Javiera Carrera, su influencia política en sus hermanos y su paso por Mendoza

Junto a José Miguel, Juan José y Luis, la valerosa mujer tuvo una destacada actuación en los históricos sucesos de Chile y de nuestro país, en épocas de gran convulsión política y la lucha por la independencia

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Los caudillos Carrera tuvieron un gran protagonismo como patriotas chilenos durante los primeros tiempos de la emancipación sudamericana y en especial trascendieron en el primer gobierno organizado a partir de setiembre de 1810.

Entre ellos se encontraba su hermana Javiera, quien los acompañó prácticamente en todos los sucesos producidos desde 1810 a 1821 año en que el líder de esta familia, llamado José Miguel, fue fusilado en Mendoza, Javiera tuvo una gran influencia entre el círculo más íntimo de sus hermanos.

 

Una mujer de gran carácter

Javiera nació el 1 de marzo de 1781 en Santiago de Chile y fue bautizada como Francisca Javiera Eudocia Rudecinda de los Dolores Carrera y Verdugo. Era hija de Ignacio de la Carrera Cuevas y de Paula Verdugo Fernández de Valdivieso y Herrera, matrimonio que tuvo siete hijos. Los primeros tres fallecieron cuando eran pequeños, y después de Javiera nacieron Juan José, José Miguel y Luis Florentino, quienes tuvieron un gran protagonismo en ese país como patriotas durante el primer gobierno denominado 'Patria Vieja'.

Javiera, se crió en el seno de una familia aristocrática y recibió la educación tradicional que se les brindaba a las mujeres de su condición social, pero la niña siempre se destacó por su inteligencia.

Se casó cuando tenía sólo 15 años con Manuel de la Lastra y de la Sotta, con quien tuvo dos hijos. Pero la felicidad del matrimonio duró muy poco, porque el esposo falleció dos años después, dejándola viuda.

En 1800 se casó en segundas nupcias con Pedro Díaz de Valdés, quien había nacido en Gijón, Asturias, y que luego de llegar a Chile, ocupó el cargo de regidor y asesor del cabildo durante la Capitanía General de Chile a principios del siglo XIX.

 

Gobierno patrio de chile

Poco después de producirse la Revolución de Mayo, llegaron a Chile noticias de la creación de una Junta en Buenos Aires, que estaba a favor de la recuperación del rey de España Fernando VII, quien estaba preso. Luego de este anuncio, el 18 de setiembre de 1810, el entonces reino de Chile se adhirió a los hechos del 25 de mayo.

Entre los patriotas chilenos se destacaron los hermanos José Miguel, Juan José y Luis Carrera. Pero no cabe dudas que quien tuvo más trascendencia fue José Miguel, quien ocupó la presidencia de la Junta Provisional de Gobierno desde 1811 y luego fue elegido Primer Mandatario hasta la caída de Chile a manos del ejército realista, el 2 de octubre de 1814.

Al poco tiempo entre los patriotas chilenos se produjo una división, creándose dos bandos enfrentados: por un lado el de los hermanos Carrera y por el otro el de Bernardo O'Higgins a lo que la hermana de los Carrera también se sumó, adhiriéndose al odio entre los dos bandos.

La joven patriota se destacó por su apoyo a la lucha por el nuevo gobierno de Chile y fue quien bordó la primera bandera de su país, que hoy en día es conocida como la bandera de la Patria Vieja.

En octubre de 1814, el gobierno patriota trasandino fue derrocado por las tropas realistas al mando del general Mariano Osorio, quien pocos días después del desastre de Rancagua, tomó la capital de Santiago.

 

El exilio de los patriotas

Gran parte de los patriotas chilenos –entre ellos doña Javiera, Juan José y Luis– partieron hacia Mendoza, donde fueron recibidos por el gobernador de Cuyo, el coronel mayor José de San Martín. Pero los hermanos Carrera tuvieron graves diferencias con San Martín y a los pocos días partieron hacia Buenos Aires junto a otros exiliados.

Este fue el inicio de una mala relación entre el Libertador y los Carrera, lo que posteriormente tendrá graves consecuencias. Javiera se estableció por un periodo muy breve en Mendoza y luego pasó a vivir en Buenos Aires. Para sobrevivir en aquel territorio, se dedicó entre otras tareas, a confeccionar barajas de naipes pintados a mano.

En 1817 apoyó el levantamiento de sus hermanos, quienes fueron fusilados en nuestra ciudad un año después y luego enterrados en el 'cementerio de pobres y ausentes' del templo de la Caridad.

Posteriormente, cuando su hermano José Miguel regresó de Estados Unidos y se involucró en las disputas de los caudillos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Javiera fue desterrada y recluida en un convento de Buenos Aires.

En 1819, tras su liberación, partió a Montevideo, donde dos años después recibió la triste noticia del fusilamiento de José Miguel en Mendoza. Debido a esto, se negó a volver a Chile mientras estuviera el brigadier Bernardo O'Higgins en el gobierno.

En 1824, tras el golpe de estado perpetrado por Francisco Antonio Pinto contra O'Higgins, Javiera regresó a Chile tras diez años de destierro, afincándose en la hacienda de San Miguel, en San Francisco del Monte.

 

Su retorno a Mendoza

En abril de 1828, una comisión formada por el coronel Juan Antonio Cotapos, José Paciente de la Sota, Javiera, su hijo Pío Valdez y el cónsul de Chile en Mendoza, Domingo Godoy, partieron desde Santiago de Chile con rumbo a nuestra provincia.

Pío traía en sus manos un decreto promulgado por la Convención Constituyente de ese año en donde proponía la repatriación de los restos de José Miguel, Luis y Juan José, quienes habían sido ajusticiados en 1818 y 1821, respectivamente, en la plaza mayor de nuestra ciudad.

A los pocos días de estar alojados en la casa del cónsul Godoy los tres integrantes de la comisión procedieron con su cometido de extraer los huesos de Luis, Juan José y Miguel.

Los restos fueron puestos en sus respectivos ataúdes y luego llevados al convento de San Francisco, donde se realizó una ceremonia para rendir los honores pertinentes.

Después del valiente acto familiar para recuperar los restos de sus hermanos y repatriarlos a Chile, Javiera siguió relacionada en su país con la alta sociedad santiagueña.

La valerosa dama falleció el 20 de agosto de 1862 en Santiago de Chile a los 81 años de edad, y desde 1952 sus restos mortales descansan junto a los de sus hermanos en la Catedral Metropolitana