegido miembro del Cabildo mendocino.
En 1821, cuando transcurría el gobierno de Tomás Godoy Cruz, y ante la inminente invasión a Cuyo de las montoneras a cargo de José Miguel Carrera, Gutiérrez fue designado por el mandatario provincial para comandar el cuerpo del ejército que vencería a los invasores el 31 de agosto, tras lo cual Carrera fue apresado y fusilado.
Esta victoria trajo gran alegría al gobierno mendocino, que decretó fiestas bajo el lema “Aniquiló la anarquía”.
Por su desempeño, Gutiérrez fue ascendido a coronel mayor y luego a brigadier general, mientras que el Cabildo local lo nombró Regidor honorario.
Insólita muerte del gobernador
De tendencia federal, Gutiérrez gobernó nuestra provincia a partir del 4 de junio de 1824, tras la renuncia de Pedro Molina.
El carácter progresista de su mandato fue indiscutido. La Constitución fue respetada sin reservas, considerando las libertades individuales, la autonomía de imprenta y la religión del Estado. Además fomentó la educación, la agricultura, el arte y las industrias y favoreció la reunión del Congreso Nacional.
Pero por las drásticas medidas que adoptó a raíz de los hechos de inseguridad que azotaron su mandato, su prestigio se vio manchado. Bajo el grito de “Viva la libertad” y con Lavalle a la cabeza, los cuerpos cívicos exigieron su renuncia.
Valeroso, Gutiérrez llegó solo hasta los cuarteles levantados en armas exigiendo su rendición, pero fue desconocida su autoridad. Esta negativa lo hizo estallar de ira y descargó una de sus pistolas contra el cuartel, que respondió con una balacera. Habiendo resultado ileso, en el camino de regreso recibió un tiro en el brazo izquierdo que lo obligó a refugiarse en su casa.
Después de pasar un tiempo de exilio en Buenos Aires, regresó a su provincia natal, donde nuevamente se dedicó a las actividades privadas.
Al ser atacada Mendoza por las tribus de Pincheira y Hermosilla, y ante la derrota de los coroneles Videla y Ramírez, fue convocado una vez más, quedando al mando de una expedición.
A pesar de vencer a los invasores, José Albino finalmente cayó muerto producto de las heridas provocadas por las lanzas de los indígenas el 16 de octubre de 1831 en la acción de las serranías del arroyo Aguanda, en San Carlos.
Al día siguiente, la noticia fue recibida con gran tristeza en Mendoza, adonde fueron traslados sus restos y finalmente sepultados en el Convento de la Merced.
Pocos conocen que la lápida que hoy lo recuerda, en el templo actual de la Merced –inaugurado en 1909-, fue colocada por sus descendientes el 16 de octubre de 1931 durante una importante ceremonia que se realizó en su homenaje al cumplirse el centenario de su muerte.